Edgar Cantero, 'El factor sobrenatural'

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título El factor sobrenatural

autor Edgar Cantero

traductores Edgar Cantero y Xavi Morató

editorial Minotauro

384 págs. 20,90 €.

 

La herencia de un tío lejano, tan lejano que ignoraba por completo su existencia, convierte a A. en el dueño de Axton House, mansión gótica en las afueras del virginiano pueblo de Point Bless. Y para allí que se va el veinteañero, escoltado por una adolescente irlandesa llamada Niamh, dispuestos ambos a averiguar si la leyenda sobre el fantasma que habita la casa es cierta y si además tuvo algo que ver con la defenestración de su anterior ocupante.

 

EDGAR CANTERO (Barcelona, 1981) obtuvo el Premi Creixells con Dormir amb Winona Ryder y es autor del thriller distópico Vallví. También escribe y dibuja cómics, y es colaborador de El Jueves.

 

En la periferia de esta fresca y entretenidísima novela habita una anécdota que bien vale la pena reseñar: fuera por el gesto eminentemente anglosajón de su temática, fuera por intuir las puertas del extranjero más abiertas que las de casa, Edgar Cantero escribió El factor sobrenatural en la lengua de Shakespeare, la publicó en la tierra de Obama y en una editorial del tamaño de Doubleday, y recibió con ella críticas de entusiasmo paralelo al que piensan exhibir estas líneas que ahora leen. Y es que El factor sobrenatural representa un gozoso pero muy serio festival de revisiones, una novela de fantasmas que se transforma en una obra de misterios ocultistas, poseídas ambas opciones por el espíritu del cineasta John Hughes merced a una pareja protagonista de química deliciosa, cual versión teen de la que conformaron en su día William Powell y Myrna Loy en la serie fílmica de El hombre delgado. Sabedor, además, de que recorre caminos ya bastante transitados, Cantero opta por una narración fragmentada, donde las cartas y diarios del protagonista se mezclan con las anotaciones en la libreta de su par femenino, y ambas se ven interrumpidas una y otra vez por la transcripción de cintas de audio, el testimonio de cámaras de seguridad o de vídeo doméstico, la presencia de anuncios en prensa o facturas, amén de extractos de otros libros, críticas de discos, mapas… Y el resultado, aunque los pasajes dedicados al paisaje de Nueva Inglaterra tiendan a mostrarse más literarios, es una narración de ritmo feroz, capaz de pulsar tanto las teclas del miedo como las del suspense, inspiradísima cada vez que toca recurrir al alivio cómico, que quizá se pone un pelín demasiado estupenda con su uso de los neologismos adjetivales y adverbiales, pero que siempre cumple con lo que promete. Los enigmas discurren a la distancia justa del lector, se solucionan con inteligencia exenta de trampas, e incluso las pruebas de fuego del clímax y el epílogo sorprendente se ven saldadas con nota. Una auténtica delicia. MILO J. KRMPOTIC’