María Fasce, 'La mujer de Isla Negra'

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título La mujer de Isla Negra

autora María Fasce

editorial Alianza

248 págs. 16 €.

 

Cuando Elisa llega a la casa de Isla Negra con su madre, que se acaba de emplear allí como doméstica, es recibida por un Pablo Neruda sonriente, con los bolsillos llenos de juegos y metáforas. Su curiosidad de niña que ya está dejando de serlo hace que se asome a las mirillas y descubra otras facetas del poeta, como su relación clandestina y erótica-festiva con una amante de cabeza chiquita. La llegada de la esposa, Delia del Carril, completa el triángulo, no especialmente rectángulo.

 

MARÍA FASCE (Buenos Aires, 1969) es escritora, traductora y actualmente directora literaria de la editorial Alfaguara. Su libro de relatos Un hombre bueno ganó el premio Iberoamericano Cortes de Cádiz 2015.

 

La Isla Negra de Neruda se convierte en un lugar luminoso con la prosa elegante de Fasce, pero también en un lugar lleno de recovecos. Neruda es uno de esos personajes que los anglosajones definen como “bigger tan life”: más grandes que la vida. Imposibles de acotar en una biografía; todas las que lo han intentado han fracasado. Su faceta de poeta hondo y existencial contrasta con la de bon vivant, su defensa de la pureza de los sentimientos se entremezcló con una agitada vida amorosa en la que no faltaron las traiciones. Un personaje de una generosidad intelectual enorme, pero que también puede resultar despótico en sus relaciones personales. En estos parámetros, María Fasce se mueve hábilmente con el palo de zahorí de una narradora, Elisa, la hija de la empleada doméstica, que observa todo con una curiosidad panorámica. Al mudarse a la nueva casa todo la fascina y la realidad que ven sus ojos tiene la ambigüedad difuminada de las miradas inocentes… o no tanto: “En la oscuridad se pueden ver mejor los detalles”. Veremos a Neruda jugando al escondite inglés con su amante Matilde, que representa una carnalidad sin estilo. Nada que ver con Delia del Carril, su segunda esposa, que hace una entrada esplendorosa en la casa, con un equipaje de glamour, intelectualidad y distinción. Personaje a tener en cuenta también es Raquel, la empleada de hogar, que es el contrapunto austero a esa especie de tío vivo en el que viven Neruda y su círculo. Cuando Elisa le pregunta qué son esos poemas que escribe el dueño de la casa, ella le responde que son “como cuentos, que no cuentan nada”. Hay en la novela una mezcla de admiración y serrucho hacia ese Neruda capaz de grandes poemas y también de grandes monumentos de humo. Es ese Neruda “que parecía un equilibrista”. Las relaciones amorosas ocupan el primer plano de una novela que nos dice que “no hay nada más espiritual que el deseo” y que tiene su mejor baza en la creación de atmósferas, no solo las de los momentos dulces, sino también las de los tonos oscuros, cuando nos recuerda que “no hay metáforas para la muerte”. Aunque el tema Neruda está algo desgastado, María Fasce le saca nuevo brillo. ANTONIO ITURBE