Viaje a Ifni

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Uno de los más excéntricos territorios coloniales

 

Palacio del Gobierno español de Ifni 2

 

 

Texto: SUSANA PICOS Foto: PABLO-IGNACIO DE DALMASES

Pablo-Ignacio de Dalmases es un veterano periodista e historiador apasionado por el norte de África. Fue director de RNE y TVE en el Sáhara español y director del diario La Realidad de El Auiún y autor de varios libros como el recientemente publicado África Occidental Española en los libros.

En Viajes a Ifni. Tras las huellas de Santa Cruz de Mar Pequeña, publicado por Sial/Casa de África, investiga la historia de ese pequeño enclave que ha formado parte de España en distintas épocas y del cual actualmente no conocemos casi nada.

 

Ifni se encuentra en el sudoeste de Marruecos, ¿cómo se llega hasta allí?

El acceso no es difícil, pero exige tiempo porque el aeropuerto dejó de funcionar cuando se fue España y hay que llegar por vía a Casablanca y/o Agadir y desde allí por carretera a través de Tiznit. La última vez que estuve, en la primavera de este año, vi que estaban construyendo una nueva carretera desde Gulimín.

¿Cuáles fueron los vínculos del pueblo español con Ifni?

Datan de muy antiguo y se justifican históricamente con la construcción en el siglo XV y en la costa de África frente a Canarias de la torre castellana de Santa Cruz de Mar Pequeña, que desapareció en torno a 1526 y cuya memoria se perdió. Hasta que O’Donell, que era canario, incluyó en el tratado de paz con Marruecos de 1860 un artículo que obligaba a este país a reconocer a España el derecho a recuperar aquel territorio. Nos pasamos cerca de cuarenta años discutiendo con Marruecos dónde había estado, hasta que se acordó que en Ifni, el más improbable de los lugares, y luego más de treinta discutiendo con Francia cuándo podíamos ocuparlo, lo que a final conseguimos en 1934, en tiempos de la II república.

¿Por qué España tenía interés en un territorio tan pequeño que además no tiene riquezas naturales?

Ese es un gran misterio. Hay que añadir un detalle importante: cuando Marruecos reconoció a España el derecho a que he hecho referencia, lo hizo en favor de una pesquería, algo que nunca fue Santa Cruz de Mar Pequeña y que, en todo caso, Ifni hubiera podido ser porque las condiciones del Atlántico en esa costa la hacían inviable. A mayor abundamiento, las primeras investigaciones científicas sobre el terreno realizadas por encargo del gobierno Lerroux demostraron desde el principio que allí no había riquezas naturales. Yo creo que el enclave se mantuvo por una mera cuestión de prestigio nacional.

¿Cómo era la convivencia entre los españoles y los habitantes autóctonos de la región, los baamaranis?

En principio fue siempre buena, aunque la convivencia se enrareció tras la independencia de Ifni, cuando el Istiqlal empezó a reivindicar los territorios españoles. Aquello acabó en un conflicto armado, la llamada “guerra de Ifni” que, en realidad, afectó más tiempo y fue más sangrienta en el Sáhara, y que interrumpió el buen entendimiento que había existido hasta entonces. Curiosamente la convivencia se recuperó en los últimos años de presencia española, momento en que el gobierno de Madrid realizó cuantiosas inversiones en el enclave y todo el mundo, europeos y nativos, vivió una época de esplendor.

Viajes a Ifni¿Se nota la huella de la cultura española en el lugar?

Pese a que fue muy efímera, en Ifni se guarda un excelente recuerdo de la presencia española. Tanto los que la conocieron, como los que nacieron más tarde, la consideran una verdadera edad de oro. Hay que tener en cuenta que en aquel tiempo Ifni era una “soi dissant” provincia española, en la que todo el mundo tenía trabajo o cobraba seguro de paro, había enlace diario con Canarias y Madrid y sus habitantes, ifnieños incluidos, eran teóricamente españoles y poseían un pasaporte con el que podían viajar por todo el mundo. Hoy, Ifni es un rincón olvidado de Marruecos, el paro es muy elevado y sus habitantes son marroquíes y disfrutan de pasaporte con evidentes limitaciones. Cabe recordar que hace unos años hubo protestas en Sidi Ifni y los manifestantes salieron a la calle ¡con banderas españolas! Últimamente el gobierno de Rabat ha templado los ánimos construyendo algunas infraestructuras y convirtiendo Ifni en provincia.

¿Y actualmente?

Oficial, absolutamente ninguna: el antiguo consulado, con el edificio en cuyo frontis todavía luce el águila, está en ruinas y no hay centro cultural español alguno; a nivel humano, la presencia española nunca se ha interrumpido y son numerosos nuestros compatriotas que viajan a Ifni porque vivieron allí, hicieron el servicio militar o tienen curiosidad por conocer una ciudad que, por cierto, es muy bonita y en la que todo el mundo nos recibe con los brazos abiertos, empezando por su alcalde, un hispanófono confeso. Sólo diré que el mismo ayuntamiento se negó a cambiar el nombre de muchas calles que todavía conservan la toponimia española.

¿Por qué España ha olvidado esa parte de la historia, incluso, hemos dado la espalda a nuestros vecinos del norte de África?

Quien ha olvidado la antigua España africana es el gobierno español. Dejamos caer Guinea Ecuatorial en manos de Francia y abandonamos el Sáhara vergonzosamente, creando un problema gravísimo que tardará años en resolverse. Esto último condiciona nuestras relaciones con Marruecos, que gusta de hacerle bailar el agua al gobierno de Madrid con tres cuestiones: la emigración subsahariana, la pesca y Ceuta y Melilla (la primera ciudad, europea desde principios del siglo XV, y la segunda, española antes que Navarra) A nivel académico, hay algunos investigadores que tratan de estudiar las antiguas colonias españolas y mantener el interés por ellas, pero son habas contadas y con pocos apoyos. Sorprendentemente el vigor de la huella española lo mantienen muy vivo los propios naturales de esos países, particularmente los escritores, tanto los ecuatoguineanos, que ya tiene su propia Academia de la Lengua, como los saharauis, con una brillante generación de autores que hace concebir las más optimistas esperanzas. Dos importantes hitos de la cultura española en el África negra y en el mundo árabe. Todo ello sin olvidar la encomiable y meritoria labor de los hispanistas marroquíes, que navegan valerosamente contra corriente en país francófono como el suyo.