Miradas con mucha calle

Hits: 573

Historias urbanas a través del ojo de 81 artistas en la exposición “Cámara y ciudad”, en el CaixaForum Madrid hasta el 12 de octubre

 

caixa forum ed

 

 

Texto: ANTONIO ITURBE  Foto: VÁLERIE JOUVE. 30/09/2020

 

Caixafórum Madrid, el centro cultural de la Fundación ”la Caixa”, ha convertido el interior físico de su edificio del Paseo del Prado en una extensión más de las calles de la maraña urbana a través de la exposición Cámara y ciudad. Un acuerdo con el Centro Pompidou de París ha hecho que se reúnan más de 250 obras en formato fotográfico, vídeo o fílmico de 81 creadores visuales en un diálogo entre los archivos del centro parisino y algunas importantes colecciones gráficas españolas. Florian Ebner, responsable del Departamento de Fotografía del Centre Pompidou y comisario de la exposición Cámara y ciudad, afirma queEs una pequeña historia de la representación de la ciudad”. Considera la ciudad como un complejo teatro, un escenario en el que las personas desarrollan el papel de sus vida: la comedia y la tragedia, la pasión y el hastío. Y la cámara, con su ojo silencioso, está ahí para mostrárnoslo.

Una visita a la exposición nos lleva a calles de ciudades europeas y a cruzarnos con muchos de sus habitantes como sucede cualquier día en cualquier avenida de la ciudad donde vivimos. Se habla a menudo de su deshumanización pero, viendo la exposición te das cuenta de que no hay nada más humano que las ciudades. Es el propio ser humano quien las ha creado a su propia medida: deslavazadas, desiguales, llenas de luces y sombras.

Vemos caballos reventados como barricadas de los que resisten a tiros, vemos en las filmaciones de hace cien años la misma ciudad de ahora: la paradoja de las avenidas en que unos circulan con prisa en un sentido y otros con el mismo absurdo afán hacia el opuesto. La ciudad es otra y es la misma en la fotografía de Pérez de Rozas de los que descargan colchones para los refugiados en 1936. La ciudad ahora es más moderna y el camión más potente, puede que incluso los colchones sean de látex, pero los refugiados son los mismos.

Una foto de André Kertész de 1925 nos descubre para qué sirve la torre metálica que levantó Eiffel en medio de París: es un inmenso pararrayos. Una torre que podría haber parado rayos en otra ciudad porque Gustave Eiffel la construyó pensando en Barcelona y la ofreció para la exposición universal de 1888 a la capital catalana, pero se la rechazaron. De Barcelona hay una poderosa imagen del bosque de hierro de las antenas de televisión de los terrados de su barrio portuario, la Barceloneta. Es una foto de  Hannah Collins. Ella afirma que La mayor parte de mi trabajo es una linea entre la cultura y el mundo”.

Vemos a una mujer que sube una escalera interminable sosteniendo a su hijo como si caminara sobre un mar de cemento, nos adentramos por los rincones iluminados por faroles de los barrios peligrosos donde siempre hay alguien que hace como que sonríe y se fuma la tristeza. Compartimos la fascinación en blanco y negro de los niños de ciudad por el hielo, observamos los bloques de pisos como panales. Los edificios son el paisaje de la ciudad. Al fotógrafo Mathieu Pernot le gustan los edificios más sólidos derrumbándose y las sonrisas construyéndose en los lugares más frágiles de la sociedad. Sus fotos nunca dejan indiferente.

Hay múltiples formas de mirar la ciudad en esta exposición: Mishka Henner fotografía incluso sin cámara. Nos muestra imágenes aéreas asombrosas, con combinaciones de colores y formas hipnóticas que han hecho por él los satélites de Google Earth. Aprovecha el bombardeo gráfico del planeta para, con su ojo entrenado y unos leves retoques, mostrarnos lo asombroso que de otro modo pasaría desapercibido. Otras miradas son mucho más cercanas, como esos personajes que miran a otro lado, como si quisieran dejarlo todo atrás de las imágenes de Valérie Jouve. Recorre incansablemente la ciudad en busca de la intimidad de sus habitantes.

Otra artista que recorría la ciudad con un empeño obsesivo era Diane Arbus. Nos observan desde la pared su pareja de adolescentes vestido como ancianos, con un rostro tan prematuramente envejecido que ya sabemos cómo será el resto de su vida, incluso su muerte. En las grandes fotografías quien se retrata es el propio fotógrafo, y en esos seres problemáticos, raros, deformes o desplazados Arbus se retrataba a sí misma en el eterno desasosiego que la llevó a quitarse la vida demasiado joven.

En la exposición nos encontramos con otros grandes de la historia de la fotografía, como Cartier-Bresson, otro cazador de instantes. Para él el instante era todo. Decía: “cuando algo sucede, debes ser muy rápido. Como un animal y una presa, ¡boom! Lo agarras y la gente no percibe que lo tomaste. Muy a menudo, en algunas situaciones, puedes tomar solo una foto. No puedes tomar dos”. Así dicho, parece fácil, pero ves sus fotos y hay algo irrepetible en ellas, como si ese momento que capta sólo él fuera capaz de detenerlo en el tiempo.

Hay tiempo hasta el 12 de octubre para dejarse caer por el CaixaForum de Madrid y recorrer una ciudad laberíntica de mil miradas.