Vladímir Lórchenkov, 'Para llegar al otro lado'

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título Para llegar al otro lado

autor Vladímir Lórchenkov

traductor Enrique Moya Carrión

editorial Nevsky Prospects

600 págs. 18,90 €.

 

Al grito de “el último en salir que apague la luz”, Moldavia toda se dispone a emigrar a Italia, desde su presidente mismo hasta el último mono del pueblecito de Larga. Quien, por cierto, luce el nombre de Serafim Botezatu y está convencido de hablar la lengua de Dante gracias a un manual sin tapas que le entregó la bibliotecaria que, en un mundo algo menos cruel, podría haber sido el gran amor de su vida.

 

VLADÍMIR LÓRCHENKOV (Chisináu, 1979) ha sido periodista en su Moldavia natal y estibador y obrero de la construcción en su Canadá de adopción. Es autor de veinte novelas y de cinco colecciones de relatos.

 

Cual Luis García Berlanga redivivo en la punta opuesta de Europa, Vladímir Lórchenkov tira en Para llegar al otro lado de humor y acidez a la hora de retratar la bastante lamentable condición de su país, el que luce la condecoración de abrir cuanto listado de pobreza se realiza en el continente, una tierra cuyos habitantes entienden la Grecia a punto de hundirse en la crisis como paradigma de la bondad económica y que no son siquiera bienvenidos en la vecina Rumanía, la cantera de los inmigrantes vistos con malos ojos desde Londres hasta Berlín. Su Plan Marshall es aquí la bella Italia y, a diferencia de los personajes del maestro valenciano, sabedores de que no tiene sentido esperarla porque las penínsulas tienden a ser de movimientos lentos (milenarios, con más razón incluso las que calzan botines de tacón pronunciado), adoptan una actitud más proactiva y se lanzan a su conquista por tierra, mar y aire (literalmente). Ello conduce a episodios de genio delirante (aunque el que abre las hostilidades resulte un tanto evidente y predecible en su desenlace), pero también, naturaleza exsoviética obliga, a anécdotas tan crueles como dolorosas y, cabe pensar que por roce con la cultura gitana, a algunos apuntes de realismo mágico capaces de elevar notablemente el tono lírico de la obra. En contrapartida (cómo no las iba a haber en una obra tan apegada a las dicotómicas posibilidades de la naturaleza humana), la sombra del déjà-vu se cierne sobre los diálogos para besugos (por muy moldavas que sean las aguas políticas que transitan) y Lórchenkov muestra diversos grados de inspiración en las transiciones (pelín confusas las de carácter cronológico, más logradas las geográficas, sobre todo en la relación que se establece entre las micro-ambiciones de los protagonistas y las macro-reacciones que provocan). Ligeras irregularidades al margen, eso sí, Moldavia puede enorgullecerse de contar con un representante en la parte alta de las clasificaciones literarias… y esta vez no por los motivos equivocados. MILO J. KRMPOTIC’