11 poetas para acercarse sin miedo a la poesía

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Con motivo del Día Internacional de la Poesía que se celebra mañana 21 de marzo, hemos preparado unas recomendaciones de hoy y de siempre para disfrutar de los mejores versos

 

PoesíaDía

 

 

Texto: ENRIQUE VILLAGRASA

 

Después de un frío y duro invierno siempre viene una alegre primavera y esta siempre trae poesía y con la lectura de estos libros que les propongo espero y deseo que así sea. Son poemarios para aquellos que quieren iniciarse en la lectura de poesía y para aquellos escritores que quieren escribir poesía, no solo versos. Si queremos saber escribir es necesario saber leer y leer. Quien lee poesía vive la vida de otra manera. Y no lo olviden, la poesía nos ayuda a gestionar nuestra inteligencia emocional y logra transformar positivamente las emociones.

Así pues, tenemos a Rosalía de Castro (Santiago de Compostela, 1837-Padrón, 1885) es una poeta que anida con el alma de su tierra por encima de todo: es la Galicia física y literaria, y encarna a su pueblo en sus versos. Vive la poesía y es su amante: toda experiencia le vale para versificar y de qué manera. La poeta escribe una poesía sencilla, que se plantea el sentido de la vida desde una visión solitaria y trágica del mundo: óptica que se adelanta al carácter existencial que se percibirá más tarde en algunos grandes poetas. Su poesía, al igual que la del otro poeta, Bécquer, es una poesía intimista, de tono directo, con la que nos ofrece un verso más sincero y auténtico. Recuperó elementos de la poesía popular y del folclore gallego. Canta a la belleza de Galicia y ataca a los enemigos de su pueblo. A favor del campesinado y de la clase trabajadora y se lamenta de la pobreza y la emigración y sus problemas. Versos de En las orillas del Sar (1884):

A través del follaje perenne

que oír deja rumores extraños,

y entre un mar de ondulante verdura,

amorosa mansión de los pájaros,

desde mi ventana veo

el templo que quise tanto.

El tempo que tanto quise…,

pues no sé decir ya si le quiero,

que en el rudo vaivén que sin tregua

se agitan mis pensamientos,

dudo si el rencor adusto

vice unido al amor en mi pecho.

Antonio Machado (Sevilla, 1875-Colliure, Francia, 1939) es el poeta del pueblo y en sus obras pergeñó en verso su niñez, su inocencia, sus amores y aventuras, sus viajes: aquellos momentos especiales de su vida fueron cincelados con y en el poema. Donde también expresó la vida y naturaleza de la tierra que conoció: sus paseos y vivencias; su tragedia con España y el dolor por la muerte de su esposa, Leonor; pero, siempre con esperanza y pensando en el porvenir. La melancolía, la creatividad y el cuidado leguaje son características de su poesía. Apostó por la naturaleza y su encanto. También escribió desde la nostalgia con versos de gran musicalidad, que cantan su intimidad más profunda. Este poeta fue capaz de soñar los sueños de todos, en esa su realidad tan real como la realidad misma. Versos de Campos de Castilla (1912 y 1917):

MI infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,

y un huerto claro donde madura el limonero;

mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;

mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

(…)

Y cuando llegue el día del último viaje,

y esté al partir la nave que nunca he de tomar,

me encontraréis a bordo ligero de equipaje,

casi desnudo, como los hijos de la mar.

Juan Ramón Jiménez (Moguer, 1881-San Juan, Puerto Rico, 1958) es el poeta que lo cambia y lo descubre todo en poesía: con él, en él y después de él se escribe otra poesía en España. Su poesía logra desnudarse, hacerse pura, con lo que plasma la pura esencia y el propio sentido de las cosas, sin artificio ni anécdota que valga. En el libro Diario de un poeta recién casado están todas las claves de todos los movimientos poéticos posteriores. El poeta se dedicó con toda su inteligencia a la poesía: una vida para una obra. Lo consiguió y su poesía fue el germen de las nuevas posibilidades expresivas, solo hay que leerlo. El poeta se consagra y persigue la belleza, el conocimiento y el resplandor de su poesía. Vivió por y para ella, la poesía: ardiendo en esa llama viva por el fulgor eterno. Versos de Diario de un poeta recién casado (1916):

Parece mar que luchas

-¡oh desorden sin fin, hierro incesante!-

por encontrarte o porque yo te encuentre.

¡Qué inmenso demostrarte,

en tu desnudez sola

-sin compañera… o sin compañero

según te diga el mar o la mar-, creando

el espectáculo completo

de nuestro mundo de hoy!

Estás, como en un parto,

dándote a la luz -¡con qué fatiga!-

a ti mismo, ¡mar único!,

a ti mismo, a ti solo y en tu misma

y sola plenitud de plenitudes,

… ¡por encontrarte o porque yo te encuentre!

