Óscar Gual, 'Los últimos días de Roger Lobus'

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título Los últimos días de Roger Lobus

autor Óscar Gual

editorial Aristas Martínez

280 págs. 19 €.

 

A Roger Lobus, alcalde de la borrascosa Sierpe, se le ha descubierto un cáncer terminal. Recién salido de rehabilitación por drogodependencia, su hijo Junior lo acompañará en el hospital durante los últimos cinco días. Será tiempo suficiente para enfrentarse a todos sus fantasmas, incluido el más intratable: su propia identidad.

 

ÓSCAR GUAL (Almassora, 1976) ha publicado Cut and roll, Fabulosos monos marinos –con la que creó el universo Sierpe–, y la nouvelle El corazón de Julia, escrita junto a Robert Juan-Cantavella.

 

Los últimos días de Roger Lobus, lo nuevo de Óscar Gual, suena a tremenda gamberrada post, o pulp, o como marque la última tendencia en denominación, pero lo cierto es que sigue un modo de creación que no fue extraño a nuestra primera literatura.

El primer round, el del planteamiento, lo gana por originalidad al lograr que la narración de cinco días –cinco capítulos– dentro de un hospital progrese, y lo haga con humor. La sincronización con el tiempo real ocurrirá bien avanzada la novela, cuando Junior, el protagonista, reciba la noticia de que su padre languidece presa de un cáncer terminal. Se trata del alcalde de Sierpe, Roger Lobus, que ya ejerció en Fabulosos monos marinos, pero que vuelve ahora con una historia propia.

La técnica constructiva es flexible y, a poco que el lector se descuide, verá rota la línea lógica-temporal con una nueva excrecencia: la historia de un grupo terrorista formado por enfermos terminales, la lucha de clases entre robots y humanos en una Tierra paralela, un chimpancé llamado Juan Carlos I. El efecto que se produce es de inhibición del corrector lógico en la mente de quien lee, lo que provoca una suerte de ensoñación no muy alejada de un viaje lisérgico. Sin embargo, nada entorpece la línea temática soterrada que progresa sin cesar, la que enfrenta al protagonista con el hecho de la muerte. De ahí surgirán consideraciones inopinadamente graves acerca de la vida y su sentido, y las más recurrentes tendrán que ver con el concepto de identidad, un tema que cruza toda la novelística de Gual.

Enfocar la muerte, y la muerte del padre, desde el disparate es una decisión de alto riesgo; desgranar la idea de identidad a partir de ese punto me parece de una inteligencia narrativa superior, y es a la vez una afirmación de romanticismo contracorriente. Novalis dijo que “el sentido que se ve a sí mismo deviene espíritu”, y creo que no es el único punto en que coincidiría con Gual. SANTIAGO GARCÍA TIRADO