“G” muestra al Gaudí más enigmático

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texto y foto ANTONIO ITURBE

Sánchez Pardos –filólogo, bibliotecario y novelista de carrera corta pero pujante- ha creado revuelo con G, que en la pasada feria de Fráncfort, fue vendida por la editorial Planeta a veinticinco países.

En un recorrido en Barcelona por algunos de los escenarios de esta novela, demuestra su conocimiento de la vida de Gaudí, tras dedicar dos años a la confección de la novela: “Aunque precisamente he escogido su juventud porque es la época de la que menos información se dispone y es donde puedes fabular más”. En el libro se muestra a un Gaudí mucho más sociable y noctámbulo que la imagen que tenemos del Gaudí religioso e introspectivo de los últimos años: “Es un Gaudí diferente, el de la juventud respecto al de la edad adulta. En su juventud sabemos que le gustaba ir a los teatros, la buena mesa y la vida social. Incluso que era más abierto en sus creencias”.

Frente al Palau Güell de la calle Nou de la Rambla –el conde de Güell fue mecenas y protector del arquitecto- comenta que el título G se debe a que en la novela se le conoce como “señor G” en los ambientes más turbios y nocturnos de la ciudad vieja, pero también porque se conserva en el Palau Güell, en la portalada de entrada al palacete de la familia propietaria, diseñada por el arquitecto, una enorme letra “G”. “La letra G de los Güell… pero pensé que también podía ser la de Gaudí”.

Camino de la Calle Ferran –en la novela, calle de Fernando VII- donde se ubican las oficinas del periódico sensacionalista de Sempronio Camarasa, padre del amigo y compañero de indagaciones del protagonista, explica que el ambiente de la Barcelona de 1874 era turbulento: “Se produce la restauración borbónica, se echan abajo las murallas y la ciudad se abre a todo tipo de influencias exteriores”. Sánchez Pardos mueve a Gaudí en esos ambientes nocturnos y de moral relajada, de hecho lo sitúa como visitante de un local de nota tirando a mala de la ciudad vieja y consumidor de una sustancia verde que no acaba de saberse qué es. “Eso entronca con cierta leyenda que atribuye su exuberante creatividad e imaginación arquitectónica con el consumo de sustancias alucinógenas. No hay constancia de ello. Pero sí que parece que le atraía la utilización medicinal de las plantas, la botánica y, de hecho, fue vegetariano”.

Respecto al enigma de su vida sentimental, en el libro se da la palabra al hermano de Gaudí, que afirma que su hermano Antoni es un sabio en todo, excepto en asuntos de señoras y entrepiernas, donde no sabe nada de nada. Veremos formarse un cierto triángulo magnético entre los tres personajes principales: Gabriel Camarasa (hijo del editor del que se sospecha que ha ordenado incendiar el diario de la competencia), la pelirroja Fiona Begg (ilustradora del diario de los Camarasa) y el propio Gaudí. Cuando aparezca asesinado el propietario del diario de la competencia de los Camarasa y el padre de Gabriel sea el principal sospechoso, los tres formarán un singular trío de investigadores.

La novela tiene no pocas alusiones a Sherlock Holmes. Sánchez Pardos se declara apasionado de la época victoriana y admirador de Conan Doyle. De hecho, Gaudí –en un divertido homenaje al inquilino de Baker Street- actúa la manera de Holmes cuando ve a una persona por primera vez y, en base ciertos detalles de su indumentaria o apariencia, es capaz de trazar su biografía. Cuenta que “Gaudí tenía una mirada de ojos azules muy incisiva, era un hombre obsesivo con los detalles y me pareció que podría parecerse a la mirada de un detective”.

Frente a la iglesia de Santa María del Mar, el autor rememora cómo Gaudí llegó a Barcelona para estudiar procedente de Reus con 16 años junto a su hermano Francesc. Hijos como eran de unos caldereros que tuvieron que hacer un esfuerzo para reunir el dinero con el que mandar a su progenie a la capital, su alojamiento era modesto, en una buhardilla. Sin embargo, esa buhardilla tenía un lujo: una vista excelente de Santa María del Mar, fuente de inspiración para el futuro arquitecto, que inició su carrera frente a una iglesia y la terminó levantando su propia catedral en la Sagrada Familia.