Un silencio estridente

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La de Greta Thunberg es la lucha de todos

 

 

 

 

Texto: MATEO NAVIA HOYOS

Foto: ANDERS HELLBERG

 

En ciudades distantes del planeta Tierra, cada día aumentan las noticias sobre Greta Thunberg, la adolescente sueca de piel blanca, cara redonda y rellena, cejas delgadas, cabello castaño claro, labios pequeños y mirada tranquila pero punzante, que se sienta, cada viernes desde el 20 de agosto de 2018, al frente del Parlamento sueco con un letrero pintado en una caja de cartón: “SKOLSTREJK FÖR KLIMATET” ("Huelga escolar por el clima"). Thunberg no es ingenua; consciente de que podía llamar la atención del mundo con solo interrumpir su asistencia a las clases del colegio, volvió su silencio estridente con palabras en las que comunica: no existe un cambio climático sino una crisis climática, que, de no detenerse, arrasará en pocas décadas con la vida de los seres vivos, incluida la especie humana.

GretaTodo se remonta, según puede reconstruirse de las intervenciones reunidas en el libro Cambiemos el mundo, a 2011, cuando Thunberg tenía 8 años y escuchó hablar por primera vez del “cambio climático” y del “calentamiento global”. Su primera sorpresa fue constatar que ese tema, supuestamente trascendental, no aparecía en televisión, radio y periódicos. Pasaron tres años y, a los 11 años, enfermó. Cayó en una depresión, dejó de hablar, de comer, y fue diagnosticada con el síndrome de Asperger, el reconocido Trastorno Obsesivo Compulsivo y mutismo selectivo. Desde entonces no ha dejado de estudiar sobre el medio ambiente y el cambio climático, y únicamente habla cuando lo cree necesario. En mayo de 2018 estuvo entre las ganadoras de un concurso de redacciones sobre el medio ambiente del periódico sueco Svenska Dagbladet, y a partir de entonces no se ha detenido en su empeño por impulsar una huelga planetaria por el clima, la única de la cual deberían depender todas las huelgas.

Los argumentos de Thunberg son sencillos: la solución frente a la crisis climática “es tan simple que hasta un niño pequeño puede entenderla: tenemos que detener nuestras emisiones de gases de efecto invernadero”, y decidir dejar los combustibles fósiles bajo tierra. Estas acciones son radicales, porque el presupuesto de carbono se está consumiendo a toda velocidad y es necesario mantener el aumento de la temperatura de la Tierra por debajo de los 1,5 ºC. A la cabeza de dichas medidas, reclama Thunberg, deberían estar países como Suecia, “que anualmente roba 3,2 años de recursos naturales a las generaciones futuras”, para cumplir con los principios de equidad y justicia climática definidos en el Acuerdo de París y en el Protocolo de Kioto. Pues en ellos, explica la activista, se obliga a los países ricos a que reduzcan “sus emisiones a cero en un plazo de seis a doce años a la velocidad actual de las emisiones”.

Thunberg ha intervenido en escenarios tan disímiles como discursos públicos, internet, ante el secretario general de la ONU y el Consejo Económico y Social de la Unión Europea. Sus palabras son de socorro, gritos y clamores con los cuales intenta provocar el pánico o, por lo menos, incitar a que otros sientan, como ella, el temor real y asuman la tarea de actuar sobre un tema urgente e inaplazable.

Greta Thunberg es concreta en las acciones que propone: “No hace falta desplazarse para protestar contra la crisis climática. Porque el cambio climático ya está por todas partes. Podéis quedaros de pie o sentados delante de un edificio gubernamental en cualquier lugar del mundo y será igual de útil. Podéis plantaros delante de cualquier compañía petrolera o energética, de cualquier tienda de comestibles, periódico, aeropuerto, gasolinera, productor de carne o cadena de televisión del mundo”. Expresado de manera aún más simple: evadirse es imposible, hay que plantarse ante quienes deciden el futuro de la humanidad.