La ligereza profunda de Eduardo Mendoza

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Javier Aparicio analiza en su laboratorio de Cátedra “Una comedia ligera”

 

 

 

 

Texto: ANTONIO ITURBE

 

Javier Aparicio Maydeu es un catedrático de literatura de los que se remangan a la hora de estudiar la literatura y combina los conocimientos de un profesor entregado a la causa con la laboriosidad de un mecánico que desmonta todas las piezas para mostrarnos el funcionamiento del motor que mueve el pistón de los libros. El resultado es esta nueva edición de Una comedia ligera de Eduardo Mendoza, comentada, anotada y examinada, podríamos decir que auscultada con oído de doctor minucioso, nos hace leer de nuevo la novela con los ojos aún más abiertos y disfrutarla el doble.

Aparicio nos advierte de que “la adscripción de Mendoza al realismo tradicional precisa, y valga la redundancia, de más de una precisión”. Imbuido del espíritu docto pero también guasón del novelista señala que “habida cuenta de su voluntaria adscripción a formas burlescas del Siglo de Oro, a las hechuras de la novela decimonónica y a las conquistas de la vanguardia histórica, y advirtiendo su paralela predilección por los modos paródicos y transgenéricos de la narrativa de la grosso modo denominada posmodernidad, parezca tolerable referirse a su estilo, en términos por otra parte muy propios del humor del autor, como posmoderno conservador”.

El autor de esta edición anotada considera que Mendoza representa el empeño de vindicar la narrativa de humor, tan denostada en nuestra tradición y atribuye ese maridaje de rigor y humor a “una simbiosis natural de la narrativa británica”. No es de extrañar que en los últimos tiempos revueltos, Mendoza pase más tiempo en Londres que en Barcelona. El humor de Mendoza, como todo humor de pata negra, parece una comedia ligera, pero es precisamente esa aparente ingenuidad del bufón –como sucede con su detective sin nombre que se mueve entre laberintos de aceitunas, tocadores de señoras, criptas embrujadas y enredos de la vida- la que le permite colarse allí donde de otra manera no podría meter la cuchara: “el humor no es en su obra un destino sino un trayecto” y adonde quiere ir a parar es a retratar épocas oscuras que olvidamos demasiado fácilmente y criticar en su línea de flotación una sociedad acomodada encantada de conocerse a sí misma.

portada comedia ligera 2Una comedia ligera nos cuenta cómo en la Barcelona de los años 1950 Carlos Prullás, un escritor de obras de teatro de éxito pero muy convencionales, está ultimando su última comedia de enredo. En una fiesta conoce al empresario que financia la obra y con el que tiene algo más en común: su relación con una de las actrices, que los tiene encandilados y no exactamente por su talento escénico. Cuando el empresario muere asesinado después de haber pasado la noche con el escritor, Prullás pasa a ser el sospechoso número uno para el jefe de la policía, un franquista de la vieja escuela. De natural apacible, se ve envuelto de repente en una vorágine de líos, malos entendidos, policías y personajes con intereses cruzados que entran y salen de la acción, y el lector va dándose cuenta de que su vida imita e incluso supera los vodeviles más descacharrantes ideados por él mismo.

Javier Aparicio acompaña con sus notas la lectura, alejándose de la erudición farragosa, únicamente con la intención de encender algunas bombillas de vez en cuando que nos permitan darnos cuenta de que la ligereza es la punta del iceberg de una obra literaria muy bien armada. Nos señala en los diálogos frases que están entresacadas de películas del Hollywood de la época que dan a los personajes ese aire paródico y nos cuenta cómo en las libretas de preparación de la novela, Mendoza hizo un estudio de muchos guiones de comedias norteamericanas de la época. Nos hace ver guiños a obras mayores de la literatura, como Hamlet, pero también a los tebeos de la época o al teatro autóctono de Jardiel, Mihura o Pemán. Nos apunta detalles de la época absolutamente reales, como pastillas de moda o cafeterías boyantes en Barcelona en los años 50 ahora desaparecidas…

Una lectura enriquecida que se remata con un epílogo de Mendoza, con la sencillez y la agudeza marca de la casa, que muestra por qué Eduardo Mendoza es Eduardo Mendoza. Pasen y lean.