Marcelo Luján, 'Subsuelo'

título Subsuelo

autor Marcelo Luján

editorial Salto de Página

240 págs. 18 €.

 

Cuatro familias coinciden una tarde-noche de verano en la parcela de una de ellas. El valle, el pantano vecino, las hormigas que atestan el lugar son testigos, en lo que a sus hijos adolescentes respecta, de un juego de acercamiento y seducción, primero, y de celos y rabia cada vez menos contenida, a continuación, que bien podría acabar en tragedia.

 

MARCELO LUJÁN (Buenos Aires, 1973) es autor de libros de relatos como Flores para Irene y de las novelas La mala espera, premio Ciudad de Getafe 2009, y Moravia.

 

Dos hermanos y una piedra: poco más se necesitó para construir el primer relato negro de la historia. Y es de parajes similares que parte el argentino (trasplantado a Madrid) Marcelo Luján a la hora de desarrollar esta intensa, desasosegante novela empeñada en recordarnos que se puede generar tensión y oscurecer el alma del lector sin necesidad de recurrir a asesinos en serie, detectives de sombrero ladeado y aliento a JB, o junglas de asfalto y de cristal. Amparan estas páginas un accidente y un crimen tan perfecto en su simetría que, caso de no resultar adecuadamente terrible, bien podríamos calificarlo de “hermoso”. Y, entre lo uno y lo otro, el autor juega a su antojo con nuestros nervios y expectativas a través de un estilo sinuoso y por ello lírico, basado en el apareamiento de negaciones, repeticiones y enumeraciones, pero también merced a un uso virtuoso del elemento temporal, con el flashback del apartado cuarto como rotundo golpe de genio: resulta tan sugerente ese retorno a la primera noche de autos que al abajo firmante apenas le hubiera importado que la narración se quedara anclada allí, sin llegar a transitar más genéricos desenlaces. Pero Luján es hombre de honor, se apresta también a cumplir hasta la última coma con lo que dictan los cánones, y su cierre no solo no desmerece, sino que invita de nuevo al entusiasmo.

Dos hermanos y una piscina: algo debía cambiar, a fin de cuentas, tantos siglos después de Caín y Abel. Pero no olvidemos las hormigas, esa masa informe que desde el Subsuelo del título amenaza con transmitir a la superficie su inquietud milenaria. Porque el simbolismo primordial sostiene y justifica la maldad congénita, incestuosa y asesina, de un personaje-motor que, en otras circunstancias, hubiera sumado a su naturaleza dolorosamente inexplicable un carácter molestamente increíble. Entretenimiento y mito, pues, se enroscan en una obra que parte de duras profundidades temáticas y alcanza muy notables alturas literarias. MILO J. KRMPOTIC’

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