Emmanuel Carrère, 'El Reino'

título El Reino

autor Emmanuel Carrère

traductor Jaime Zulaika

editorial Anagrama

520 págs. 24,90 €.

 

Nos hallamos ante un libro de dimensiones bíblicas. No solo por sus más de quinientas páginas o por su temática: una mirada a Jesucristo desde el ángulo de sus predicadores Pablo y Lucas cuarenta años después de su desaparición. También por su intensidad y sus hechuras: Carrère nos invita a las reflexiones más profundas y nos lleva hasta el filo de los abismos de sus creencias, y a la vez nutre el texto de apuntes de la vida cotidiana, anécdotas y hasta chascarrillos, mayormente a costa de sus propias contradicciones. Un viaje del París del propio autor en este siglo XXI a los orígenes del cristianismo.

 

EMMANUEL CARRÈRE (París, 1957). Además de guionista y realizador, es autor de una docena de libros, entre novelas y ensayos. Su última obra, Limonov, fue galardonada en Francia con el Prix des Prix (mejor libro entre los grandes premios literarios del año).

 

Lograr esta combinación de erudición, profundidad, guasa, toque literario, documentación y ritmo narrativo es un milagro. Uno de esos milagros laicos de los que habla Luis Landero. Y es que, como señala con sorna el propio autor, “todo puede ocurrir, incluido que el egocéntrico y burlón Emmanuel Carrère se ponga a hablar de Jesús”. Pero, al adentrarnos en la lectura, descubrimos que tiene mucho más sentido de lo que podíamos pensar. Explica cómo en 1990, animado por su madrina, tuvo una conversión al cristianismo de lo más ferviente, de misa diaria, febril. Muestra algunos de los cuadernos de notas de esa época, donde asegura una y otra vez que “salta a la vista que Cristo es la verdad y la vida”. En 1993 su fe chocó con el iceberg de su escepticismo y los piadosos cuadernos se hundieron en el fondo de un armario como un Titanic. Y se convirtió en un agnóstico: “Ni siquiera lo bastante creyente para ser ateo. Un hombre que piensa que lo contrario de la verdad no es la mentira sino la certeza”.

Sin embargo, hay en Carrère una admirada perplejidad hacia esa religión que, basándose en la figura de Jesús de Nazaret, que nada dejó escrito y al que luego se le atribuye algo tan difícil de digerir como que resucitase, ha pervivido durante 2.000 años y una cuarta parte de la humanidad cree en ella. De una manera seria, pero sin perder su característico sentido del Grand Guignol, nos lleva al siglo I para ponernos tras los pasos de Lucas el evangelista y Pablo de Tarso. La tozudez de Pablo, un judío convertido a golpe de visión que lleva la palabra de Jesús contra viento y marea y pedradas y encarcelamientos, frente al refinamiento del médico griego Lucas. La figura de Jesús es siempre un eco poderoso pero inaprensible, alguien de quien ni siquiera se llegó nunca a describir su apariencia física.

Un libro que, en medio de tantas preguntas que no se pueden responder y que finaliza con la frase “no lo sé”, muestra una verdad indiscutible: que Emmanuel Carrère es un género literario en sí mismo. Que es actualmente el maestro indiscutible de la novela de no ficción europea. ANTONIO ITURBE

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