Federico García Lorca (Fuente Vaqueros, 1898-Granada, 1936). De este poeta sí me gustaría recomendar el Romancero gitano de donde el poeta fiel a sus lecturas toma la forma del romancero español, recuerden aquel Romance del prisionero, y las hace suyas con las voces y los ecos del gitano y su mundo: expresión lírica de las raíces ancestrales de los andaluces. Los gitanos son la raza que simboliza la libertad frente a las normas sociales, pues estas coartan la voluntad individual. García Lorca logra desde lo local transcender hacia lo universal, donde imbrica con arte manifiesto el duende y el ángel del cante jondo, y mezcla sabiamente la poesía popular con la culta. Logrando que todas las personas se vean reflejadas en sus versos y a la vez sea gozosa la lectura de toda su poesía. Poeta en Nueva York (1929-1930) es otro cantar. Versos del Romancero gitano (1928):

Muerte de Antoñito El Camborio:

Voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
Voces antiguas que cercan
voz de clavel varonil.
Les clavó sobre las botas
mordiscos de jabalí.
En la lucha daba saltos
jabonados de delfín.
Bañó con sangre enemiga
su corbata carmesí,
pero eran cuatro puñales
y tuvo que sucumbir.
Cuando las estrellas clavan
rejones al agua gris,
cuando los erales suenan
verónicas de alhelí,
voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.

José Ángel Valente (Orense, 1929-Ginebra, 2000) es el poeta que en sus versos persigue, busca, indaga sobre la palabra con la que se construyen los versos: indaga sobre la poesía, dándole el mismo valor a lo dicho como a lo no dicho en el poema. El poeta vive por y para la poesía, en su escritura: el verbo se hizo logos, o sea escribir aquel conocimiento que el poeta intuye y quiere dar a conocer. Su poesía es conocer la realidad y expresarla con palabras, en perfecta soledad, así con esa sencillez franciscana, de la perfecta alegría. Para nada tendría hoy Facebook, Twitter o Instagram. Su poesía diferente, muy personal y renovadora, como debe ser. Es el penúltimo poeta europeo, ajeno a toda escuela y siempre en la más avanzada modernidad. Solo hay que leer sus libros, tanto de poesía como teóricos. Es la pura búsqueda del conocimiento. Versos de El fulgor (1984):

XXXV

La aparición del pájaro que vuela

y vuelve y se posa

sobre tu pecho y te reduce a grano,

a grumo, a gota cereal, el pájaro

que vuela dentro

de ti, mientras te vas haciendo

de sola transparencia,

de sola luz,

de tu sola materia, cuerpo

bebido por el pájaro.

Jaime Siles (Valencia, 1951) es el poeta que busca lo no dicho con la palabra, más allá de lo escrito, poética del silencio diríase; pues, para él la experiencia de la realidad deviene en experiencia del lenguaje, en su continua afirmación vital. Es un poeta que disfruta escribiendo, recupera el placer de escribir: ha leído mucho; vive los hallazgos que las palabras le ofrecen, que los versos le dan en esa su musicalidad métrica. Recupera para goce de todas las personas lectoras las formas y estructuras del verso clásico, con palabras de hoy. Imbrica de manera magistral la tradición y el lenguaje actual: domina el idioma (además de otros). Poeta que gusta por la claridad y sensualidad de sus versos, pues en ellos y con ellos nos hace vivir esa secreta musicalidad de sus poemas: de la vida, del otro y del yo, en definitiva. Versos de Música de agua (1978-1981):

Música de agua

El espacio

-debajo del espacio-

es la forma del agua

en Chantilly.

No tú, ni tu memoria.

Sólo el nombre

que tu lenguaje escribe

en tu silencio:

un idioma de agua

más allá de los signos.

Isabel Bono (Málaga, 1964) es una de las poetas que hay que leer si quieres saber qué es la poesía fresca, ágil, encantadora. La audacia de la poeta la lleva a escribir versos de lo más luminoso. Es capaz, y lo hace, de elevar lo cotidiano de la vida y sus cosas y circunstancias a la categoría de poesía: hay de todo en sus versos, pues todo le inspira. Le pierde escribir poemas (ahora también novelas) y la ganan los lectores. Tiene el don de mirar todo con mirada poética y así ve cosas que a los demás se nos escapan. Es una poeta que tiene nostalgia de todo, de lo que conoce e incluso del porvenir. Juega y juega con el lenguaje y a todo le busca su musicalidad, su poesía. Y lo corrige todo, lo poda todo, cual Juan Ramón, quien creo estaría contento de haberla conocido, en esa su pura poesía pura. Versos de Después (2019):

