Jacques Rancière y Federico Galende contra la estetización

Hits: 669

Eterna Cadencia publica “Rancière. El presupuesto de la igualdad en la política y en la estética”

 

Rancière ed

 

 

Texto: José de María ROMERO BAREA


La obra del filósofo francés Jacques Rancière (Argel, 1940) informa de una curiosidad infinita sobre el mundo del que formamos parte; de la certeza de una integridad que privilegia lo universal, lo que nos une, en lugar de dar cuenta de los hechos particulares que nos separan. Calentamiento global, terrorismo, crisis alimentaria… frente a la autodestrucción de la individualidad; el discípulo de Louis Althusser se ocupa de la creación necesariamente gregaria.

En el ensayo Rancière. El presupuesto de la igualdad en la política y en la estética (Eterna Cadencia) el Doctor en Filosofía Federico Galende (Rosario, Argentina) profundiza en la noción de Rancière de que es posible comprender el patrón que cada uno habita a través del respeto contemplativo de la misteriosa interconexión de las categorías.

En el tratado, Galende ahonda en el supuesto de Rancière de que sólo la experimentación artística logra socavar el impulso analítico, la conciencia y el propósito en la decisión de crear; citando, además“[el poeta francés] Edmond Jabès [El Cairo, 1912–París, 1991, que] dice: (…) no se escribe para superar a los otros, se escribe para poner un rato el mundo en estado de espera, para hacer callar las frases hechas que nos habitan y atontan o simplemente porque se quiere traspasar la imposibilidad de hacerlo”.

Según Federico Galende, la falacia de un mundo interconectado mantiene en pie al inestable capitalismo basado en la comunión sensual, dulcemente transgresora, de todo lo que existe: “La aporía del progreso consiste en desplegarla cuando en realidad hace todo lo contrario: frenar su movimiento, interceptar sus extensiones, podar sus experimentos”. En las redes sociales, las identidades se definen mutuamente, cada una muta en respuesta a las demás, un ethos grupal que ninguno de nuestros avatares representa del todo. La comprensión imperfecta de lo que sucede alimenta nuestra ansiedad, nos lleva a aumentar la necesidad de controlar las formas en que nos relacionamos.

Jacques Rancière apunta a la relación entre el ocio y el negocio, íntimamente vinculados, mutuamente condicionantes; al explorar situaciones controvertidas a través de una conciencia dependiente que privilegia la interdependencia. “La emancipación no depende”, argumenta Galende, “ni de las advertencias ni de los saberes que los espíritus despiertaconciencias transfieren a los desposeídos; estriba en la capacidad de los filósofos para discutir la palabra que ejercen y en la de los desposeídos para tomarse esta palabra”. La creatividad en sí misma implica aperturas al material desde el inconsciente.

Coincide Galende con Rancière en que la mente consciente, por sí misma, es incapaz de comprender el vasto sistema del cual es apenas parte: “Restituye el presupuesto de igualdad entre los hombres (…) manipular las herramientas con las que contamos para aproximarnos del mejor modo a un indecible”. Por tanto, cualquier intervención racional para resolver un problema siempre será parcial. Incompleta.

En internet, el prejuicio instantáneo conduce al autodesprecio proyectado. La única solución posible parece ser cambiar nuestra forma de pensar, nuestra manera de conocer, aducen uno y otro, una nueva mentalidad basada en formas ancestrales de pensamiento, donde el propósito consciente no sea el daño colateral de una vida mental. Crisis sanitarias, conflictos petroleros, guerras internacionales,… el tratado El presupuesto aporta métodos para establecer las relaciones intangibles entre los diferentes tipos de comportamiento, estandarizados ante la recolocación de lo relevante, mientras reúne sus piezas contundentes, separadas espacial y contextualmente, pendientes de “la relación que une la lección del orden explicador a la recepción pasiva de los no instruidos; la que une el espíritu superior de las vanguardias partidarias a los procesos de autodeterminación de los oprimidos; la que une el virtuosismo del arte político a la concienciación del espectador anestesiado por la forma burguesa o la estetización de la vida”.