W.L. Tochman, 'Como si masticaras piedras'

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título Como si masticaras piedras

autor W.L. Tochman

traductora Katarzyna Olszewska Sonnenberg

editorial Libros del K.O.

156 págs. 16,90 €.

 

La guerra de Bosnia, ese inesperado reflejo de la Solución Final que brotó en el corazón mismo de la Europa de los 1990, no ha cicatrizado jamás debido al número de desaparecidos con que se saldaron las políticas de limpieza étnica de serbios y croatas, amén de la chapuza que representaron los acuerdos de paz de Dayton. A principios de los 2000, el periodista Wojciech Tolman visitó ese país partido en dos, plagado de miseria, fosas comunes y mujeres viudas.

 

W.L. TOCHMAN (Cracovia, 1969) es cofundador y codirector del Instituto Polaco de Reportaje, periodista de largo recorrido y autor de obras de investigación sobre el genocidio ruandés o la vida en las chabolas de Manila.

 

¿Puede haber poesía después de Auschwitz? La respuesta, como todo en esta vida, irá por barrios, pero lo que no podía darse de ninguna de las maneras, y de ello eran garantes Naciones Unidas y la Comunidad Europea, entre otros organismos, era un nuevo Auschwitz. Porque a las citadas instituciones se les da mejor el verbo florido que la rapidez de acción, quizá porque las víctimas principales pertenecían a un pueblo escaso de recursos y, en cuanto musulmán, poco “europeo”, falto además de esos padrinos con que sí contaron croatas (Alemania) y serbios (Rusia), la limpieza étnica y el genocidio regresaron al Viejo Continente entre 1992 y 1995 para cebarse en una Bosnia que, veinte años después, permanece escindida política y socialmente, incapaz de dar con los restos de un par de decenas de miles de sus ciudadanos. El Auschwitz después de Auschwitz, a todo ello, tendría como símbolo geográfico la villa de Srebrenica, escenario durante unos pocos días de julio de 1995 de la violación de centenares de mujeres, y de la tortura y asesinato de, por lo menos, 8.000 hombres y niños.

Ante tan brutal encuentro entre lo absurdo y lo obsceno, mientras visita los parajes maltratados por la barbarie, Wojciech Tolman opta por la frialdad expositiva, por el gesto impresionista, por la aparente ausencia de estilo, si bien se sirve de pequeñas redundancias y píldoras de información anticipada más para fijar la atención del lector que a modo de efectismo. A partir de una pareja femenina, la antropóloga polaca que intenta dar nombre a los huesos de las fosas comunes y una mujer bosnia que busca los restos de su hijo e hija, presenta un fresco tan doloroso como inteligente, de perturbadora elocuencia en su alternancia entre lo sucedido durante la guerra y sus efectos sobre las personas, pero también sobre la economía y vida general del país. El periodista, además, tiene el acierto de visitar enclaves de la Federación y la República Srpska por igual, lo que da señal de cuán universalmente nocivo fue el conflicto mientras alumbra una demoledora comparación: los hombres que no aparecen en la zona primera han muerto; los de la segunda acaban de huir para esconder sus rostros culpables de la cámara del autor. MILO J. KRMPOTIC’