un jardín abandonado

un pasado cubierto de hierba

un extraño en los labios

hablando por nosotros

un dolor

y el zumbido de la luz

en las alas de las abejas

Marta Navarro (Zaragoza, 1965) es una poeta sin complejos y mira de frente a la sociedad que le ha tocado vivir y no se calla. Escribe poemas. Escribe versos. Y todo bajo el paraguas del sentido común crítico. Ella busca que sus lectores vean en sus versos esa luz disidente, provocadora, agitadora de conciencias. Posiblemente, sea esta poeta una de las voces más significativas de la crítica ante el neoliberalismo que campa a las suyas por doquier. Poeta donde su vida también es de puro compromiso por el otro. Es una forma de estar aquí, de entender la vida, que vale la pena vivirla desde ese prisma contestatario: hilvana de forma magistral sus versos sin vanidad contra los egoísmos y las prepotencias. Seguramente esta poeta utiliza el verso para distanciarse de ella y acercarse al otro. Versos de Vietnam bajo la cama (2015):

DIRÁN

(…)

Dirán que el dolor no existe,

mientras un rumor de vendas

muestra el mapa de todas nuestras heridas.

Dirán que dos y dos son cuatro,

cuando tú y yo sabemos

que dos y dos pueden ser cuatrocientos,

cuatro mil, cuatrocientos mil,

                                                 si nos lo proponemos.

Regina Salcedo (Pamplona, 1972) es la poeta que explora de manera singular la fragilidad del ser humano bajo las circunstancias sociales en esta tragicómica existencia. Sus versos son transparentes, pero firmes. Con sus poemas se aprehende y se comprende: la poesía se encarna en aquellas personas que se acercan a sus propuestas poéticas, las cuales te hacen descubrir esa tensión entre contrarios y saber que no se debe juzgar por las apariencias, léase imágenes y demás apuestas propias de las redes sociales. Aunque para esta poeta la imagen es importante, si es capaz de descubrir aquello que no quiere ser descubierto: como la propia íntima identidad. Su poesía también es crítica, de denuncia, de lucha, de la que mira de frente al lector: aunque siempre desde y para la reflexión. Versos de Lo que dejamos fuera (2020)

Descarto lo que es continuidad

solo tiempo pasando,

sucediendo.

Busco gigantes súbitos traídos por el mar,

los ato con mil cabos,

con estacas

que acabarán cediendo.

Quedarán las ampollas en mis manos,

las que convocarán

todo lo pasajero y lo superfluo

–esta tabla de surf que me desplaza

mientras fotografío.

Mar Benegas (Valencia, 1975) es una poeta que seduce con sus versos. Los lees y te llegan, te tocan, te remueven por dentro. Sus versos son sencillos, con símbolos y metáforas al uso de las personas normales. Eso sí tienen un vínculo muy fuerte con lo onírico, los sueños y su simbología. Además sus poemas nos facilitan el conocernos y con ellos podemos ser más ecologistas emocionalmente. Leer sus versos es aumentar la formación lectora con una más que cuidada educación estética para todas las personas. Y sus poemas son imaginación creadora, hasta en la esquina del verso donde reside esa realidad perseguida, buscada, con y por el lenguaje: en ese límite infinito que es el mundo. Un mundo que nos ha tocado vivir y si leemos poesía y más la de esta poeta lo viviremos de forma inmejorable. Versos de Dije luz (2019):

Dije: “luz, ¿dónde vas?”
y septiembre engulló todo.

Escuché caer
los huesecillos del tiempo.

La gata allí,
alzando su victoria.
Dijo “¿dónde soy?”,
sombra de sombra.

Ofrenda fue
ese cadáver de luz
atravesando el cielo.

Vanesa Pérez-Sauquillo (Madrid, 1978) es la poeta pule sus versos hasta dejarlos cual diamantes. Versos que derrochan sensibilidad y originalidad escapando de los lugares comunes de la escritura. Versos potentes y elegantes que llaman la atención de cualquiera que lea sus poemas. La poesía está a flor de piel, se respira en esa su escritura poética, que es su universo cotidiano. Lo que no quiere decir que no incluya otras cosas y o personajes en sus poemas, buscando ese distanciamiento poético y así lograr la perfecta epifanía: esa fuerza de la poesía, de la realidad poética en su propio quehacer demiurgo. Presente en sus obras está siempre el amor, el desamor, el deseo que construye o el deseo que destruye. Los versos de esta poeta liberan y engrandecen, rompen las cadenas del momento. Versos de Bajo la lluvia equivocada (2006):

solo el aire conoce

dónde duermo.

Me voy haciendo espacio

en la concha de nácar

de mi frío.

Esta es mi propuesta de lecturas para acercarse sin miedo a la poesía; pero, hay legión. Pásense por las librerías y revuelvan libros y más libros, disfruten de esto, se darán cuenta de lo que hay. ¡Feliz día de la Poesía, personas lectoras!