La novela abrelatas de Margarita Rivière

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texto ANTONIO ITURBE

La muerte de Margarita Rivière ha abierto un vacío enorme en el periodismo. Un boquete. Pero nos ha dejado en herencia un libro para que no nos durmamos, para que nos exclamemos, para que sigamos siendo ciudadanos inconformistas y no estatuas.

 

Margarita Rivière era una de las periodistas con más oficio de este país: trabajó en televisión, radio, en la Agencia EFE y en diarios como El País o La Vanguardia. Escribió miles de artículos y una treintena de ensayos, pero, cuando en los años 1990 se planteó revelar la interioridades de la política catalana, vio que aquello era un grand guignol y que las herramientas del novelista le permitirían contarlo de manera más potente, y seguramente ahorrarse unas cuantas demandas judiciales de gente muy, pero que muy poderosa. No obstante, tras escribir Clave K, una novela muy incómoda con el poder político en la etapa de máximo esplendor de los gobiernos de Convergència i Unió, vio cómo las editoriales la rechazaban educadamente. Ahora no toca.

Por gentileza de la comprometida editorial Icaria, y ahora que ya no asusta tanto el honorable “K”, sale a la luz más de quince años después este relato sobre la sociedad de entonces y de ahora, lleno de claves y reflexiones sobre los posos que han traído estos lodos. Nos lleva en volandas una hábil trama en la que Santa, una joven de buena familia, regresa después de un largo periplo de varios años fuera de la capital del país “kaiko” (no sería descabellado leerlo como Cataluña) y no deja de ir de asombro en asombro al conocer los entresijos de la gente bien de la ciudad: “las familias…”. Sus tíos pertenecen a la elite que orbita alrededor del poder y están muy cercanos a “K”, el líder político nacionalista, un exbanquero metido a la política, que acaba de obtener una aplastante victoria electoral. “K” es bajo, rechoncho, campechano, ambicioso. Cualquier parecido con Jordi Pujol es pura coincidencia. La estirada tía de Santa considera a “K” como “un hábil tendero, siempre regateando y tocando todas las teclas hasta conseguir lo que se proponía; lástima que tuviera tan escaso refinamiento, pero su inteligencia especuladora y anticipadora transformaba siempre una primera impresión negativa en admiración”.

Todo lo que hay en este libro es ficción, pero pocas veces puede uno leer una ficción que sea tan apabullantemente verosímil: parece gritar lo mismo que grita uno de los personajes en su momento de caída: “Sé cómo ha hecho su fortuna la nueva clase que ahora gobierna, sé quién espía a quién y por qué”. Veremos arder el viejo teatro de la ópera “kaiko” y nunca resolverse los extraños motivos del pavoroso incendio que facilitó su ampliación a costa de los inmuebles vecinos. Veremos recalificaciones a gogó y al líder “K” envolverse en la bandera para escapar de las acusaciones de malversación de fondos en su época de banquero. Y salirse con la suya.

Un retrato social magníficamente escrito, hábilmente hilado, relatado con un realismo irónico que pone los pelos como escarpias en un momento en que no era fácil escribir esas líneas. A los editores de la época debió parecerles impertinente, peligroso, desaforado o simplemente absurdo. Ahora, a la luz de los acontecimientos vividos por un “muy honorable” al que hasta los correligionarios le quitan las estatuas que tan facundamente le regalaron, se demuestra de una clarividencia extraordinaria.