Dedicados a la poesía

Hits: 327

Un homenaje a una revista dedicada a la poesía, Silvestra, y a una nueva colección dedicada a este género, Rayo azul

 

 

 

 

Texto: ENRIQUE VILLAGRASA

 

Creo que estos tiempos tan extraños necesitan de poesía más que nunca en aras del pensamiento y proyección de futuro. Y si desde Málaga llega un estuche con las cuatro entregas de la exquisita revista Silvestra, en edición facsímil, que fue dirigida y editada en Málaga, durante los años 1987 y 1988, por los poetas Rafael Pérez Estrada y Javier La Beira Strani, que es una apuesta preciosa, justa y necesaria, de recuperación de la memoria literaria y de la tradición editorial malagueña, desde Madrid llegan los seis primeros títulos de la nueva colección de poesía Rayo azul. Y si aquella iniciativa se debe a Javier La Beira y al Centro Cultural Generación del 27 (Diputación de Málaga), que ha contado con la colaboración de la Fundación Rafael Pérez Estrada y la Fundación Unicaja, esta de Rayo azul se debe a la iniciativa del equipo editorial de Huerga y Fierro (Charo Fierro, Antonio Huerga y Óscar Ayala, entre otros).

Si la única revista que dirigió el gran poeta Rafael Pérez Estrada es una joya literaria para todos los amantes de la poesía, la tipografía y la edición, no lo es menos Rayo azul. Cabe apuntar que de Silvestra son cuatro entregas, aunque cinco números, de esta ya mítica revista en edición no venal de 400 ejemplares cada número, porque el último fue doble, dedicado a Jóvenes poetas junto al Mediterráneo, antología del poeta José Ángel Cilleruelo: “el hombre del criterio, poeta sólidos y reconocidos hoy”, como escribe Javier La Beira en el inteligente y pedagógico cuadernillo que acompaña esta edición, bajo el título de Photo finish de Silvestra: “Escrito estaba en el pórtico de la gloria de una Silvestra recién nacida: ‘Solo se ama lo que no interesa’. En aquella primavera de 1987, Rafael empeñó su deseo, instantáneo y sin otro interés, en hacer juntos una buena revsita literaria. A fe mía que lo logró”. La Beira dixit.

Por las páginas de Silvestra han pasado poetas de la talla de Vicente Núñez, Ana Rossetti, Vicente Molina Foix, Clara Janés, Francisco Fortuny, Almudena Guzmán, Javier Salvago, Rafael Pérez Estrada, Justo Navarro, Rafael Ballesteros, Juan Cobos Wilkins, Leopoldo Alas, Pedro Molina Temboury, Rafael Rosado, José María Parreño, Juvenal Soto, Juan Lamillar, José Lara Garrido, Alfonso Canales, Alfredo de Musset, José Ignacio Díaz Pardo, Alfonso Carvajal, Carlos Edmundo de Ory, Francisco Fortuny, Pedro Molina Temboury, Francisco Ruiz Noguera, Octavio Paz, Pere Gimferrer, Juan de la Victoria Orando y Santarén, Cristóbal Cuevas, Albert Samain, Pedro Salinas, José F. Oyarzabal, Pablo García Baena, Luis Antonio de Villena, Jaime Siles, Elena Martín Vivaldi, Joan Perucho, José Manuel Cabra de Luna, Juana Castro, Rafael Ballesteros, José María Prieto, Alejandro Duque Amusco, José Ramón Ripoll, José Miguel Ullán, José Infante, José de Miguel, José Juan Díaz Trillo, David Pujante, Juan Arolas, Edgar Allan Poe, Agustín Aguilar y Tejera, Antonio Colinas, Fernando Quiñones, Javier Lentini, Luis Martínez de Merlo, Luis Rosales, Antonio M. Garrido Moraga, Antonio Martínez Sarrión, Nadia Consolani, Adonis, Bei Dao, Vicente Valero, Fernando del Castillo Durán, José Fernández Cavia, Concha García, José Ángel Cilleruelo, Vicente Gallego, Carlos Marzal, Juan Pablo Zapater, Luis Cremades, Miguel Ripoll, David Pujante, Ángel Paniagua, Álvaro García, Rafael Inglada, Javier La Beira Strani, Antonio Soler, Juan José Téllez Rubio, Leonarda Gil de Gama y José Somoza, entre otros.

 

Rayo azul, poesía

Si Silvestra es leyenda, la colección Rayo azul, que nace (como ya se ha dicho) bajo el palio de la reconocida editorial Huerga & Fierro, un sello que siempre ha caminado con la poesía, por el puro placer de editar poesía, sea esta escrita por jóvenes o por no tan jóvenes, siempre y cuando sea poesía, solo pretende que se lea más poesía, que exista un fondo exquisito de poesía y que las personas lectoras de poesía busquen los libros de Rayo azul, dado que en ellos anidará la poesía, sin ir más lejos.

