La noche más profunda

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Coradino Vega recrea las últimas horas de la vida del escritor Mihail Sebastian, quien narró en sus diarios cómo el régimen fascista se fue implantando en Rumanía

  

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Texto: Óscar ESQUIVIAS

 

La noche más profunda (Galaxia Gutenberg) sucede en unas pocas horas -las últimas de la vida del escritor Mihail Sebastian-, pero en ellas cabe toda una vida y, más aun, toda una época. Sebastian no sabe que aquella mañana de mayo de 1945 sus pasos le conducen hacia la muerte: una muerte prematura y absurda, pues fallecerá en la calle, atropellado accidentalmente por un camión de las tropas soviéticas que habían liberado Rumanía del yugo nazi y del régimen dictatorial del mariscal Antonescu, cuyas terribles leyes antisemitas tanto habían hecho sufrir a Sebastian y casi lo condujeron a la desesperación.

Es paradójico el destino de este autor: confiaba en triunfar como novelista y dramaturgo, pero ha sido su diario íntimo (y secreto), que empezó a escribir a los veintisiete años (diez antes de morir), lo que le ha convertido en una figura importante de la literatura europea del siglo XX. En sus abultadas páginas (más de 700 en la traducción española de Joaquín Garrigós) Sebastian dejó testimonio de su vida cotidiana, sus aspiraciones literarias, profesionales y sentimentales, y también narró sus penalidades y desgarro al ver cómo se iba implantando en Rumanía un régimen fascista, alentado además por personas con las que se sentía estrechamente vinculado por lazos de afecto y admiración, como Nae Ionescu (su maestro y gran referente intelectual) o su mejor amigo, Mircea Eliade.

Lógicamente, Coradino Vega recurre al diario de Sebastian como fuente documental, pero su relato (escrito en tercera persona) abarca muchísimos episodios que no aparecen en él y lo complementan. A mí me ha gustado mucho, por ejemplo, cómo imagina Vega las relaciones familiares de Sebastian, especialmente con su padre, un burgués de mentalidad acomodaticia, carente de grandes inquietudes. Este personaje y los citados Ionescu y Eliade son las figuras masculinas más importantes en la vida de Sebastian, tres referentes que, por diferentes razones, le acabarán decepcionando profundamente, y todo ello se recrea en la novela con elocuencia e intensidad.

La noche más profundaDesde el punto de vista formal, destacan en el libro sus ambiciosas analepsis y una división en partes que parece obedecer a un planteamiento musical (el propio título de La noche más profunda proviene de un texto de Nietzsche cantado en la 3ª sinfonía de Mahler; este compositor, por cierto, afirmaba que escribir una sinfonía era tanto como levantar un mundo, algo equivalente a lo que Vega consigue en su novela). La parte inicial de la obra me recuerda al primer movimiento de una obra orquestal postromántica, donde fluyen a borbotones las melodías. En la segunda hay un cambio de tono y de tempo: todo se vuelve más relajado, lírico, a veces casi pastoril; en esta parte se rememora también, en páginas muy hermosas, la estancia de Sebastian en París, donde aprendió a disfrutar de la música y la pintura. La tercera parte parece inspirada en una de esas marchas implacables de Shostakóvich: domina una sensación de angustia y se describen momentos históricos terribles: el golpe de Estado fascista, los progromos, el rigor de la guerra… Por fin, la última parte tiene aire de lied melancólico, como corresponde a la tristeza y el desengaño de Sebastian en aquel momento.

El impulso que llevaba al autor rumano hacia la literatura era el placer de narrar, de plasmar historias divertidas y brillantes. Llegó a redactar una obra de teatro solo para complacer a una mujer e intentar ganar su amor. Coradino Vega es un narrador igualmente dotado para las letras, pero su tono es muy diferente. El motor de sus novelas es siempre un problema ético y una reivindicación de la dignidad humana en tiempos envilecidos, como lo fueron (¡y de qué manera!) los que describe en su última obra.

La noche más profunda es, en fin, una novela de rara ambición, llena de momentos hermosos, también de tristeza y rabia. Ojalá tenga éxito y se difundan en España, de paso, la obra y el ejemplo del gran Mihail Sebastian.