El léxico familiar de Anna Ballbona

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La escritora catalana Anna Ballbona gana el 5º Premi Llibres Anagrama con No sóc aquí. El premio, dotado con 6000€ y al que se han presentado un total de 28 manuscritos, fue hecho público ayer durante una rueda de prensa.

 

 

 

Texto: REDACCIÓN

Foto: ALBERT BENZEKRY

 

Era el 2016 cuando la escritora catalana Anna Ballbona se convertía en finalista de la primera edición del Premi Llibre Anagrama con Joyce i les gallines. Cuatro años más tarde, Ballbona se convierte en la ganadora de este joven galardón literario con No sóc aquí, obra que para el escritor Jordí Puntí, miembro del jurado junto a Mita Casacuberta, Guillem Gisbert, Imma Monsó, Jordi Puntí y las editoras Isabel Obiols y Silvia Sesé, se “lee como el itinerario de una intuición que debe ser confirmada”.

El itinerario al que se refiere Puntí es el viaje que realiza la protagonista, Mila, homenaje a la protagonista de Solitud de Víctor Catalá, pero también “a mi madre”, confiesa Ballbona, en su indagación en torno a sus orígenes, en torno a esa herencia familiar que la conforma irremediablemente y de la que no puede terminar de desligarse. “Cuatro años después de Joyce y las gallinas, Anna vuelve a la Renfe y al polígono, al mundo del campesinado liberado de cualquier romanticismo, para escribir una novela sobre educación y herencia”, señala Guillem Gispert, subrayando a continuación que No sóc aquí es también una novela sobre el desclasamiento, sobre la constatación por parte de Mila de la distancia social y, consecuentemente, cultural que la separa de la Barcelona a la que llega en sus años universitarios y en la que trabaja. Desde esa frontera a la que hace referencia Gispert, Mila, que acaba de saber que está embarazada, escribe en un cuaderno en un intento de dilucidar de qué manera la familia de la que proviene, así como el contexto en el que ha crecido la ha determinado. Esta indagación tiene sentido para ella no solo para terminar cuestionándose que herencia le quiere legar al bebe que espera, sino también de qué manera encaja en el contexto urbano en el que ahora vive, de qué manera Barcelona la ha transformado, si bien no ha terminado de encajar en ella. De ahí el título, Mila es consciente de que no es de Barcelona, pero hasta qué punto sigue siendo de ese lugar fronterizo del que proviene, hasta qué punto pertenece a ese “mundo campesino que no responde al tópico” y que “ha sido arrasado por el tejido urbano”, en palabras de Imma Gispert.

Nacida a finales de los años 70, Mila es una joven que, apuntaba ayer Anna Ballbona, tiene como compañero de viaje la extrañeza, esa extrañeza de quien no se siente del mundo en el que vive y que contempla su entorno con la irónica mirada de quien observa desde fuera, sabiéndose ajena a ello. Desde esta extrañeza Mila observa la ciudad de Barcelona, pero, en parte, observa también el mundo periférico del que proviene y que su padre, un hombre que tuvo que dejar el arado por la cadena de montaje, tan bien representa. Ese mundo periférico del que proviene y ese mundo urbano en el que vive colisionan, ante todo, lingüísticamente. Es, de hecho, a través del lenguaje que estas dos realidades se expresan y es a través del lenguaje que Mila regresa a sus orígenes, tratando de observar de qué manera ese léxico familiar, como diría Natalia Ginzburg, la ha conformado y determinado. Ballbona observa y deconstruye en lenguaje, trata de ver cómo tras él se esconde una manera de percibir el mundo y la realidad. Mila, señalaba ayer Mita Coscubierta, “acaba descubriendo –y nosotros también– hasta qué punto aquello que después de Natalia Ginzburg conocemos como “léxico familiar” la mantiene incrustada en aquel tronco. El don de la protagonista (y de la autora) de No sóc aquí es la capacidad de desmontar el léxico familiar, a través de una ironía fina, precisa e invisible que desactiva aquellos fantasmas vaporosos, estrambóticos, aleatorios, intransferibles y paralizantes, y los convierte en literatura con valor universal”.

En este viaje de aceptación de los propios orígenes que es No sóc aquí, los lectores de Ballbona encontraran ecos de su anterior novela, Joyce y las gallinas, pero también de algunos de sus poemas, pues, como reconocía la propia autora, en este nuevo trabajo narrativo vuelve a explorar, desde la indeterminación, unos espacios geográficos -la periferia urbana, el polígono industrial- ya visitados literariamente y que, si bien no corresponden a ningún sitio en concreto, en ellos “están las huellas de muchos lugares transitados”.

No sóc aquí se publicará en el mes de marzo y, como ya sucedió con Joyce y las gallinas, se traducirá al castellano para el mes de junio. Además de premiar la obra de Ballbona, el jurado quiso recomendar la publicación de Terres Mortes, la primera novela de Núria Bendicho.