“Somos la memoria que nos queda”, José Esteban

Hits: 326

Reino de Cordelia publica “Ahora que recuerdo”, las memorias del “último bohemio” de las letras, José Esteban

 

Jose Esteban

 

 

Texto: Alfonso DE LA HOZ GONZÁLEZ

Las memorias literarias constituyen un género cuya profusión no ha sido precisamente abundante en nuestra literatura, a pesar de que contamos con excelentes testimonios como La novela de un literato de Rafael Cansinos Assens, Recuerdos y olvidos de Francisco Ayala o Los pasos contados de Corpus Barga. Ahora le toca el turno a José Esteban (Sigüenza, 1935), un todoterreno de nuestras letras, quien a sus 83 años nos ofrece una divertidísima y amena selección de sus recuerdos literarios, que abarcan medio siglo de la vida española.

Novelista, ensayista, investigador, paremiólogo, editor y crítico, entre otras muchas actividades relacionadas con la escritura, José Esteban advierte ya en el prefacio que “somos la memoria que nos queda”.

Portada. Ahora que recuerdoEl voluminoso libro que nos ocupa está plagado de anécdotas que abarcan el franquismo, la Transición y la democracia. Comprometido políticamente con la oposición al franquismo y republicano convencido, el autor de las novelas El Himno de Riego y La España peregrina es, sin embargo, un hombre libre de toda clase de sectarismos, capaz de sentar a la misma mesa a Bergamín y a Giménez Caballero. Por la trastienda de la librería/editorial Turner, que regentó durante muchos años en la madrileña calle de Génova, han pasado autores de diferentes ideologías y creencias.

Madrileño de vocación, como su eterno compadre Armas Marcelo, frecuentó en los 1950 a Baroja y a Hemingway, quien le invitó a su primer whisky. Como divulgador cultural y asiduo a las tertulias del Gijón rescató del olvido a escritores como Eugenio Noel, Felipe Trigo o José Díaz-Fernández.

Tuve la oportunidad de asistir hace unos meses a la presentación de su libro, donde el autor, bastante risueño y flanqueado por Fernando Rodríguez Lafuente y por el ya citado Armas Marcelo, desgranó alguna de las desopilantes historias que el lector podrá encontrar en estas más de seiscientas páginas, salpicadas de numerosas fotografías; entre ellas, una imagen inédita de Cela portando el féretro de Pío Baroja.

Los escritores hispanoamericanos son otra constante en estas voluminosas memorias, destacándose la presencia de los peruanos Vargas Llosa y Bryce Echenique; aunque también deben mencionarse los viajes del autor a México, donde, además de torear junto a Cantinflas, buscó con infructuoso denuedo la tumba de Luis Cernuda.

Otros personajes que aparecen con cierta continuidad son Caballero Bonald, Onetti y muchos de los que volvieron del exilio, destacándose la rápida y agradable integración por parte de Francisco Ayala, cuyo reverso podemos encontrar en las hoscas y desabridas palabras que el autor recibió de un Ramón J. Sender que se sentía vigilado a todas horas por agentes del comunismo.

Esteban rechaza con vehemencia el apelativo del “último bohemio” que algunos intentan adjudicarle, aunque simultáneamente escribe encendidos panegíricos a la vida bohemia y a sus más claros representantes. Los viajes como miembro del Pen Club constituyen otro de los reclamos más divertidos de este libro, que llega a reivindicar el lenguaje de los borrachos como único idioma verdaderamente universal.

Debe destacarse también la sugestiva persuasión de estas memorias literarias, ya que el que suscribe, haciendo caso del autor, no pudo resistirse y acudió a la emblemática y tradicional freiduría de la calle Embajadores a degustar unas formidables gallinejas, exquisito y popular plato madrileño, que le da la oportunidad al autor para enmendarle la plana a la Real Academia Española, por lo inexacto de su acepción en el Diccionario de la Lengua.