Así pues, nace la colección Rayo azul con estos seis primeros títulos de estos y estas poetas de voces más que potentes, de total poderío diríase. Aquí encontrará la persona lectora talento poético: Dije luz de Mar Benegas; Placeres y mentiras de Mercedes Escolano; Depués de Isabel Bono; Pavesas y Lar de José Ángel Hernández; En este momento que llamamos lugar de Juan Antonio Tello; y Vikinga de Isabel Tejada Balsas. En Dije luz Mar Benegas (Valencia, 1975) agrupa los poemarios Niña pluma Niña nadie (2010); El abrazo (2011); Anáforas del derrumbe (2014) y Dije luz (2018), que si bien los tres primeros han visto la luz en otras ediciones, el cuarto es inédito y da título al libro. Creo que en Dije luz, la poeta da cuenta de su quehacer demiurgo y no deja de ser una poesía rara en el panorama nacional, a la vista de lo que se publica. Es este un poemario original e importante, sin duda aguna: “Todo sucede/ mientras escribo”.

La poesía de Mercedes Escolano (Cádiz, 1964) en Placeres y mentiras es humor y pasión, en una escena donde todo es posible, es el pequeño teatro del lector, de la poeta y su poesía cómplice. Y como escribe Juan García Larrondo en el prólogo, este poemario ha dormido muchos años en una carpeta y ahora, por fin, se despereza y sale en busca de lectores inteligentes. La persona que este poemario lea encontrará sabiduría salpimentada de fina ironía: “flores enfermizas y malditas/ que suscitaron admiración y escándalo”. En Después de Isabel Bono (Málaga, 1964) poeta tan exquisita no nos deja olvidar quienes somos, con una escritura suficientemente podada para que sean sus versos latigazos cerebrales, que nos despiertan a la vida, por lo que no dejan de ser una catarsis de las que sales con buenas sensaciones. Poemario sencillo de gran enjundia, no fácil de leer, aunque su poema más largo tenga 12 versos, pero que nunca olvidará y siempre agradecerá si se atreve a leerlo: “había un árbol con sed/ y la tierra estaba seca”.

Pavesas y Lar es, sin lugar a dudas, el poemario justo, necesario y mejor hilvanado de José Ángel Hernández (Lumbrales, Salamanca, 1964) , donde no hay un solo verso que no esté pensado y repensado en serena reflexión pausada. Los poemas parten, como le gusta decir a él, de ese hilo de voz que apenas acomete leves puntadas contra el tiempo, que preserva restos de interrogantes y exige a la palabra su contraste, su pálpito. Emprende, sin armas ni bagaje, otras miradas: “confiar nuestros huesos,/ por cuya levedad/ se borren nuestras huellas”. Este poeta aragonés, Juan Antonio Tello (La Almunia de Doña Godina, 1965) en este poemario con título tan existencialista, En este momento que llamamos lugar, desarrolla una poesía en fragmentos que es tanto conocer como olvidar, recordar esa memoria que nos (des)construye. Poesía donde la inteligencia se da la mano con la pasión por la esencia del lenguaje y por la misma poesía, con un cuidado riguroso por el ritmo. Es el gran poeta de la singularidad en el nombrar. Poemas en prosa con vocación irónica: “¿Y si murieras en una cita? Acuérdate, ya pusimos coto a la sed”. En este poemario que Isabel Tejada (Lisboa, 1973) nos presenta bajo el título de Vikinga hay vida, o lo que es lo mismo, amor y dolor, pero que ha sido vivido con calidez asombrosa y en el que se puede apreciar toda la belleza de la escritura de Isabel Tejada. Es verdad que la marca de la gran poesía anida en sus versos, a la par que es gesto y señal de una inquietante voz poética y con este poemario queda entre las voces más válidas de la poesía escrita por la generación de la internet democrática, donde no todo vale: “para sentir mi cuerpo/ y saber dónde está en el espacio”.

Así pues, creo que la poesía es invasiva. La poesía no es ocio. La poesía exige. Poesía es lo que queda tras el incendio, entre las ruinas, aquello que aparece cuando se ha derrumbado lo que es apariencia exterior e interior y ornato vacío. Y por supuesto creo en la poesía que anidó en Silvestra y que anida y seguirá anidando, como las golondrinas y las cigüeñas, en Rayo azul, pues es importante recuperar la esencia de la poesía, dar valor al verso no al espectáculo. Sabiendo que escribir un poema debe ser una declaración ética y estética, a la vez que una aproximación mayor al mundo en el que vivimos, puesto que los poetas son ciudadanos, no están fuera del mundo, y la poesía es un camino muy saludable para entender este mundo tan complejo.