Richard Ford, 'Francamente, Frank'

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título Francamente, Frank

autor Richard Ford

traductor Benito Gómez Ibáñez

editorial Anagrama

232 págs. 18,90 €.

 

Ya retirado y un tanto achacoso, Frank Bascombe protagoniza cuatro relatos que son cuatro encuentros a vueltas con la destrucción, la memoria, la enfermedad y la muerte (esto es, la fragilidad de las cosas y las personas): el tipo al que le vendió su casa de la playa, destruida por el huracán Sandy; una mujer que vivió en su actual domicilio; su exesposa, que sufre el mal de Parkinson, y un viejo conocido que, antes de expirar, quiere sacarse un peso de encima.

 

RICHARD FORD (Jackson, Misisipi, 1944) ganó los premios Pulitzer y PEN/Faulkner por El Día de la Independencia, parte central de la trilogía de Frank Bascombe que completan El periodista deportivo y Acción de Gracias. Además es autor de Incendios, Rock Springs, Canadá

 

Existe una sutilísima red de equilibrios en aquello que desde Moby Dick felizmente venimos conociendo como Gran Novela Americana. Por reducir sus componentes en aras de la economía expositiva, podríamos mentar una mirada de espíritu extensivo y reflexivo hacia el poliédrico fenómeno de las barras y estrellas (ese país con tamaño y variedad de continente, contenido a su vez entre dos océanos), la vida interior que tal mirada certifica y, porque ser en el mundo implica verse afectado por el mundo, porque en efecto la dichosa mirada tiene más bien visos de puente con tránsito en doble sentido, una peripecia personal que quizá arroje nuevos conocimientos, pero que jamás dejará indemne al protagonista.

Pues bien, tales características se cumplieron a rajatabla en cada una de las partes que conforman la trilogía de Frank Bascombe, obras de ambición progresiva que, con un trasfondo de quince años de vida política y social estadounidense (aunque en realidad un poco más, por extensión ominosa, ya que El periodista deportivo aparece a mediados de los 1980 y Acción de Gracias, aunque ambientada en 2000, a las pocas semanas de la elección de George W. Bush, fue publicada en 2006, cuando ya todos sabíamos), compusieron un fresco vital y hasta filosófico de primer orden, el de un tipo azotado por las circunstancias (como todo hijo de vecino, tarde o temprano) que se esfuerza por sobrevivir a ellas con dosis similares de integridad y torpeza, que fracasa más de lo que triunfa pero que sabe reconocer y disfrutar tan puntuales aciertos.

Y a la altura de esas obras se encuentra esta colección de relatos que se lee como una sucesión de cajas chinas, en cuanto cada historia contiene el embrión de la siguiente a la par que representa una palada más hacia la tumba respecto a la anterior. Un desastre concreto (el huracán Sandy y el paisaje de desolación que sembró en la Costa Este) y la reelección de Barack Obama como contexto (con la caída del GOP en el delirio del Tea Party a modo de reverso tenebroso) amparan cuatro encuentros a los que Bascombe llega habiendo anulado al Bartleby que lleva dentro, de los que sale antes aliviado que mejorado, pero que arrojan luz tangencial (no hay otra opción) sobre los Grandes Temas desde una perspectiva aquí ya crepuscular, la de quien se acerca a los 70 habiendo vivido la pérdida de un hijo y la distancia con los otros, el abandono y el divorcio y un segundo matrimonio, el fracaso profesional pero no siempre, la amistad razonable, también un cáncer. Y, pese a tres o cuatro páginas indigestamente emersonianas en el tercer cuento, con una traducción fluida pero dueña también de algún que otro bache (ese primer párrafo prisionero de los epítetos), Francamente, Frank vuelve a resultar memorable. MILO J. KRMPOTIC’