Apocalipsis en la carretera

título Pronto será de noche

autor Jesús Cañadas

editorial Valdemar

256 págs. 19 €.

 

Tras la caída de Madrid, esta vez no en manos de los Nacionales y sí en fauces de un horror mayúsculo e indescriptible, miles de personas se lanzan a la carretera camino del sur. El atasco resultante alumbra un heterogéneo grupo de compañeros de viaje: el policía Samuel, la embarazada Alicia, el taxista Alfonso, el periodista Abreu… y, por si su circunstancia no fuera ya lo suficientemente peluda, tras uno de ellos se esconde un asesino.

 

JESÚS CAÑADAS (Cádiz, 1980) trabaja para la feria del libro de Fráncfort y es autor de El baile de los secretos y Los nombres muertos, amén de diversos relatos aparecidos en revistas como Asimov Magazine o antologías como Charco negro.

 

Se esté acabando el mundo o no en sus primeras páginas –que parece que sí, la verdad, para qué engañarnos–, Pronto será de noche se presenta ingeniosamente en clave de locked room mystery al aire libre y pasa a desarrollarse a lo Diez negritos, aunque decora tan tradicionales esquemas negros encomendándose a la inspiración de La autopista del sur de Cortázar,La carretera de McCarthy, un destilado de Lovecraft y Ballard, y las piezas más corales de Stephen King. Pero casi ninguno de los padrinazgos hasta aquí citados nos prepara para la brutalidad que pronto brotará de esta tercera novela de Jesús Cañadas.

El apocalipsis, en efecto, es cosa seria. Y sangrienta y atroz porque, lo mismo que la enfermedad o cualquier otra forma de sufrimiento, difícilmente nos hará mejores personas; menos que menos dado su carácter definitivo. Tal y como acierta en la definición de los personajes sin cargar las tintas en su posible carácter simbólico o trasfondos sociales, tal y como extrae petróleo de las afinidades y desencuentros que entre ellos se establecen, a Cañadas tampoco le tiembla el pulso a la hora de conseguir que algunas escenas se transformen en el equivalente lector de sentir cómo te arrancan la piel a tiras.

Y no, nada se antoja gratuito en esta orgía escatológica. Toda vez aceptada la premisa inicial, ese atasco monumental que ejerce de limbo para una serie de seres cuyo padecimiento se encuentra in medias res, los golpes en el hígado van resultando tan coherentes como inevitables, dado el notable manejo del suspense –y del ritmo, y del lenguaje…– de que hace gala el autor. Y si el desenlace va a representar la puntilla al castigo recibido por nuestra sensibilidad, es en la resolución al enigma inicial donde la apreciación de la obra baja un peldaño: cojea la justificación del criminal en su propia voz, por más que venga de certificar que “la vida es una cosa absurda”, y lo cierto es que su último asesinato, tan múltiple y feroz, reclama un sentido más esmerado que el “todo vale” nihilista. MILO J. KRMPOTIC’

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