Andy Robinson: “Tanto Lula como Dilma no son víctimas de su fracaso, sino de su éxito”

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La editorial Arpa publica "Oro, petróleo, aguacates", el último libro del periodista y corresponsal de La Vanguardia Andy Robinson

 

 

 

Texto: DAVID VALIENTE

 

Recientemente, la editorial Arpa publicó el último trabajo del periodista y corresponsal de La Vanguardia Andy Robinson con el título de “Oro, petróleo y aguacates”. Un título interesante, pero aún más llamativo, y he de confesar que me llevó a querer hacer esta entrevista, es el subtítulo: Las nuevas venas abiertas de América Latina. Cuando leí la nota de prensa, la primera pregunta que me vino a la cabeza fue qué le puede llevar a un oriundo de Liverpool a escribir un libro sobre América Latina con un guiño tan directo al maestro Galeano. En la entrevista que tuvimos por teléfono, me confesó que la primera vez que leyó a Galeano se encontraba en la universidad, su edad rondaba los 20 años y lo leyó en inglés, porque “aún no conocía el español”. La lectura del libro despertó su curiosidad por esa área geográfica tan maltratada por los colonizadores, viajando por primera vez al Perú en 1988. Sus viajes no han cesado, pero hace 9 años su presencia en América Latina se hizo más intensa y comenzó a desarrollar un trabajo más especializado. “A diferencia de muchos que consideran que el libro de Galeano es anacrónico y ya está superado, para mí ha sido un aliciente que me ha permitido conocer mucho mejor el territorio que he pisado”. El autor considera que todavía sigue vigente la idea que Galeano defiende de un capitalismo voraz y agresivo que vampiriza los recursos naturales de la región.

A lo largo de la conversación, me recalcó que su intención con este libro no es presentar una tesis, sino, meramente, trata de describir la situación observada por sus ojos y los conflictos que bañan la tierra que la suela de sus zapatos han pisado. “Puede parecer que parezco un tertuliano especialista en política y económica, pero en realidad solo soy un corresponsal volante que ha tenido la suerte de viajar por toda América Latina”, enfatiza Andy Robinson.G

-          Yo definiría su libro con tres palabras: Galeano, izquierda y recursos naturales.

He tomado como modelo a Galeano, un autor que logró aunar literatura y reporterismo con un discurso reflexivo muy bien fundamentado en el ensayo, para desarrollar una modalidad descriptiva y periodística de algunas regiones latinoamericanas que he visitado. Quizás, sí podríamos decir que los reportajes mantienen un tono reflexivo sobre un territorio muy complejo y caótico. Pero la figura de Galeano, en este libro, también esta presente en las formas de hacer política de gobernantes como Hugo Chávez, Lula y Evo Morales. Aprendieron que los países satélites debían independizarse de las metrópolis para desligarse de ese capitalismo voraz y agresivo que durante el siglo XX estaba desangrando al cuerpo latinoamericano. Aun así, se equivocaron, no sé si exactamente fueron por las circunstancias intrínsecas de los países latinoamericanos, pero no desarrollaron un modelo económico menos dependiente de la extracción de materias primas y más ligada al proceso industrial, de creación de un valor propio. El libro se basa exactamente en esto, pero va un punto más allá y añade una descripción precisa de las materias de explotación tanto de productos minerales como de productos alimenticios, que son altamente contaminantes y producen efectos nocivos en la sociedad por agredir las formas de vida de los indígenas.

-          Entonces, ¿las enseñanzas de Galeano no han sido seguidas por esos gobiernos de izquierda que abanderaron sus ideas?

Creo que no. De todas formas, estos gobernantes de izquierda no solo desoyeron los consejos de Galeano, ya que no era el único que predicaba las ideas de emancipación e industrialización; detrás de Galeano había toda una escuela de economistas preocupados por la situación económica-social de Latinoamérica y del futuro que la región tendría si no cambiaba su modus operandi. No es nada sencillo industrializar y crear un conocimiento propio. Observando la realidad latinoamericana, nos topamos con que la izquierda, pero tampoco la derecha, no ha conseguido la industrialización. Los expertos afirman que la falta de material industrial ha provocado un desenlace fatídico para “la marea roja”; considero que están equivocados, porque, si echamos un vistazo al mapa, en algunos países, como Chile y Colombia, se produce un proceso inverso: la derecha cae en detrimento de la izquierda.

-          ¿Usted cree que en algún momento llegará la industrialización a los países latinoamericanos?

Este es el verdadero reto. Sinceramente, es muy difícil que los países de América Latina puedan competir con regiones tecnológicamente más potentes. Por este motivo, es importante que dirijan sus esfuerzos hacia la biodiversidad. La región, rica en variedad natural y cultural, cuenta con un potencial bruto para el desarrollo de una bioeconomía sostenible. El auténtico reto es que palabras como “arcaico” y “moderno”, palabras para mí desfasadas, dejen de emplearse de forma despectiva y apremiante. Así, los conocimientos milenarios de los grupos de indígenas y campesinos podrán ser absorbidos por el resto de sociedades.

-          ¿No cree que pueden tachar de utópico este pensamiento?

La última vez que estuve en Brasil, el jefe del Gabinete de Seguridad Institucional de Bolsonaro, Augusto Heleno, afirmó que era utópico mantener el estilo de vida de los indígenas y que estos deberían renunciar a él e integrarse en el modelo de consumo. Esta visión tan cerrada se debe al mismo sistema capitalista en el que vivimos, creado por Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial. Por lo tanto, me podrán decir que el modelo, ya indagado por algunos investigadores, está aún en pañales, pero imposible no es, si logramos salir del mandamiento capitalista de realismo e imposibilidad.

