¿Quién demonios es Eduardo Halfon?

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título Signor Hoffman

autor Eduardo Halfon

editorial Salamandra

152 págs. 13,95 €.

 

Dos campos de concentración, el de Ferramonti di Tarsia en Italia y el de Auschwitz en Polonia, enmarcan esta nueva colección de estampas viajeras de Eduardo Halfon, que se despliega también por Guatemala y alcanza Nueva York en su búsqueda constante de la identidad. O quizá quepa hablar sencillamente de hallazgo, pues esa dichosa identidad del autor-protagonista tiene mucho de work in progress.

 

EDUARDO HALFON (Ciudad de Guatemala, 1971) es uno de los 39 grandes escritores latinoamericanos señalados por el Hay Festival de Bogotá en 2007, autor de El boxeador polaco y Monasterio.

 

En la última de las piezas que integran este nuevo volumen de peripecia halfoniana, nuestro héroe descubre de boca de su cicerone en Lodz, ciudad de uno de sus abuelos hasta que los nazis lo secuestraron y condenaron a un periplo de seis años por distintos campos de concentración, que, en cuanto funcionario prusiano, E.T.A. Hoffmann vivió en esas mismas calles mientras desempeñaba una curiosa misión: dar de alta en el registro a las familias judías de la zona, familias que, por campesinas, carecían de apellido, con lo que el autor de Los elixires del diablo debía otorgárselo, la sonoridad y connotaciones de su decisión ligadas al humor que gastara ese día en concreto. “Halfon”, por cierto, de origen hebreo o persa, vendría a significar “el que cambia de vida”. Fiel a esa etiqueta, –como hemos visto– en ocasiones tan debida al azar, a lo bien o mal que pasara la noche anterior un burócrata, el abuelo Halfon cambió de vida emigrando, tal y como el nieto Halfon cambia de vida cuando se planta ante la pantalla del ordenador para plasmar esos viajes y experiencias que le han ofrecido una mejor (in)comprensión acerca de quién o qué es, su ADN conformado tanto por la biología como por una memoria familiar que incluye habitaciones y calles y climatologías extranjeras, amén de la injerencia de otros hombres o sistemas en su destino. Parecen crecer, las raíces del amigo, regadas por unas historias que desarman desde la aparente austeridad estilística y entusiasman por su inteligencia a la hora de proponer sugerentes desvíos a la mirada, en especial cuando se sirven de la coincidencia para anudar el círculo narrativo (ojo a los juegos especulares que se establecen entre las seis piezas del libro: la presencia dolorosa del hijo en Bambú transformada en no menos atroz ausencia en Han vuelto las aves, el modo en que la mujer de Sobrevivir los domingos –sobre la que de nuevo flota la falta de un hijo– anticipa a la Madame Maroszek de Oh gueto mi amor, el anillo de Arena blanca, piedra negra erigido en centro y a la vez punto de fuga de la suma de relatos). Y es que Halfon siempre trasciende –y a la vez no deja de redimir– el maltratado género de la autoficción. MILO J. KRMPOTIC’