Margarita Rivière nos deja solos

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texto ANTONIO ITURBE

Fue siempre periodista. Delegada de la Agencia EFE en Cataluña. El Periódico, La Vanguardia, El País… Estuvo en muchos medios muy distintos, pero siempre fue Margarita Rivière. Siempre estaba presente en sus artículos el peso de su personalidad independiente y nada protocolaria. Venía de la alta burguesía, pero fue siempre una intelectual rebelde que batalló por el feminismo, la democracia y la apertura de ideas. Porque Margarita Rivière batallaba. Parecía una persona arrolladora, pero solo era tenaz, apasionada. Cuesta hoy día encontrar periodistas que combinen tan bien la información con el carácter y la defensa tozuda de aquello en lo que creen.

Experta en la sociología de la moda –aunque ella era la persona más sencilla del mundo vistiendo–, al día de todo lo referente al ensayo socioeconómico más innovador, combativa políticamente sin casarse con nadie… uno de sus muchos trabajos fue hacer el primer diseño de lo que sería la revista Qué Leer, a principios de 1996. Tuve la fortuna de estar allí y aprender mucho de ella.

Nunca dejó de estar ahí, más aún en los momentos de mayor fragilidad. A veces me recomendaba que no perdiera tal libro o se ofrecía a hacer esta pieza o la otra sin preguntar si había presupuesto. Ella usaba poco el correo electrónico, que se ha convertido en herramienta profesional tan habitual por su comodidad e higiene, también por su distancia. En cambio, agarraba el teléfono y llamaba. A cualquier hora, desde donde fuera. La urgencia de contar algo, de compartir su entusiasmo o su enfado por algún asunto eran un incendio que no cabía en la frialdad de la pantalla de un correo. Cuando ya casi no llamaba nadie, ella seguía haciéndolo. Incansable, vehemente, tibia nunca.

En los últimos tiempos, un enfisema le fue obstruyendo los pulmones. Necesitaba de la ayuda de un carrito de oxígeno y no podía dar más que unos pocos pasos sin que le faltara el aire. Pero nunca se rindió. Se sentaba en el sofá, se ponía las dos gomas en la nariz y te seguía contando, te seguía pidiendo que le contaras. Enferma como estaba, era ella la que daba ánimos a los demás para que siguiéramos peleando por nuestra dignidad profesional. Siguió con sus libros, sus artículos y su combate por las ideas progresistas hasta el último momento. Ha tenido en este tiempo el apoyo de su marido, Jorge de Cominges, persona de una paciencia infinita con todos, que ha hecho que pudiera ser Margarita Rivière hasta el último minuto. Ese ha sido su regalo. El miércoles pasado, por videoconferencia, aún estuvo defendiendo su último libro, Clave K, una novela muy incómoda para el poder político que las editoriales tuvieron más de quince años en el dique seco. Pero ella no se conformó pese a las negativas. Perseveró, como siempre. No la frenó el enfisema. No la podía frenar nada, sólo Jorge, cuando había que apaciguar su ardor guerrero. Se salió con la suya.

El martes iba a salir en este portal la reseña de su último libro. Pensamos ahora saltar ese texto. “Ara no toca”, diría un personaje de su novela. Pues señores del “ahora no toca”, fastídiense porque ahora sí toca. Vamos a publicar esa reseña tal cual se escribió cuando ella aún estaba presente. Así será, ese será nuestro homenaje porque eso es lo que ella nos enseñó: hay que pelear siempre.

Gracias.