"Soy pesimistamente optimista"

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texto REDACCIÓN

El escritor surcoreano Hwang Sok-yong pasa de los 70 aunque aparenta quince años menos, con un cigarro en la mano y con la cajetilla en el bolsillo preparada para renovarlo enseguida. Sonriente y locuaz, nos cuenta durante un encuentro en la Casa Asia de Barcelona para presentar su novela Bari, la princesa abandonada (Alianza) que en su vida personal ha sido muy desgraciado, aunque en su faceta como escritor ha sido muy feliz. Sok-yong vivió la guerra de Corea, pero fue su participación en la guerra de Vietnam la que le cambió su forma de ver la vida. Desde ese momento, su preocupación y reivindicación por las cuestiones sociales pasaron a ser una prioridad, y en sus obras siempre han estado presentes. Dice de él el premio Nobel Kenzaburo Oé que “es sin duda la voz más poderosa de la novela asiática actual”.

En Bari, la princesa abandonada, Hwang Sok-yong utiliza la leyenda coreana de la princesa Bari, abandonada por su padre, el rey, por no haber engendrado un varón, para denunciar el drama de la inmigración. Él mismo tuvo que dejar a su familia y su país cuando en 1989 viajó a Corea del Norte como representante de los escritores del Sur en un Congreso Mundial de Escritores, saltándose la prohibición de su gobierno. Se exilió en Berlín, donde presenció la caída del Muro, hecho que marcó su forma de concebir la literatura, dando más relevancia a su propia visión del mundo que a la realidad imperante, y siempre ambientándola en el Este de Asia. Vivió también en Nueva York, pero tras la caída de la dictadura y la elección de Kim Young-sam regresó a su país pensando que se iniciaba un período de libertad. En su lugar, lo que encontró fue una condena a siete años por “delito contra la seguridad del Estado”, de los cuales pasó cinco en prisión. Actualmente, Hwang Sok-yong es uno de los escritores más reconocidos por la crítica y por el público asiático, donde sus ventas alcanzan cifras millonarias.

Hoy en día, todavía hay voces que acusan a Hwang Sok-yong de “norcoreano”, y cuando los periodistas le preguntan por esa cuestión simplemente sonríe y explica que él no puede estar a favor de ninguna dictadura. Es antibélico y quiere defender los derechos de las personas, de todas las personas, sean de donde sean. “La historia que me interesa es la que se construye con las pequeñas historias del día a día”. Y cuando le preguntan por el futuro contesta: “Soy pesimistamente optimista”.