Matías Néspolo, 'Con el sol en la boca'

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título Con el sol en la boca

autor Matías Néspolo

editorial Los Libros del Lince

256 págs. 18 €.

 

El Tano Castiglione planea con su amigo Brizuela una huida de la mediocridad de eternos estudiantes que sobreviven con trabajos eventuales. Para esa escapada en busca del sueño brasileño, Castiglione necesita plata. Robar el valioso cuadro de origen oscuro que su padre guarda con celo en la destartalada casa podría ser el pasaporte a esa otra vida. Pero acaba provocando un viaje hacia verdades ocultas durante años.

 

MATÍAS NÉSPOLO (Buenos Aires, 1975) es un periodista cultural que colabora habitualmente en el diario El Mundo. Fue seleccionado en la lista de Granta de veintidós mejores autores en castellano menores de 35 y esta es su segunda novela, tras Siete maneras de matar un gato.

 

Hay algo en esta novela como de torbellino de agua en el desagüe que te atrapa y te mete hacia el agujero. El Tano Castiglione es un personaje que nos contagia el frío de esos cubitos de hielo que le gusta masticar. Sus pocas palabras nos muestran más vacíos que certezas. Néspolo moldea pacientemente a su personaje, merodeándolo, acercándonos y alejándonos de él, creando esa atmósfera de angustia indefinida que acompaña al Tano siempre y se nos contagia a través de la lectura. Porque Néspolo es una narrador de mucho talento. Con destreza, utiliza un truco para acercarnos a quemarropa al protagonista sin forzarlo a largos diálogos que están fuera de su naturaleza o a utilizar siempre la tercera persona: hace que, en determinados momentos, el resto de personajes hablen en primera persona y vayan completando los huecos y las incógnitas. Técnicamente impecable. Quizá la ventaja que le da esta manera concéntrica de narrar tiene el inconveniente de que el resto de personajes se convierten en secundarios que orbitan alrededor de los espacios en blanco de Castiglione y tienen en la función un papel de comparsas. Pero también está bien que sea así, forma parte de la textura de la novela porque el propio Castiglione es un comparsa de su historia, que conoce de manera fragmentada, actor que no se sabe su propio guión. A medida que avance la trama, con el cuadro como hilo de pescar, veremos cómo afloran poco a poco las zonas oscuras que ni él mismo se había atrevido a penetrar: en esa Argentina de los años 1970 de víctimas y verdugos… ¿de qué lado estuvieron los suyos? Y esa madre ausente… ¿quién era en realidad? ¿Cómo llegó ese cuadro a colgar de ese clavo? ¿Quién fue el traidor? No esperen que el autor les resuelva todo: “Las certezas, si es que existen, siempre están en otro lugar. En el movimiento de quien las busca”. Una novela como esas cubetas de papel fotográfico del revelado antiguo que iban desvelando la imagen muy poco a poco en el cuarto oscuro. ANTONIO ITURBE