Rodolfo Santullo, 'Matufia'

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título Matufia

autor Rodolfo Santullo

editorial Lapsus Calami

310 págs. 14 €.

 

Aquí, Néstor Serrato, periodista deportivo de verbo iracundo, especialista en señalar los trapos sucios de futbolistas y dirigentes por igual. Y allí, “el Marlon”, ratero de tres al cuarto con una hija asmática y mejor sonrisa que fortuna. El destino de ambos quedará unido por un encargo criminal y un balazo que apuntaba a la nuca y acaba, por aquello de complicar las cosas, apenas atravesando una rodilla.

 

RODOLFO SANTULLO (México, 1979) es un periodista uruguayo, guionista de cómic y editor, autor además de la colección de relatos Perro come perro y de novelas como Cementerio Norte o El último adiós.

 

Por social, a diferencia de la novela de misterio o el thriller, el negro debe ser género de personajes de a pie de calle. Por popular, a su vez, no pocos de los autores que en él incurren buscan la vuelta de tuerca que los individualice respecto a la tradición, tan transitada ella. En ese sentido, esta obra de Rodolfo Santullo,Matufia en el título pero no en la ejecución, responde plenamente a la condición primera mientras se permite obviar olímpicamente la circunstancia segunda. Matufia, en efecto, es en clave de noir lo que el concepto de “la vecina de al lado” al campo del erotismo. No hay gran despliegue de satén o suite de lujo que valga en sus apartados criminales; si acaso, apuntes de corrupción institucionalizada y un disparo mal dado, ni tan siquiera asesino. Pero lo que seduce, precisamente, son sus maneras inmediatas, la cercanía de unos personajes a los que no encontramos en callejones oscuros o garitos cargados de humo y expresiones torcidas, sino arrastrando el carrito de la compra de vuelta del mercado, despertando una mañana más en el sofá-cama del salón del piso materno o, porque la procedencia sudamericana obliga, degustando un asado dominical en familia. Y esa apuesta por la cotidianidad presenta sus riesgos; aunque algún matón de gesto imperturbable se pasea por sus páginas, siempre habrá quien eche de menos mayores dosis de picante. Pero Matufia, más allá del gracejo uruguayo que la atraviesa y que eleva de forma recurrente su apuesta por la sencillez estilística, prende sin prisa, transmite sin estridencias un pequeño puñado de dramas capaces, por extensión, de sugerir las maneras de un país o, incluso, de toda una sociedad (elemento ciertamente transnacional, sobre todo en estos globalizados tiempos nuestros). La resonancia que genera su lectura se expande con sutileza, sí, pero permanece y alumbra incluso aristas líricas en esa mayoría de lectores que, toquemos madera, solo hemos escuchado el sonido de un balazo en las películas. MILO J. KRMPOTIC’