Palabra de Welles

Hits: 2790

 

texto MILO J. KRMPOTIC'

“El médico me ha prohibido que siga organizando cenas íntimas para cuatro… a menos que invite a ellas a otras tres personas”. En efecto, todo parece indicar que a Orson Welles le gustaba comer. Bastante. Y pueden duplicar el adverbio: le gustaba bastante comer bastante. Lo mismo que hablar por los codos. Y de ambas aficiones da fe Mis almuerzos con Orson Welles (Anagrama), edición de PeterMoteros tranquilos, toros salvajesBiskind que transcribe las legendarias cintas que Henry Jaglom grabó durante sus encuentros con el realizador de Ciudadano Kane entre 1983 y 1985.

Jaglom y Welles, Welles y Jaglom, se habían dirigido mutuamente (en Al otro lado del viento y A Safe Place, por ejemplo), y si los veintiséis años de edad que se llevaban y la disparidad entre sus respectivos méritos cinematográficos invitan a pensar en una relación de maestro y aprendiz antes que en una amistad de igual a igual, el hecho de que la parte contratante menos experimentada se convirtiera durante los primeros 1980 en una suerte de agente de su mentor, publicitando Hollywood arriba y Hollywood abajo su capacidad para seguir haciendo cine, indica que al menos los favores fueron devueltos.

Las charlas que recopila este volumen versan principalmente sobre la obra de Welles. Y, si bien no llegan al nivel de las conversaciones de Truffaut con Alfred Hitchcock, lo que extravían en el apartado técnico lo ganan con creces en el del chismorreo (la homosexualidad de Charles Laughton, el ego de Laurence Olivier, el puritanismo de Irene Dunne, la obesidad final de Marlene Dietrich…) y en el de la pasión por el Séptimo Arte (califica a Chaplin de genio, pero comenta que no hay película mejor o más poética que El maquinista de La General de Buster Keaton).

En este año presidido por los aniversarios wellesianos (cien de su nacimiento el pasado 6 de mayo, treinta de su fallecimiento el próximo 10 de octubre), Anagrama ha recuperado además Mr. Arkadin, la novela que comenzó precediendo y acabó acompañando al film homónimo, cuya génesis –tal y como explica Juan Cobos en el prólogo– aparece en los programas radiofónicos de la BBC en los que Welles interpretó a Harry Lime, su legendario personaje en la no menos mítica El tercer hombre de Carol Reed.