Ángel Guinda: poeta del espíritu humano

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Con su último poemario doble: "Los deslumbramientos seguido de Recapitulaciones"

  

Ángel Guinda por Columna Villarroya 2009

 

 

Texto: Enrique VILLAGRASA  Foto: Columna VILLARROYA

 

 

En y desde la diáspora sabemos que en Aragón hay un poeta del espíritu humano y este es Ángel Guinda (Zaragoza, 1948), un poeta galardonado con el Premio de las Letras Aragonesas en 2010, quien nos vuelve a sorprender con su último poemario doble: Los deslumbramientos seguido de Recapitulaciones (Olifante), con versos de la talla de: “¡Nacer es deslumbrarse!” o “Antes pisaba la tierra./ Ahora piso el firmamento”. ¡Humildad es reconocer la verdad!

Bien, pues, nos hallamos ante un volumen, con una setentena de páginas, que acogen dos sencillos poemarios, casi dietarios o cuadernos escolares, Los deslumbramientos con 38 poemas y Recapitulaciones con 11 poemas: poemas todos más bien breves, fáciles de leer y de gran belleza y enjundia. Nos encontramos con una poesía de calidad y excepcional, sin ninguna duda. Poesía que la persona lectora descubrirá como un verdadero regalo para el cerebro. Y para los que sufran el verso tienen la prosa casi aforística, pues si el primer libro es todo poemas al uso, el segundo tiene poemas en prosa y de verso tradicional.

Los deslumbramientos seguido de RecapitulacionesÁngel Guinda es un poeta existencial, amante de la vida, y bien puede decir que ha vivido: y lo confiesa en estos deslumbramientos y en estas recapitulaciones. El tiempo pasa igual para todos y llega un momento en el que el poeta se mira y ve que: “Su ausencia sigue siendo un espejo embrujado”.

Amor, poesía, vida y muerte: todo esto es Ángel Guinda, discípulo directo (por lecturas) de Agustín de Hipona: el de ama y haz lo que quieras. Solo hay que leer la cita que abre el volumen para darnos cuenta de eso. Es de Ezra Pound. También hay citas en la misma línea de Enrique Urquijo, Bocángel, Abdul Hadi Sadoun, Agustín Porras, Ahmad Yamani, Rosalía de Castro, Fray Jerónimo de San José, Fray Luis de León y Mahmud Darwish y es que: “No hay más lucida embriaguez que la Belleza”.

Y al igual que el de Hipona en Las confesiones, Guinda también trata el drama del hombre en su relación con el Amor demiurgo, pero en este siglo XXI. Y en esta poesía fragmentaria al igual que en los textos de Agustín también hay versos penitenciales: “¡Esta matraca del envejecer!”; de alabanza: “He perdido los ojos dentro de la belleza”; y de acción de gracias: “¡No por ser sordo deja de hablar lo oculto!”, sin ir más lejos.

En Recapitulaciones el poeta nos da, nos ofrece, la posibilidad de indagar en nosotros mismos, conocernos un poco más: pregúntate, piensa, rememora, tápate los ojos, vuelve, recapacita, el oro, evoca, mira, el muerto que llevo vivo y veo voces. Y es que antes de traspasar el umbral con su dintel vale la pena recapitular: “¡Fui amanecer. Soy ocaso!” Y el poeta se despide sabiendo y conociendo sus limitaciones, pues: “Nunca lo más grande debe estar dentro de lo más pequeño”.

Y es que (re)leer a Guinda es enfrentarte a la poética de lo fragmentario: reducción y concentración; es encontrarte con la actividad creadora del poeta; es conocer ese universo fracturado en que vivimos, por causa del progreso tecnológico, tal vez y entre otras cosas. Sin pérdida de tiempo, hay que regresar a la esencia del lenguaje. Hay que regresar a Ángel Guinda y su poesía. Es el ejemplo vivo del poeta que ha querido decirse y se ha dicho. Un poeta justo y necesario para el mundo y en el mundo: “¡No leas humo!/ ¡Aunque sea sobre agua escribe fuego!”

                                                                                             

MUY DENTRO

                       Vivir quiero conmigo.

                           Fray Luis de León

Siempre he hablado a las piedras.

Siempre he escuchado al silencio.

Para huir de lo banal.

Para entender el misterio.

Las cosas ya no me miran.

Las cosas ya no las veo.

Haber salido de todo.

Llevarlo todo muy dentro.

Antes pisaba la tierra.

Ahora piso el firmamento.