Pablo Aranda, 'El protegido'

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título El protegido

autor Pablo Aranda

editorial Malpaso

226 págs. 17 €.

 

En El protegido asistimos a cómo la vida, una sábana negra, fina, sudada, va envolviendo el cuerpo de Jaime como si se tratase de una mortaja. Mientras trata de asumir el divorcio con la madre de su hijo y que el interés es la cuerda que lo ata a su nueva pareja, verá cómo lo turbio irrumpe en su cotidianidad anodina para desatar el pánico y la acción.

 

PABLO ARANDA (Málaga, 1968) ha sido colaborador de El País y la Cadena SER. Es autor, entre otras, de las novelas La otra ciudad y Ucrania.

 

A la última novela de Pablo Aranda le cuesta arrancar y solo el interés que suscita la trama arrastra la voluntad del lector hasta la última página. El estilo del autor riñe, especialmente en los primeros capítulos, con el ritmo, reclamando paciencia por parte del lector. Suceden algunas cosas, sí, se plantean situaciones y se presentan personajes, pero también el narrador se enreda en descripciones y reiteraciones prescindibles. Con todo, solo es cuestión de darle veinte o treinta páginas para que la trama eche a rodar ante nuestros ojos y queramos saber cómo continúa.

De Aranda se viene destacando su capacidad de observación social. Y, a falta de haber leído sus novelas anteriores, en las que quizá así sea, en El protegido no la he encontrado. El retrato de las relaciones sociales y humanas tiende más a ser un instrumento para buscar la empatía del lector –siga leyendo, que, como usted, estos tipos se divorcian y se acostarían con su ex…– que para hurgar en la psicología de los personajes. El protegido no es una novela que interese por revelar una perspicaz visión de lo social. Tal vez, por ser capaz de reproducir actitudes cotidianas de nuestro tiempo. Reproducir.

El principal acierto de la obra radica en tomar la parte fosca de esos personajes, escenarios y situaciones de a diario –las disputas por la custodia del niño, los celos de la nueva amante respecto a la antigua esposa– y coserlos con hilo de sombra. Hay una promesa de tragedia constante. Cuando empieza a leer El protegido uno sabe que las cosas tienen que ir a peor, que al protagonista va a sucederle una tragedia o, mejor, que va a cometer una atrocidad. Lo sugestivo de la historia sostiene la novela.

Pero esa inquietud que Aranda inocula tropieza a veces con una voluntad poética que no termina de estar bien resuelta. La adjetivación, la reiteración o la sintaxis sincopada contribuyen a la construcción de una atmósfera oscura, desde luego, y revierten en algunos momentos en una sonoridad elegante, pero también lastran la lectura. Tenemos por una parte una trama propia de un thriller, con su constante tirar anzuelos, su capacidad para generar interrogantes, y, por otra, un estilo que se recrea en sí mismo y que acaba por olvidarse de que la historia le pide vértigo, avance constante. DAVID ALIAGA