-          ¿La crisis económica defenestró a Lula?

Entre otras cosas, sí. La economía brasileña experimentó una época de bonanza en gran medida gracias a la compra de productos tanto minerales como animales por parte de China. Durante este periodo, un número importante de brasileños, antes marginados, salen del pozo y comienzan a participar activamente en los modelos socioeconómicos. Las élites nunca han perdonado a Lula que muchos brasileños, ahora, tengan una mayor actitud social, por ello, cuando la crisis se produjo, estas élites, conchabadas con un sistema judicial muy politizado, dieron un golpe de estado, derrocando a Lula y a Dilma. La corrupción del estado brasileño no es ninguna novedad: en el 2005 el caso de corrupción mensalao (Escándalo de las Mensualidades) también salpicó al gobierno de Lula, entonces ¿por qué el caso Lava Jato (Operación Autolavado) sí derrocó al partido laborista y mensalao, no? Esto nos demuestra que, tanto Lula como Dilma, no son víctimas de su fracaso, sino de su éxito.

-          Usted ha pronunciado, a lo largo de la conversación y en reiteradas ocasiones en su libro, el binomio golpe de estado, ¿los golpes de estado de hoy son más sutiles que los producidos un siglo atrás?

Por supuesto. Hoy, los golpes de estado no provienen del estamento militar, sino del judicial; en inglés este acto se designa con el nombre de lawfare y consiste en criminalizar a un adversario político para que el sistema judicial, fuertemente politizado, lo juzgue y lo retire del cargo. En el caso Lava Jato, el único acusado que estuvo en prisión fue Lula, porque era el rival peligroso y poderoso a abatir. Si nos fijamos detenidamente en Bolivia, nos damos cuenta de que ha ocurrido lo mismo. Los jueces han condenado a Evo por violar el sistema de derecho mediante la corrupción y el autoritarismo. Esta afirmación les da toda la credibilidad para cometer ellos mismo otro ataque al estado de derecho, porque, recordemos, Evo Morales fue elegido democráticamente.

-          Y el ejército, ¿qué papel juega en todo esto?

El ejército ya no realiza esas grandes operaciones militares como las acontecidas en Chile en el año 73. Aun así, su pasividad les hace cómplices, ya que debería haber protegidos a los gobernantes. De todos modos, la izquierda perdió toda la credibilidad de antaño, lo que provocó que durante la crisis su popularidad se viniera abajo. Hablar de América Latina en términos políticos es hacerlo de una región muy polarizada, entre derecha e izquierda.

-          ¿Y no se genera ninguna alternativa a esa polaridad?

Creo que hay una tendencia hacia un populismo apolítico, es decir, se busca gente sin ninguna relación con la clase política, en inglés lo llamamos outsider. Por ejemplo, Bolsonaro es un outsider, aunque fue diputado desde los años ochenta…

-          Pero, al fin y al cabo, Bolsonaro sigue representando a la derecha, a una facción extrema de la misma.

Sí, pero no deja de ser un antipolítico. Bolivia sigue unos pasos parecidos a los de Brasil con la clara diferencia de que sus outsider tienen lazos con el evangelismo cristiano, profundamente fundamentalista. La figura del populista evangelista toma fuerza en América Latina, Bolivia es el caso más claro, pero en Venezuela el alto porcentaje de indecisos, que no se pronuncian ni a favor de Maduro ni en contra de la oposición, pueden decantarse por el evangelismo.

-          En su libro, comenta en varias ocasiones que la lucha por los recursos nos puede llevar a una nueva Guerra Fría, ¿nos va a llevar o ya estamos en la nueva Guerra Fría?

Creo que estamos en una suerte de guerra fría con muchas contradicciones. El mundo actual abandonó la planicie de los años anteriores a la crisis, EE.UU y China dejaron de ser aliados para convertirse en rivales. Por consiguiente, el celo estadounidense por “su patio trasero” y las continuas inversiones chinas a la región, han provocado que el ambiente se caldee. Tras la Guerra Fría, Estados Unidos contaba con un plan de globalización benigna, que se ha ido al traste, entre otras cosas, por hambre de materias primas de China. Entonces, llega Trump al poder y resucita el lenguaje de la Guerra Fría: empieza considerando a la izquierda latinoamericana como una suerte de comunismo, aliado de China y Rusia, que, al igual que en los años 70 y 80, quiere hacerse con el control de “su patio trasero”. Simplemente escuchemos al defenestrado Asesor de Seguridad de la Casa Blanca, John Bolton, que destacó los pocos escrúpulos de la administración Trump al declarar una nueva doctrina Monroe.

-          ¿América Latina está desahuciada?

No lo creo. A América Latina, por suerte, todavía no ha llegado a la fase del capitalismo que mercantiliza hasta lo más íntimo de la persona.

-          Pero, por lo que usted describe en el libro, esto se está empezando a hacer.

Se está empezando a hacer, pero no se puede comparar con lo que sucede en Europa y Estados Unidos. En un capítulo hablo de la banalización del turismo que, sin duda, puede ser la vanguardia de la destrucción en algunos aspectos, ya que, como ocurre aquí, se comienza a mercantilizar con lo inmaterial. El paisaje y la sociedad campesina se convierten en un producto de consumo, incorporado de forma banal dentro de nuestra concepción del lujo. Esa búsqueda de experiencia es verdaderamente perversa y responde a nuestra incapacidad de disfrutar las cosas si no están empaquetadas dentro de una marca. En muchas regiones de América Latina, esta forma banal de comprender la intimidad no se admite.