La sala de máquinas que palpita vista por Bill Bryson

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El sabio divertido que es Bill Bryson nos invita a meternos bajo nuestra propia piel en su ensayo, “El cuerpo humano”

  

Bryson edit

 

Texto: Sabina FRIELDJUDSSÉN

Hace mucho, cuando cursaba los primeros años de secundaria en una escuela estadounidense, recuerdo que un maestro de biología me enseñó que todas las substancias químicas que componen el cuerpo humano pueden comprarse en un droguería por cinco dólares”. Así arranca su nuevo libro. Bill Bryson tiene el don de contar muy fácil las cosas más difíciles. En su nuevo paseo por las cosas que le causan asombro nos lleva al viaje más cercano y a la vez más exótico, el interior de nuestro propio físico.

Este periodista reconvertido en profesor de filosofía, viajero, divulgador de la ciencia y compilador de saberes variopintos, lleva décadas compartiendo con los lectores su voraz curiosidad por todo lo que lo rodea. De ahí que su libro más famoso sea Una breve historia de casi todo, donde entra en el túnel de la geología, la química o la física para llevarnos desde el más minúsculo quark hasta las estrellas masivas a billones de kilómetros, alumbrándonos con curiosidades sin fin, hallazgos inesperados y vidas de científicos excéntricos disparatadamente entrañables. Entre sus numerosos seguidores se encuentra hasta el actor Robert Redford, que quiso ser Bill Bryson y lo consiguió llevando a la pantalla uno de sus singulares libros de viajes, Un paseo por el bosque, donde relata su empeño, junto a un amigo bastante desastroso que tiene golpes ocultos, en recorrer los 3.500 kilómetros del sendero de los Apalaches.

Cuerpo humanoCada libro de Bryson es un viaje, con mochila o sin ella. En El cuerpo humano (RBA) va recorriendo estaciones como “El exterior: la piel y el pelo”, “El yo microbiano”, “El sistema inmunitario” o “¡Respire hondo! Los pulmones y la respiración”. A Bryson, capaz de trenzar rigor y sentido del humor, le encantan los datos, incluso disparatados, para darnos una idea de la dimensión de las cosas: “Nuestro cerebro requiere solo unas cuatrocientas calorías diarias de energía, casi lo mismo que obtenemos ingiriendo una magdalena de arándanos. Intente hacer funcionar su ordenador portátil durante veinticuatro horas con una magdalena de arándanos”. Constantemente nos cuenta pequeñas historias reales para amenizar asuntos que de otra manera podrían resultar duros como el hueso. Para explicar cómo se logró averiguar que el principal agente digestivo del estómago era el ácido clorhídrico, nos cuenta lo acontecido en 1.822 en una armería de la pequeña población de Mackinac, en el norte de Michigan: “Un cliente estaba examinando un rifle cuando de repente se disparó. Un joven trampero canadiense llamado Alexis St. Martin tuvo la desgracia de estar a pocos metros de distancia en la línea de fuego. El disparo le abrió un agujero justo debajo del seno izquierdo y le dio algo que en realidad no quería: el estómago más famoso de toda la historia médica”. St. Martin no murió, pero la herida nunca se le cicatrizó y tenía en su cuerpo un agujero de 2,5 centímetros, una insólita ventana a su interior que aprovechó el doctor William Beaumont, que le ofreció vivir en su casa a cambio de dejarse observar y experimentar. De ese modo, viendo qué pasaba allá adentro con la comida que trasegaba Saint Martin, escribió un tratado sobre el aparato digestivo que estuvo vigente casi un siglo. Bryson nos cuenta que St. Martin sobrevivió veintisiete años al doctor Beaumont, se casó, sacó adelante a seis hijos y falleció a los 86 años.

Bryson nos dice que “un solo beso apasionado genera una transferencia de hasta mil millones de bacterias de una boca a otra, junto con 0’7 milígramos de proteína, 0’45 gramos de sal, o,7 microgramos de grasa y 0,2 microgramos de compuestos orgánicos variados (es decir, restos de comida). Pero en cuanto se acaba la fiesta los microorganismos anfitriones de las dos personas implicadas inician una especie de gigantesco proceso de limpieza y en aproximadamente un día el perfil microbiano de ambas partes se habrá restaurado más o menos por completo al que tenían antes de entrelazar sus lenguas. De vez en cuando se cuela algún agente patógeno y es cuando cogemos un herpes o un resfriado”.

Leyendo este libro uno aprende muchos porqués de las cosas. Por ejemplo, que los bebés duermen tanto porque su cerebro en crecimiento los agota: en los recién nacidos su cerebro consume un 65 por ciento de la energía de su cuerpo frente a un veinte por ciento en un adulto. La conversión de humanos en bípedos es la causa de que las mujeres tengan tantos dolores en el parto, debido al estrechamiento de la pelvis por nuestra posición erguida. Las mujeres (sanas y en buena forma física) tienen un cincuenta por ciento más de grasa que los hombres sanos y en buena forma, eso les proporciona reservas por si han de producir leche materna en tiempos difíciles. Tenemos unos 100.000 microbios por centímetro cuadrado de piel, y no son fáciles de erradicar: los médicos deben lavarse las manos con jabón después de cada examen de un paciente durante al menos un minuto para eliminar las principales bacterias. La coloración de la piel se decide por una tirilla de epidermis de tan solo un milímetro de grosor. A uno le llama la atención lo poco que sabe del cuerpo donde vive. Leer a Bryson resulta siempre un placer de lo más nutritivo.