Ocho agentes del CNI en la guerra de Irak

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En "Destrucción masiva" el experto en espionaje Fernando Rueda recrea una de las misiones de inteligencia más trágicas de la historia de nuestro país 

  

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Texto: Susana PICOS 

 

Fernando Rueda es periodista y escritor y ha dedicado gran parte de su vida profesional a investigar las misiones del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Ha publicado libros de no ficción y varias novelas sobre espionaje. Destrucción masiva (Roca Editorial) es una novela basada en hechos reales en la que narra los trágicos acontecimientos ocurridos en Irak durante la invasión estadounidense. Dos agentes de inteligencia españoles fueron enviados a Bagdad en busca de armas de destrucción masiva; llegaron a la conclusión que Sadan Husein no disponía de ese armamento y, a pesar de sus informes, el gobierno de Aznar hizo caso omiso y siguió con su apoyo a la intervención. El resultado fue fatal para estos agentes y otros seis compañeros de inteligencia. Una historia verídica que plantea muchos interrogantes a los que Fernando Rueda intenta dar respuesta en este libro.

El CNI informó al gobierno español que Sadam Husein no tenía armas de destrucción masivas y aun así siguieron afirmando lo contrario, ¿tan poca confianza tenía el gobierno de Aznar en su centro de inteligencia?

No era un tema de confianza. El presidente Aznar tomó una decisión clave que comunicó un mes antes de la invasión a su colega estadounidense, George Bush, durante una visita a su rancho: “Estamos cambiando la política española de los últimos 200 años”. Aznar veía a España en la cúpula del poder mundial junto a Bush y Blair y nada de lo que pudiera contarle el CNI le habría hecho cambiar de opinión. Que necesitaba creerse las mentiras de la CIA y el MI6, pues se las creía.

¿Por qué España participó en la guerra de Irak? Es evidente que los americanos tenían interés por el petróleo, pero nosotros, ¿cuál fue nuestro interés? ¿Obtuvimos algún rédito por nuestra participación?

El principal, lo acabo de relatar, fue un interés político. Pero durante el tiempo que duró este “amor” que se procesaron Bush y Aznar es cierto que desde Estados Unidos nos llegaron favores puntuales, muy importantes en aquellos momentos, como ayudas técnicas en la lucha contra ETA y el apoyo a la postura española cuando Mohamed VI hizo la tontería de invadir el islote Perejil en un pulso sin sentido.

Cuando hablamos de espías siempre pensamos en los americanos y los rusos, pero los espías españoles existen, ¿a qué se dedican principalmente y qué papel juegan en los conflictos internacionales?

A la dirección del CNI no le molesta que algunos digan que parecen actuar como Mortadelo y Filemón. Muchos propagan esta idea que está alejada de la realidad. El CNI tiene un altísimo nivel en muchos sectores. Técnicamente son muy buenos, como lo demuestra el hecho de que tras el atentado de la Terminal 4 de Barajas con el que ETA rompió la tregua, “La Casa” desplegó una especie de espionaje masivo, como el de Estados Unidos pero en pequeño, sobre una parte del suelo francés, con el que se consiguió la detención una tras otras de las cúpulas de la organización terrorista.

Hay terrenos en los que son muy buenos, como en el terrorismo yihadista, y en otros, como la amenaza china, sus medios propios son escasos y acuden al intercambio de información con servicios de inteligencia aliados.

destrucción masivaDebe ser difícil investigar las acciones de los agentes de inteligencia. ¿Cómo lo ha hecho? 

Esta es la historia en la que una de mis investigaciones ha tenido más recorrido. Yo viví como subdirector de Tiempo los atentados del año 2003. Percibí que lo que había pasado entrañaba muchos secretos, me formulaba muchas preguntas que no tenían respuestas y notaba la ansiedad de muchos por enterrar informaciones. Durante años investigaba e investigaba cuando llegaba una fecha clave o cuando me encontraba con alguien que podía aportarme datos. Pero nunca llegaba a conseguir echar los suficientes rayos de luz como para entender todo lo que había pasado. Con motivo del décimo aniversario quise cambiar el ángulo y desvelar la historia humana: ¿Quiénes eran los ochos agentes asesinados? ¿Por qué decidieron jugársela en Irak? ¿Cómo se llevaban con sus mujeres, con su familia? ¿Estaban a gusto trabajando en el servicio secreto? Me pasé muchos meses viajando por España reuniéndome con familiares, amigos y compañeros, hasta poder conseguir un retrato íntimo de esos ocho espías, algo que si te fijas en España nunca se ha hecho. En las novelas sí, pero no en los relatos reales, porque la obsesión por el secreto es horrible. Pero se me pasó el arroz, no publiqué la historia y siguió en mi mochila de periodista y escritor con la pesada carga de no contar esa historia porque no encontraba el ángulo adecuado. Finalmente, en el 15 aniversario, mi editora Blanca Rosa Roca me ofreció la respuesta: “haz un true crime”. Y es lo que he hecho: he juntado toda mi investigación sobre los hechos, sin duda, el acontecimiento más importante de la historia del siglo XXI.

