Ensayos sobre el mundo pos-COVID 19

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El futuro tras la pandemia según Fang Fang, Zizek, Innerarity y Krastev

  

Covid ed

 

 

Texto: José Ángel LÓPEZ

La lectura de Diario de Wuhan de Fang Fang (ed. Seix Barral) nos estremece por lo que supone de experiencia vital compartida. Sin embargo, pasando de pantalla-como dicen los modernos- llega el momento de las reflexiones globales sobre las causas y, especialmente, las consecuencias de la crisis sanitaria global.

Slavoj Zizek realiza en Pandemia. La Covid-19 estremece el mundo (ed. Anagrama) un ejercicio de diletantismo exprés y, ciertamente, apresurado. Muy apresurado. Vaya por delante que utilizo la acepción del término diletante en su versión más positiva (persona que tiene afición por una o varias artes o disciplinas del saber) Quién quiera conocer la faceta más negativa solo tiene que acudir a la RAE. Zizek es un reconocido mezclador (cine, psicoanálisis en versión lacaniana, crítico cultural, sociólogo, marxista a tiempo completo y “celebridad filosófica”, según la revista Foreign Policy) cuya capacidad para llenar auditorios académicos es tan abrumadora como su ingente producción bibliográfica. Confieso que leyendo alguna de sus obras acabo teniendo, en diversas ocasiones, sentimientos contrapuestos. Paso de la desesperación y la incomprensión, a todas luces debido a mi ignorancia, de sus equilibrios dialécticos-en el sentido hegeliano- a la más profunda sensación de tomadura de pelo.

En este trabajo, sin embargo, no hay grandes revelaciones ni sesudas reflexiones. De hecho, reúne un reducido conjunto de ideas de café que, producto de la lectura de prensa, pueden ser compartidas por parte del cuerpo social que se sienta concernido por la evolución de la comunidad internacional y del capitalismo neoliberal en su versión más desatada. La afirmación “todos estamos en el mismo barco” (gran perogrullada) permite al autor describir la gestión de China en la pandemia, suprimiendo libertades civiles (¿Qué libertades ofrece el régimen?) o de Estados Unidos y el negacionismo trumpiano que le permite realizar su primer encaje lacaniano de rigor: “la suspensión de la verdad real no elimina su eficacia simbólica”. A pesar de sacar al escenario a los “sospechosos habituales” (la globalización, el sistema capitalista, las desigualdades socio-económicas) reconoce en la pura contingencia la inevitabilidad de la pandemia.

Resulta interesante la reflexión sobre la auto-explotación individual que, situaciones como el confinamiento y el teletrabajo pueden acentuar. Sin embargo, su “lección geopolítica” de la conexión Putogán (Rusia y Turquía) y errores de bulto-como la jurisdicción penal internacional para Putin- así como las referencias a Orbán, son perfectamente elaborables por cualquier lector habitual de la prensa. El repliegue estatalista durante la crisis sanitaria anuncia algo muy diferente a la solidaridad global basada en una “reinvención del comunismo”, mandato-según Zizek- de resultas de la Covid 19 y de la doble infección viral (real y virtual, la del mercado capitalista) La tradicional mixtura con el psicoanálisis lacaniano y con Freud le lleva a reflexionar sobre el mandato del super-ego y el imperativo del disfrute ilimitado e inmediato de la vida, que acaba convirtiéndose en una monotonía asfixiante. Por ello considera que los “tiempos muertos”, como el del confinamiento, pueden resultar fundamental para revitalizar nuestra experiencia vital, liberándonos de una actividad frenética y, en muchos casos, completamente absurda.

La interconectividad de la globalización ha convertido acontecimientos locales en miedos globales que se traducen en las clásicas fases vividas durante la expansión de la pandemia: negación, cólera, negociación, depresión y aceptación. Zizek lo ejemplifica con un curioso modelo: terapeutas que se negaban metodológicamente a realizar sesiones a través de Skype han pasado de manera fulminante a las sesiones online; ya se sabe, la teoría marxista de Groucho (estos son mis principios…)

Las reflexiones sobre Trump, Netanyahu, u Orban son obvias y superficiales. Sin embargo, resulta reiterativa su revindicación de personajes como Julian Assange. Se pueden compartir reflexiones en torno a la versión capitalista pos-Covid 19, caracterizada por un control social, digital y de la privacidad más férreo. Sin embargo, su apelación a un comunismo del desastre frente a una versión igualmente ruinosa del capitalismo no se desarrolla en el trabajo. La imprescindible solidaridad y cooperación global forma parte más de un deseo desmentido por la realidad que, indefectiblemente, se convierte en una suerte de mandato kantiano: obedeced, pero pensad. En definitiva, la cantidad de producción bibliográfica no garantiza el nivel cualitativo de la misma.

