Daniel Ruiz García, 'Todo está bien'

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título Todo está bien

autor Daniel Ruiz García

editorial Tusquets

216 págs. 17 €.

 

Ganadas las elecciones, los políticos victoriosos quieren divertirse y lo hacen con alcohol, cocaína y prostitutas. Al consejero de Fomento y Vivienda le sustraen un teléfono lleno de imágenes comprometedoras, lo que le lleva a enfrentarse a la ambigua Mila, el salvaje Salvita y a la estrella de Twitter Ultramemo.

 

DANIEL RUIZ GARCÍA (Sevilla, 1976) es autor de siete novelas. A partir de su ópera prima, Chatarra, se filmó un corto finalista de los Oscar.

 

En peores imprentas ha toreado Daniel Ruiz García y su debut en Tusquets Editores bien merece una afectuosa felicitación. Autor contra viento y marea, prosista recio, su llegada a un público más amplio es una buena noticia en un mundo editorial algo hermético, no a las voces nuevas sino, sobre todo, a las voces valientes.

Moro o Tan lejos deKrypton ya avisaron a sus quizá ilocalizables lectores (aunque aquí haya uno) de la narrativa socialmente entregada del autor, así como de su estilo orgánico y apuntalado de adjetivos.

Todo está bien se presenta como una evolución natural de aquellas inquietudes inmigrantes y obreras (Moro trataba de lo primero; Krypton, de lo segundo) al desplegar sobre la mesa los intestinos de la vida política en una comunidad autónoma española. Droga dura.

Los personajes, quizá un tanto avecindados con el cliché, recorren la actualidad informativa de nuestro país con tremendismo -por desgracia para la ciudadanía- nada sobreactuado: el político corrupto, el periodista apabullado, las mujeres relegadas y silentes, amén de varios especímenes humanos tomados del lumpen o de la Red (acaso tan cercanos): una prostituta y un tuitstar.

La obra empieza con más empuje de lo que finalmente parecía necesario, y se desvía capítulo a capítulo en cambios de punto de vista que postergan demasiado el conflicto central. Pero eso sirve para que, en el capítulo 21, sin ir más lejos, se pase a cuchillo la cultura Mac, al mundo hipster y demás filigranas sociales, en unas páginas ya de por sí muy divertidas.

Los fluidos, y los polvos (polisemia), abundan en un libro que es mejor cuanto menos se acuerda de su propósito: cantar la caída de un consejero de Fomento, y que avanza a velocidad de vértigo hacia un desenlace donde las vidas de sus variados personajes quedan, literalmente, retratadas. ALBERTO OLMOS