Poesía para este singular otoño

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Una selección de poesía para este turbulento otoño. 

 

 

 

Texto: ENRIQUE VILLAGRASA

 

Cada vez me gustan más lo libros que aman la poesía y es en ellos y no en otros donde esta se manifiesta y para muestra de lo que les cuento en este otoño caliente que avanza al galope hacia un invierno duro está el sorprendente poemario Poema del miedo, esperanza y felicidad en veintiséis partes (Del 4 de agosto), de David Mayor (Zaragoza, 1972), donde anida la poesía alegre, firme y educada: el poeta además de ser el último dandi de la poesía española es todo un caballero andante de los de fino verso: todo es mimada porcelana en el quehacer demiurgo de este poeta aragonés.

Su poesía es contagiosa, es vida, vida nueva de la que quieres participar gozando de lo más cercano a ti, con lo justo y necesario. A Rilke le hubiera gustado conocer a Mayor. Abre el librico un guiño a y de Spinoza: en esa búsqueda y entendimiento de la realidad: “Con ese algo huidizo de los corzos:/ vida silenciosa en lugar de naturaleza muerta”.

Otro poeta vitalista, necesario y justo en búsqueda constante, es el que hallamos en las páginas de Vino del mar (Olifante) de Antón Castro (Santa Mariña de Laña-Arteixo, A Coruña, 1959), aunque residente en Zaragoza desde el otoño de 1978. Es un poeta que sigue a su estrella y así es imposible no llegar a buen puerto. Castro era ya novicio aventajado en y del sentir poético cuando llego a la viña de Cariñena, fuera de ello consciente o no, y en este poemario da rienda suelta a su memoria, a su mirada y a su lenguaje. Paisaje verde mar, aunque este sea azul, es el que ve y trajina con su paisanaje, aquende las uvas: es Cariñena y su voz. Su lugar de revelación. Es su ser poeta evocador y sugerente, por encima de todo: “¡Cuántas historias se abrieron como un perfume en la madrugada/ con todas sus criaturas, como un preludio a la pasión o al sueño!”

Otro de los poemarios sobresalientes de este otoño es Este es mi cuerpo (Lastura), de Luisa Miñana (Barcelona, aunque afincada en Zaragoza también) se plantea y plantea a la persona lectora una nueva lectura, si se quiere, de esa realidad existencial: interior y exterior, que las más de las veces nos hace esclavos del consumo y no personas libres en y por el silencio, que quieren volar y ser, sabiendo que para existir y gozar de esta existencia necesitamos del otro. Creo que la poesía de Miñana aplica la razón a la realidad del mundo que le rodea y lo divide en: Partes del cuerpo, Cosmética, Taras y Ortopedias. Y es mediante esa razón poética como podremos comprender la estructura de este mundo que nos acoge y al que tan mal tratamos. Así pues tomad y leed esta poesía pues “Ahora ya se escucha solamente/ el mar contra la noche”.

También hay en este otoño, que no es el otoño de la poesía a la vista de lo que se está publicando, otros y muy diversos poemarios que bien valen nuestra atención y no es que quiera huir de la fotografía de cada día, pero es justo y necesario intentarlo, ante tanta anemia cerebral y hemorragia verbal que nos salpica. Así pues, otro de los grandes es Matar poetas (Vandalia. Fundación José Manuel Lara), de Juan Cobos Wilkins (Minas de Rio Tinto, 1957). Cobos Wilkins es un poeta intimista, que aun planteando temas de siempre en la poesía es capaz de hablar de lo más cercano con esa mirada crítica a y de la realidad social que le rodea y nos rodea. Es un poeta que busca la poesía crítica, pues la belleza es crítica, y bien sabe que todo poema es una declaración ética y estética. No cabe duda alguna de que nos ofrece en este último poemario aquellos sus fantasmas y estas sus inquietudes, en la perseguida y subversiva armonía poética con la prosa lírica, cual viva moneda de igual valor, la mires por una cara o por otra. Pasión innovadora y exigente es su voz poética: “… Y cruel, tan cruel/ como cerrar de golpe un libro, este/ libro, y entre sus páginas aplastar un colibrí”.

Y de este poemario vamos a Zéjeles de alborada (ImagenTa), de Paloma Fernández Gomá (poeta algecireña, nacida e Madrid), con traducción al árabe de Chakib Chairi e inteligentes palabras previas de Aziz Amahjour y prólogo certero de José Sarria, además de las curiosas y pertinentes ilustraciones de Antonio López Canales. Son 17 zéjeles bilingües que harán las delicias de las personas que a ellos se acerquen. Fulgor poético de y en la mejor y querida tradición hispanoárabe: “En el canto sinfonía/ que el ruiseñor mantenía”.