Daniel Innerarity ha trazado igualmente un análisis de urgencia en Pandemocracia. Una Filosofía de la crisis del coronavirus (ed. Galaxia-Gutenberg) Sin embargo parte de un trabajo previo más global sobre la gobernanza en el siglo XXI (Una Teoría de la democracia compleja) Una de las tesis del mismo apunta a la incapacidad para gestionar problemas complejos, cuestión que, en una situación de riesgo global como la crisis del coronavirus, plantea un problema pandemocrático. Considera Innerarity que nos enfrentamos ante un acontecimiento que genera un efecto cascada y que no puede gestionarse sin un pensamiento complejo. Aunque las crisis complejas (climáticas, financieras, de descrédito de los sistemas políticos) solo enseñan a aquellos que quieren aprender. El lenguaje es importante en estas cuestiones: no estamos ante un problema solo epidemiológico sino también epistemológico, de nuestra percepción del mundo y, por ello, no percibimos que no estamos ante el fin del mundo sino ante el fin de un mundo. El conocimiento que se utiliza para hacer frente a la pandemia es multidisciplinar, plural y revisable. Así como la solución de la misma es global o no lo es. Nos encontramos ante un ya no de los Estados pero un todavía no de la gobernanza global. Para Innerarity es un virus contra el populismo, ya que revaloriza lo que más detesta ideológicamente: el saber experto, la comunidad global y las instituciones. Los políticos se encuentran ante el “drama de decidir” en un entorno de complejidad para el que, quizás, no están preparados. Nos enfrentamos también ante una crisis de las generaciones, en cuanto a la vulnerabilidad y frente a las consecuencias económicas. Por ello, de nuevo, más democracia global y más cooperación son las únicas opciones válidas. Cuestiones como confinamiento, libertad de movimientos, gestión del riesgo en el desconfinamiento y daños sociales colaterales, así como la evolución de la globalización y el futuro de la Unión Europea son otras cuestiones analizadas en el trabajo. Innerarity desconoce como todos, pero tiene el valor de afirmarlo, si aprenderemos algo de la crisis de la pandemia. El riesgo sería caer en un estado de zombis, sin hoja de ruta. Gran aviso para los que han lanzado estos meses el mantra de “de esta crisis saldremos mejores”. Apunta algunos escenarios de futuro: podemos recaer en la estupidez colectiva en lugar de en el aprendizaje de la experiencia; la vuelta al Estado es ilusoria y momentánea ya que la globalización seguirá imponiéndose; los bienes públicos comunes serán globales-no estatales- ya que serán imprescindibles frente a los desafíos también globales (pandemias, cambio climático, emigración, comunicaciones, flujos financieros) En este escenario la soberanía estatal es una entelequia.

La última obra publicada de las recientes aportaciones al tema-aunque se prevé una nueva oleada en los próximos meses- es ¿Ya es mañana? Cómo la pandemia cambiará el mundo de Iván Krastev (ed. Debate) Para el politólogo búlgaro defensor de la teoría de la imitación de los Estados de Europa Oriental de los sistemas democráticos occidentales en su obra La luz que se apaga, la pandemia ha sido el clásico “suceso cisne gris”, es decir, un hecho muy probable cuya llegada pone el mundo patas arriba y causa una extraordinaria conmoción. Tras un breve repaso histórico sobre la influencia de las epidemias en la historia de la humanidad Krastev habla del retorno del Estado, del imparable declive del liderazgo mundial norteamericano que, sin embargo, no es sustituido por la alternativa china y del impacto futuro en el devenir de la Unión Europea. Los sistemas democráticos de corte liberal ya acusaban síntomas de debilidad, tanto en la credibilidad de sus instituciones como en la polarización del sistema de partidos. El populismo-los populismos- ya estaba presente. El temor radica en su potencial exacerbación derivada de las consecuencias de la pandemia. De hecho, considera el autor que la percepción de la gestión de la crisis no evidencia una conexión entre sistemas democráticos y autocráticos con una correlación positiva o negativa. No hay más que observar los ejemplos de Trump o de Johnson o los negacionistas como Bolsonaro o Lukashenko, pero igualmente, lo acontecido en China o en España e Italia.

Krastev no es un politólogo apocalíptico; considera la crisis como no sistémica-como si sucedió con la económica y financiera previa- sino como una oportunidad para canalizar una globalización que no va a desaparecer, a pesar de los nacionalismos estatalistas exacerbados. Sin embargo, las disfunciones previas de las democracias liberales van a continuar y la consecuencia esencial es su descrédito entre la ciudadanía. Krastev utiliza una comparación psicológica que diferencia entre el miedo y la ansiedad: cuando acabe la fase presidida por el primero, se consolidará entre nosotros la segunda. El futuro es inexcrutable pero nos provoca enorme ansiedad, especialmente hacia nuestros hijos.

En sus conclusiones establece una sugerente comparación utilizando la novela de Saramago “Ensayo sobre la ceguera” y su conclusión: “Ciegos que ven sin ver”. Las enfermedades, para el Nobel portugués, no nos transforman, nos ayudan a captar el verdadero rostro de nuestras sociedades. Las paradojas resultantes de la crisis de la Covid 19: la globalización ha favorecido su difusión y su conversión rápida en pandemia; al mismo tiempo va a consolidar este proceso universal por la interrelación en las cadenas de suministros básicos; la restricción de las libertades, derivada de los estados de emergencia, van a frenar las pulsiones autoritarias en las sociedades democráticas. Sin embargo, la cadena crisis sanitaria seguida de crisis económica y social puede determinar unas derivadas imprevisibles en lo político; la Unión Europa no solo puede desaparecer sino, lo que es más grave, convertirse en un actor irrelevante. Y la última paradoja: el confinamiento nos ha convertido en más cosmopolitas que nunca. Hemos compartido la misma experiencia vital, las mismas conversaciones y el mismo miedo de manera global y de forma síncrona. Una experiencia histórica inédita.