Patrick Modiano, 'Una juventud'

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título Una juventud

autor Patrick Modiano

traductora Mª Teresa Gallego Urrutia

editorial Anagrama

192 págs. 16,90 €.

 

A los 35 años, Louie y Odile rememoran las peripecias que les ocurrieron en la época en que se conocieron, quince años antes. Al salir del ejército, Louie es protegido por un patán, Brossard, gracias a quien terminará ejerciendo una actividad poco clara. Odile quiere ser cantante y mantiene una relación sentimental con Bellune, un melancólico cuyo suicidio la deja a merced de perversos sexuales.

 

PATRICK MODIANO (Boulogne-Billancourt, 1945), premio Nobel de literatura 2014, es uno de los novelistas más importantes de los últimos tiempos, con una obra en la que las coordenadas geográficas-temporales, la historia, los recuerdos y el propio pasado se ponen siempre en cuestión.

 

¿Qué es Una juventud? ¿Esta historia de dos jóvenes a los que una galería de personajes grotescos, perversos y queribles les programa la vida es una alegoría sobre la fugacidad de nuestra existencia, un lamento existencialista sobre la imposibilidad de actuar, o una excusa para retratar un paisaje parisino que siempre se escapa, y cuyas calles y edificios no son más que “pompas irisadas con los colores de esa ciudad: gris y negro”? Podrían ser todas esas cosas. Una París que oculta más de lo que muestra, en la que todo escapa a la descripción y nada responde a la memoria del narrador, es, claro, una de las características poéticas de Modiano. A través ese paisaje siempre cambiante, enunciado, más que retratado, mediante nombres de calles, cafés y restaurantes apenas descritos, Louie y Odile se dejan llevar y, en cierta manera, no son tanto protagonistas como superficies opacas donde se reflejan los otros. Cuando Louie cae bajo la protección –o bajo las garras, según se mire–, de una extraña pareja que lo hace trabajar en asuntos turbios, y cuando Odile pasa de la amorosa tutela de un melancólico cincuentón a convertirse en objeto sexual de perversos y en cebo de la policía, ninguno de ellos hace nada para impedirlo y, además, tampoco parece importarles demasiado. Intuimos que se enamoran pero desde la elipsis. Mientras alrededor todo se mueve, y aunque incluso también ellos se muevan, su actividad principal parece ser la quietud. Y el sino vital de lo que sucede a su alrededor parece ser la casualidad pura, pero no una casualidad austeriana, hecha de coincidencias a veces intragables, sino tan apática e indiferente como ellos mismos. Sobre el final, Modiano parece proponer que la juventud es lo que se acaba cuando ellos, por fin, actúan. Como respuesta, es un poco decepcionante. Tal vez mejor pensar que esta novela quiere retratar, como dice uno de los tantos personajes laterales (todos ellos mucho más interesantes y de vidas más trascendentes que las de los protagonistas), “olas que han ido rompiendo por turnos”. EDUARDO HOJMAN