Grecia, I love you

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“Mi gran odisea griega”, la historia de amor de Mary Norris con la cultura helena

  

Mary Norris 2 ed

 

 

Texto: Susana PICOS

 

 

La americana Mary Norris visitó Barcelona, justo antes de la pandemia, para presentar su libro Mi gran odisea griega (Larousse). Norris, que trabaja como correctora en uno de los medios culturales más influyentes, The New Yorker, volcó en este libro su pasión por el país griego, un entusiasmo que comparten grandes artistas angloamericanos y que ha dado como fruto obras memorables. Los libros de Gerald Durrell sobre sus veranos en familia en la isla de Corfú, Mi familia y otros animales, Bichos y demás parientes y el Jardín de los dioses, son un excelente ejemplo. El polémico Henri Miller pasó un año en Grecia y escribió sobre la sensualidad mediterránea en El coloso de Marusi y conocida es la influencia de la literatura griega en Óscar Wilde o en James Joyce, quien tituló su obra capital con el nombre de Ulises. La lista podría ser interminable. Estos días se ha publicado en la prensa que el actor Tom Hanks y su familia acaban de convertirse en ciudadanos griegos y ahora disfrutan de doble nacionalidad. Es indudable que el magnetismo del país heleno sobre los angloamericanos sigue manteniéndose intacto.

Mary Norris ha escrito un libro que aúna la literatura de viajes, la mitología y la lingüística. Norris cuenta en Mi gran odisea griega cómo empezó a estudiar griego a la edad de 30 años, cuando ya formaba parte del equipo editorial de The New Yorker, y cómo se enamoró inmediatamente del país. Su primer viaje a Grecia lo hizo sola y con pocas nociones del idioma, lo que le deparó algunos problemas para comunicarse y se dio cuenta de que el griego que estudiaba y el que se hablaba actualmente en el país heleno poco tenía que ver y si quería mezclarse con sus habitantes tenía que aprender los dos. En el libro, Norris hace algunas recomendaciones sobre cómo se pronuncian o escriben algunos términos o algunos usos del griego moderno: “Una de las partículas más simples, que sigue en uso en el griego moderno es xai, que funciona como conjunción copulativa y o como adverbio con el significado de “incluso, también”. Cuando los griegos enumeran una lista o serie, te repetirán xai entre elemento y elemento, y este reiterativo xai no tiene más peso que una simple coma.” El buen uso de la coma siempre ha interesado a Norris y, de hecho, tiene un libro en inglés dedicado a ella: Entre tú y yo. Confesiones de la reina de la coma. Norris habla también de las influencias idiomáticas del griego en nuestra lengua y en el inglés. Por ejemplo, nos cuenta que muchas palabras del mundo natural vienen del griego moderno: océano, delfín, hipopótamo, peonía, elefante o pigmeo, con alguna excepción, como octopus (en inglés, pulpo) que procede del griego antiguo. También nos enseña cómo se escriben y se pronuncian en griego los números, los nombres de algunas comidas y los de las estaciones.

OdiseaEn Mi gran odisea griega, Norris nos explica también su relación personal con la cultura helena. Nos cuenta que una de sus mayores satisfacciones fue la de participar en las obras teatrales del campus de Columbia representadas en griego clásico. Se entusiasmó ensayando los papeles y aprendiendo los textos y participó en Electra y en Las Troyanas de Eurípides. Su deseo de empaparse de la cultura griega en su vida diaria le llevó, incluso, a mudarse durante una temporada a Astoria, el barrio grecoamericano de Queens, para poder sentir Grecia un poco más cerca. Homero y la Acrópolis son “sagrados” para Norris y su conocimiento de los mitos se refleja en las distintas historias que va entrelazando. Uno de los capítulos del libro lo titula “Deméter de mi corazón” en el que nos explica su viaje a Eleusis y los mitos de ese lugar de adoración. “Era la Madre Tierra de los dioses griegos. Su hija, Perséfone (a menudo llamada Core, que significa “niña” simplemente) fue raptada por Hades, quien se la llevó al Inframundo… La pérdida de la hija fue una tragedia para Deméter y ya no le quedaron ánimos para hacer crecer nada. Nadie podía consolarla e igual que lloraba ella, hacía llorar a los mortales…El luto de Deméter provocó una hambruna. Zeus y los otros dioses se dieron cuenta de que, si los mortales se extinguían, no quedaría nadie que los adorara, así que permitieron que la reticente novia regresara con su madre. Pero había truco: antes de irse, Hades le hizo comer unas semillas de granada…Y como probó la granada (“tomó su semilla en la boca”), Core quedó obligada a volver al Inframundo.”

Tras su primer viaje de iniciación a Grecia, Mary Norris ha regresado siete veces más. En el libro nos ofrece consejos basados en sus experiencias, recomendaciones para hacer un buen uso del idioma e información sobre la cultura helena, pero, sobre todo, Mi gran odisea griega es la historia de un gran amor, el de una mujer americana con Grecia.