También, Clara Andreu (Alicante, 1991) sorprende con su poemario Escala de Mohs (Cuaderno del laberinto), con pedagógico prólogo de Carmen Juan Romero, ya que desde aquellos recuerdos infantiles en la escuela del pueblo con la relación de los diez minerales y su dureza nos adentra en la más rica poesía, con un sugerente poema prefacio. Una celebración de breves e intensos momentos, que son duros poemas con versos que llegan al centro de la poesía, cual latigazos cerebrales de un intenso batirse el cobre con el lenguaje: “la grieta/ que no sabe que se agranda”.

Por su parte, José Antonio Santano (Baena, Córdoba, 1957) demuestra su madurez poética en Cielo y Chanca (Alhulia), con un clarificador prólogo del admirado Antonio Enrique. Este es un poemario donde el silencio es el gozne principal que sujeta el verso y su silencio esplendoroso, en el que es necesario bañarse par huir de las toxicidades y de la vulgaridad del día a día, de esta vida por vivir; con el pretexto de alabar este barrio tan conocido de La Chanca (Almería: el poeta estudió en su universidad), ya que aparece citado en diversas obras literarias y artículos periodísticos. ¡Qué grande la memoria del poeta!, ¡qué belleza la de sus versos!, ¡cuánto olor y color en sus sugestivos poemas!: “un fértil silencio/ recorriendo la tierra/ al calor del día”.

También, José Antonio Pamies (Cox, Alicante, 1981) presenta En el umbral del día (Fundación Málaga), que fue ganador del Premio Málaga Ciudad del Paraíso 2018, en su primera edición. Poeta que sabe de la absurda pasión que es la de escribir poesía; pero, es una pasión de libertad y en estos momentos sociales es más justa y necesaria, del todo por el todo. 25 poemas que llaman la atención que son pura claridad, pura poesía. No cabe duda, es un señor poeta que sabe del palpitar de la palabra y la vida, que sabe de la claridad en el lenguaje y de su sencillez, que trae ecos franciscanos de gran enjundia: “Amanecer al silencio,/ donde el poema habita/ y es verdad esencial”.

La poesía le sirve a uno para conocerse mejor, si acaso lo quiere; a conocer, ni mejor ni peor, la vida y el mundo; es posible que sirva para mejorar de alguna manera y para dejar en la papelera más próxima los tópicos, los cuentos y las paparruchas. Y si publica bien, de lo contrario, toca esperar mejor ocasión. Y de esto va este poemario de Xavier Rosell (Badajoz, 1990), Huir (Lastura), en el que también profundiza en aquello que ya decía Horacio: “No porque el hombre salga de su casa sale de sí mismo”. Hay que señalar que conoce el oficio de poeta y sabe de la poesía de ayer y hoy, también de la portuguesa. Un joven poeta al que hay que seguir, que cree en la esencia lírica y está comprometido con su tiempo. Un joven lector y conocedor de la poesía del gran poeta que fue Ángel Campos Pámpano (Badajoz, 1957-2008). “Sombra que cae,/ refugio del silencio/ entre los puentes// abrigando a tu nombre/ otra ciudad vacía”. Rosell dixit.

Y conocer la poesía portuguesa siempre es interesante, como este poemario Nomes da Noite (Modocromia Ediçoes), de Lília Tavares (Sikes), con explicativo prefacio de Carlos Campos y fotografías de Paulo Eduardo Campos, con pies de fotos como este: “A lua cuida sempre de quem adormece nas linhas de um libro”. Es una poesía sencilla y clara, transparente, que es cómplice y confidente de toda persona lectora que a ella se acerque. ¡Lástima que no esté traducida! Tiene versos de esta grandeza: “Reconheço as palabras,/ todas as palabras./ Do teu silencio”.

Para terminar, comentarles que el buscar libros de poesía es harto difícil y más en momentos en que todo vale, solo hace falta que la palabra poesía esté en la cubierta del libro. Pues eso, solo quería escribir sobre libros que valen la pena leer: creo que este otoño brillan estos más que otros; pero, seguro que hay más. Cabe apuntar que llevo desde antes de la entrada del otoño acumulando libros en la mesa y antes de donarlos a la biblioteca, donde cada vez me ponen más pegas para aceptarlos, destaco los que no se deben olvidar, como la edición de El libro de Job (Navona) de Fray Luis de León (1527-1591): “De tan luengo escuchar atormentado,/ responde Job y dice ¿Hasta cuándo/ seré de vuestros dichos fatigado?”