El Twitter trolero que engañó al "Times"

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texto ANTONIO ITURBE

Esta semana -lo contamos aquí- se armó la gorda después de que el prestigioso diario The New York Times publicara una reseña sobre el libro de Vargas Llosa La civilización del espectáculo poniéndolo como un pingo por su espectacular relación con Isabel Preysler, y especialmente por cobrar de la revista Hola! y usar su Twitter para airear asuntos sentimentales mientras critica la banalización de los medios de comunicación. Vargas Llosa negó rotundamente haber cobrado un céntimo de la revista Hola! y en carta educadamente furibunda les espetó que “nunca he tenido una cuenta de Twitter, y nunca he publicado ni publicaré en ninguna cuenta de Twitter”.

Si uno se va a Twitter, resulta que sí existe esa cuenta de Vargas Llosa donde, efectivamente, comenta su relación con Isabel Preysler e incluso anuncia su boda para el próximo 23 de junio de 2016. ¿Miente Vargas Llosa? Obviamente, no. Si el redactor del texto, Joshua Cohen, o los editores, hubieran estado un poco más espabilados, se habrían percatado de que es una cuenta de Twitter falsa, de un trol bien trolero. No hay que ser un hacha del periodismo para darse cuenta: ¿Un premio Nobel de literatura escribiría mal el apellido de su futura esposa? El texto del tuit dice: “Deseo anunciar mi boda con Isabel Presley”. ¿Pensaban que se iba a casar con una sobrina de Elvis Presley? En todo caso, el estilo de Vargas Llosa estaría más cercano a José Luis Rodríguez, el Puma. Solo tenían que haberse leído dos tuits, uno encima del otro, para ver el apellido escrito de dos maneras distintas: “Presley” y “Preysler” y preguntarse qué pasab ahí. Mucho pedir.

La cuenta, a primer golpe de vista, da el pego, es verdad. Pero si uno se toma la molestia de perder medio minuto en un par de comprobaciones se descubre enseguida que es más falsa que un billete del Monopoly: tiene como página web asociada la dirección www.alfaguara.es, perfecto, la página de su editorial, muy correcto. Pues no. Si clicas te manda a la página de Transportes Alfaguara, la empresa de un señor dedicado al reparto de bienes de consumo por carretera. Los del New York Times, a quienes siempre suspiramos por parecernos, han pinchado. Tal vez ni siquiera se tomaron la molestia de ir a ver la cuenta de Twitter y fusilaron directamente una noticia redactada en esa línea y con esos errores en el Daily Mail (diario menos fiable que un político en campaña electoral).

Durante décadas, en el New York Times han presumido de su concienzudo sistema de verificación de artículos por los editores de mesa, que comprobaban con minuciosidad obsesiva hasta el último dato de cada texto antes de poder ser publicado. El New York Times se ponía como ejemplo de buena praxis periodística en muchas facultades de periodismo y su fiabilidad era máxima. Pero, probablemente, algún listo decidió en un despacho recortar gastos tan superfluos como los editores de noticias (y, seguramente, subirse él su bonus) y este es el resultado. Menos mal que estos señores de Alfaguara (no los editores, sino los transportistas) tienen entre sus clientes a Colhogar: les voy a pedir un palé con media tonelada de papel higiénico porque que el diario más influyente del planeta haga estas pifias es para cagarse.