¿Qué porcentaje de verdad y cuánto de ficción contiene su libro Destrucción masiva?

He sumado la vida de los ocho agentes y lo que hicieron como espías en Irak –algunos durante tres años- y he compuesto una historia real en la que la ficción me ha servido para rellenar los huecos. Eso sí, como no me gustaba el final –lo que ocurrió tras los asesinatos es impresentable, cruel-, he hecho un epílogo de cien páginas en el que ofrezco una alternativa que, quizás, solo quizás, pudiera haber sucedido.

¿Cree que se envió a Irak a los agentes sin medios y se cometieron errores que han costado vidas?

La respuesta es bien clara: tras el asesinato de los ocho agentes el CNI cambió el protocolo de actuación y seguridad de sus agentes para estas situaciones extremas. Un reconocimiento de que se habían equivocado con ellos y no los protegieron adecuadamente.

¿Por qué no ha habido un mayor reconocimiento de los agentes que fallecieron en Irak? ¿Fue un acto terrorista o estaban luchando en una guerra?

Durante una de las presentaciones del libro que me dio tiempo a hacer antes de que nos confinaran, a un alto mando militar le preguntó eso uno de los asistentes y contestó que “estaban en una guerra de guerrillas”, algo que el Gobierno de Aznar se negó a reconocer torticeramente. En virtud de esta manipulación, les concedieron una medalla civil cuando en realidad merecían la Gran Cruz al Mérito Militar con Distintivo Rojo, el color de la sangre. Por suerte, el Gobierno socialista que les sustituyó arregló ese tema. Pero posteriormente, no ha habido el reconocimiento público que se merecían. Sí pequeños homenajes, pero la sociedad española había olvidado a estos ocho héroes que se la jugaron por todos nosotros.

En su libro nos cuenta la vida de estos agentes, de cómo llegaron a Irak, de sus familias, de sus sueños y sus decepciones. Una forma de acercarnos a lo que sucedió conociendo a los protagonistas para que dejen de ser simplemente un número. ¿Destrucción masiva es un intento de hacerles justicia?

Es la necesidad de un periodista de contar una historia injustamente olvidada. Necesitaba que se supiera no solo lo que habían hecho, sino que eran personas normales, en su mayoría con cualidades excepcionales para el espionaje. Mi editora tras leer el libro me dijo que había hecho “Venganza literaria”. Me hubiera gustado que dijera “Justicia literaria”, pero acepto que tiene razón en su comentario.

¿Se ha inspirado en los grandes autores de las novelas de espías como John Le Carré, Forsyth, Graham Greene… para escribir Destrucción masiva

Soy un apasionado lector de muchos géneros literarios, pero el que más me apasiona es el espionaje. Esos autores me acompañan con frecuencia, pero hace tiempo que lo que escribo tiene que ver con mi profesión de periodista, mi pasión por investigar al espionaje español y mi deseo como escritor de contar historias.

¿Su libro es una novela basada en hechos reales o una crónica de los hechos novelizada?

El resultado en esta ocasión es una historia basada en hechos reales largamente investigados.

Vd. es uno de los expertos españoles sobre el espionaje de nuestro país. Ha publicado diversos libros de no ficción y varias novelas sobre los espías españoles. ¿Desde cuándo y por qué ese interés por escribir sobre el cuerpo de inteligencia? 

Yo comencé mi carrera escribiendo sobre temas de Defensa, lo que me abrió las puertas a acercarme a los uniformados que en ese momento copaban los principales puestos en el servicio secreto. Nadie escribía en esos momentos de espías y los periodistas de mi generación iniciamos ese camino en los años 80. Quizás yo me he volcado más que otros, pero es que el mundo del espionaje siempre me ha encantado.

¿Son los “héroes” desconocidos de nuestra sociedad?

Creo que los espías son funcionarios igual que en todos los países del mundo, entre los que hay grandes servidores del Estado y otros que solo buscan conseguir sus propios intereses. Es una profesión en la que muchos se la juegan más que en otras profesiones. Pero lo de ser héroes es un asunto distinto que requiere vivir situaciones extremas en la que te juegas la vida, como ahora hay miles de personas en España jugándosela con el maldito virus. Hace 17 años, hubo ocho agentes que sí fueron héroes durante la invasión estadounidense de Irak.