Philip Roth, 'La gran novela americana'

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título La gran novela americana

autor Philip Roth

traductor David Paradela López

editorial Contra

416 págs. 23,90 €.

 

En 1943, además de entregar el grueso de su plantilla al ejército, el equipo de béisbol de los Ruppert Mundys de Nueva Jersey cede su estadio a la causa bélica y se apresta a disputar los 154 partidos de la temporada como visitante y con un delirante equipo de circunstancias. Pero… ¿existió acaso una conspiración comunista tras aquel desastre deportivo a fin de destruir la Liga Patriota? El venerable periodista Word Smith nos lo revela.

 

PHILIP ROTH (Newark, 1933) es uno de los pesos pesados de las letras norteamericanas, ganador de dos National Book Awards, un Pulitzer, el Man Booker International, el Príncipe de Asturias de las Letras…

 

A principios de los 1970, tras dar la campanada –y recibir no pocos mordiscos– con El lamento de Portnoy,Philip Roth atravesó una fase de descreída, resacosa indefinición. Sus siguientes dos títulos fueron piezas breves y tirando a humorísticas: una sátira sobre la administración Nixon, Nuestra pandilla, y un remedo de La metamorfosis en clave erótica, El pecho. Y en la tercera se hizo a la mar para pescar sardinillas a bordo de todo un Pequod. O, si se prefiere, salió en busca de esa ballena blanca llamada Great American Novel en un bote neumático con remos de plástico. Lo miremos como lo miremos, los resultados fueron tan irregulares como impactantes y, a ratos, memorables.

Desde su título mismo, La gran novela americana es un festival pasivo-agresivo, donde cada pincelada de distanciada ironía se ve sucedida por un puñetazo de feroz ambición. Nada más prosaico en lo que a las barras y estrellas se refiere, por ejemplo, que el mundo del béisbol. Y, sin embargo, Roth lo amasa y estira a su gusto hasta presentar una fábula de política-ficción no muy alejada (y sí más agradecida) que la que años después firmaría con La conjura contra América.

Los guiños son constantes, comenzando por la frase inicial (“Llamadme Smitty”) o un gesto cervantino que va a situar el dramatis personae en torno a la página 110, tras un prólogo filológico que esconde una exhibición aliterativa (menudo tour de force el del traductor) y un primer capítulo que no deja de representar una larguísima introducción al universo paralelo en el que se desarrollará la acción. A partir de ahí la lectura se vuelve más fluida, más tradicional por así decirlo, pero el protagonismo coral conduce a una sucesión de escenas tan desternillantes como deslavazadas, puntualmente crípticas para quien no domine los códigos del deporte rey en Estados Unidos.

Navega Roth por estas páginas sin brújula, diríase incluso que buscando voluntariamente los bandazos. Pero se quita un peso de encima (al año de esta obra llegará su primera reflexión metaliteraria, Mi vida como hombre, a su vez presentación en sociedad de Nathan Zuckerman) y ofrece suficiente cantidad de destellos de genio como para al menos cegar al más salvaje y llamativo de los cetáceos. MILO J. KRMPOTIC’