Batman, Maus, Bola de Dragón…

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texto MILO J. KRMPOTIC

Manu González elige para nosotros los diez mejores títulos del Noveno Arte aparecidos durante la llamada Década Prodigiosa. Pero ojo que en su Cómics de los 80. La década que lo cambió todo (Redbook), la selección se va hasta las 106 gozosas, seminales, legendarias recomendaciones.

 

Las aventuras de Luther Arkwright

Bryan Talbot

Ciencia ficción e historia alternativa se dan la mano en la que Warren Ellis definió como “la novela gráfica más influyente que ha salido de Gran Bretaña”. El Luther Arkwright del título es un agente secreto del Multiverso que aquí ha de viajar a un Reino Unido puritano y fascista, no por el Brexit y sí por el triunfo en su día de Oliver Cromwell, y provocar una revolución monárquica que le permita destruir una poderosa arma. Su frialdad expositiva y su experimentalismo dieron de mamar a Alan Moore, Grant Morrison, Neil Gaiman…

 

Miracleman

VVAA

¿Alguien ha mencionado a Moore y Gaiman? Pues aquí los tenemos a los dos, juntos pero no revueltos, en diferentes etapas de la recuperación de un personaje nacido en 1954, pero que tres décadas más tarde se anticipó al Caballero Oscuro y a Watchmen para dar el pistoletazo de salida a la edad adulta del cómic de superhéroes. Pese a sus orígenes un pelín tontorrones, el álter ego del periodista Michael Moran descubrió que su traje y sus poderes no le hacían inmune a las pesadillas. La serie, por cierto, acabó en poder de la Marvel después de un largo proceso judicial.

 

Batman: El regreso del Caballero Oscuro

Frank Miller y Klaus Janson

Tras firmar un Daredevil casi igual de legendario para Marvel y regresar a DC con Ronin, Frank Miller se encargó de devolverle la popularidad a un Hombre Murciélago en horas bajas de la manera más inesperada: presentándolo como un cincuentón que lleva diez años retirado, ofreciendo su versión más crepuscular y violenta, pero enfrentándolo por cierto al mismísimo Superman, antaño su mejor amigo. La sombra de Peckinpah e Eastwood es alargada, pero este Batman es uno de los que más alto han volado por méritos absolutamente propios.

 

Maus

Art Spiegelman

Trece años tardó Art Spiegelman en contar la historia de sus padres, Vladek y Anja, supervivientes de Auschwitz, aunque solo el primero pudo relatársela porque ella se había suicidado en 1968, una década antes de que naciera un proyecto que en 1992 se iba a convertir en la primera novela gráfica reconocida con el premio Pulitzer de narrativa. Más allá de su poderoso carácter testimonial, el que Spiegelman animalizara a los personajes (los judíos son ratones; los nazis, gatos y los polacos, cerdos) prestó a la obra un carácter fabulado y, por ello, un alcance aún más universal.

 

Akira

Katsuhiro Otomo

En este 2019 nuestro aparece ambientada una serie de más de 2.000 páginas y maneras cinematográficas (el mismo Katsuhiro Otomo la llevó a la gran pantalla en 1988, antes de que acabara su recorrido como cómic) que parte de las dolorosas relaciones entre Japón y la energía atómica para criticar a la sociedad nipona de la posguerra y su corrupción política, amén de meter el dedo en la llaga de temas en ese momento tan futuristas (aunque a la vuelta de la esquina) como la manipulación genética.

 

Palomar: Diastrofismo humano

Beto “Gilbert” Hernández

El Macondo de García Márquez fue una de las principales fuentes de inspiración para que Beto, uno de los tres hermanos Hernández que han hecho fortuna en el Noveno Arte (los otros dos son Mario y Jaime), creara su ciudad de Palomar, tan ligada a esa Luba que acabaría convirtiéndose en uno de los grandes personajes femeninos del género. En este arco argumental, un asesino en serie siembra el pánico en el lugar y las sospechas recaen sobre un equipo de arqueólogos en el que se encuentra Khamo, interés romántico de Luba.

 

El Incal

Alejandro Jodorowsky y Moebius

Cuando su proyecto de adaptar el Dune de Frank Herbert a la gran pantalla se fue al traste, Alejandro Jodorowsky volcó no pocas de sus ideas en este cómic nacido en las páginas de la revista Métal Hurlant que comienza como una Space Opera negro-criminal y, como no podía ser de otro modo con el chileno, acaba amparando numerosas ideas metafísicas. De hecho, fue esa progresión la que acabaría rompiendo la espectacular alianza creativa entre el realizador de El Topo y el dibujante Jean Giraud, más recordado como Moebius.

 

Dragon Ball

Akira Toriyama

El clásico del siglo XVI chino Viaje al Oeste y las películas de artes marciales de Jackie Chan confluyeron en la mente de Akira Toriyama para que este creara la serie responsable de popularizar el mundo del manga en buena parte de Europa y Estados Unidos (si bien aquí la conocimos antes como anime televisivo que como cómic). En su búsqueda de las legendarias siete Bolas de Dragón, la adolescente Bulma conoce a Son Goku, un muchacho con cola de mono… y el resto (aunque bastante prolongado) es historia.

 

Anarcoma

Nazario

Entre Will Eisner y Pedro Almodóvar discurre (y ya es bastante discurrir) este clásico del underground barcelonés en particular y español en general, descrito por su autor como “una excusa para retratar relaciones entre homosexuales que blandían unos miembros descomunales”. La Anarcoma del título es una detective y cabaretera transexual que, en su intento por recuperar la máquina que le han robado al profesor Onliyú, acabará enamorándose del robot (fálicamente) superdotado XM2.

 

La Guerra de las Trincheras

Jacques Tardi

Treinta años después de Senderos de gloria, la historia de los cuatro soldados de la infantería francesa que fueron escogidos al azar y ejecutados para dar ejemplo (su compañía había desobedecido órdenes y reculado durante una de las batallas de la Gran Guerra) fue una de las “anécdotas” reales escogidas por Tardi para conformar este volumen que da dolorosa y casi documental fe de los absurdos y crueldades del primer conflicto bélico mundial.