Tiempo de historias, tiempo de silencios

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texto y foto MILO J. KRMPOTIC'

Si hace un par de días comentábamos el salto de Gonzalo Torné a la novela negra, seudónimo de Álvaro Abad mediante, hoy nos toca abordar un camino opuesto.

De acuerdo, no del todo.

Pero por ahí andan los tiros (o la ausencia de los mismos): aunque debutó con una novela histórica titulada El pintor de Flandes, Rosa Ribas es conocida principalmente por sus títulos criminales, comenzando por la (de momento) trilogía de la comisaria Weber-Tejedor y acabando con las (de momento también) dos entregas de la serie de la reportera Ana Martí, Don de lenguas y El gran frío, que firma junto a su amiga Sabine Hofmann.

Pues bien, a fin de airearse un poco tras tanto asesinato misterioso, Ribas se ha apeado del género para escribir Pensión Leonardo (Siruela), una novela que también tiene su enigma, como ella misma reconoció durante la presentación barcelonesa de la obra en la librería Calders, pero en la que prima una mirada más intimista.

El escenario del título congrega, en la Barcelona de 1965, a una serie de personajes que son a su vez una serie de historias. Y alrededor de ellas pulula la hija de los dueños de la pensión, Lali, que a sus 12 curiosos años intenta rellenar los silencios de su propia historia familiar, con unos abuelos para ella desconocidos y un pasado que solo se despliega a partir de la fundación del establecimiento.

Con Carlos Zanón como introductor, Ribas contó que había ambientado la novela en la Ciudad Condal de los “veinticinco años de paz” por varios motivos: su necesidad de transitar literariamente escenarios geográficos para ella conocidos, las posibilidades que le prestaba el estallido de la inmigración que se dio en esa época y la tensión generada entre los pequeños pasos aperturistas (con la llegada de los primeros turistas, por ejemplo) y el hecho de que el miedo al régimen se hallara por entonces completamente asimilado, con un par de generaciones que habían nacido y crecido en él.

Una protagonista fascinada por el acto de narrar (ya a través de los tebeos que lee, ya en las voces de los huéspedes de la pensión) y esa mirada en proceso de formación, ansiosa por comprender el mundo que la rodea, son los elementos principales de este interludio, ya que Pensión Leonardo se verá seguida el año que viene por la esperada nueva peripecia de la comisaria Weber-Tejedor.

 

(En el número 2 de Librújula en papel, correspondiente a los meses de julio y agosto, publicaremos una entrevista en profundidad con Rosa Ribas.)