“No disparar una pistola también es una gallardía”

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texto ANTONIO ITURBE  foto ARCHIVO

Andrés Pérez Domínguez publica ‘Los dioses cansados’ (Alianza).

Esta parece una novela policiaca, pero en realidad es una novela de la crisis. O de las crisis, porque hay varias: una, la financiera. Otra, más negra todavía, la crisis de valores que hace que, de las cajas fuertes que blindan a los poderosos, no salgan dobles contabilidades, sino dobles morales que tienen que ver con pisotear a los más inocentes.

El inspector Gallardo regresa a su comisaria de Sevilla tras una larga ausencia. Se quitó de en medio porque la situación de tensión con sus compañeros se hizo insostenible. Hubo un momento en que consideró que no debía hacer la vista gorda con ciertas relaciones entre algunos policías y ciertas detenidas. No le perdonaron la traición. Ellos solo ayudaban a esas chicas, polvo más polvo menos.

Lo que tiene entre manos es un caso más liado que la pata de un romano: el presunto suicidio de un conocido personaje de la ciudad después de que le abriesen la caja fuerte y le sustrajeran algo que guardaba allí. La muerte del ladrón de la caja fuerte. El contenido de la caja fuerte que llega a Ferreira, pequeño empresario metido en negocios de construcción con el agua al cuello por unas casas que no se venden ni para atrás…

Andrés Pérez Domínguez es un escritor sevillano (autor de La clave Pinner o El violinista de Mauthausen) que tiene oficio. Incluso beneficio, porque cuenta que puede vivir (“sin holguras y sin saber por cuánto tiempo”) de la escritura. Nos lo explica en una terraza al sol, no tan achicharrante como el que le cae a su inspector en una Sevilla de verano donde la mucha luz no oculta las muchas sombras.

 

¿Por qué el Inspector Gallardo se llama Gallardo?

¿Por qué no?

Porque no es muy “gallardo”. Dice que no ha disparado jamás la pistola y que las tres veces que la ha sacado en veinte años de servicio se ha sentido ridículo…

No disparar una pistola también es una gallardía. Quería huir de los tópicos de los policías de las películas. Por eso me fui a conocer a varios de verdad en la Jefatura de Sevilla. No son tan fieros como los pintan.

Gallardo, efectivamente, no bebe whisky, no va con mujeres fatales… pero sí tiene un rasgo característico: divorciado. ¿Lo da el oficio?

No solo hay divorcios en la policía. Quería mostrar su inseguridad. Se siente mezquino porque no está satisfecho con la manera en que ha ejercido de padre con su hija.

La novela se ambienta en Sevilla…

No todas las tramas policiacas van a suceder en nueva York, o en Madrid y Barcelona…

Pero no es una Sevilla de Giralda y tablao flamenco…

Para nada. Sevilla es una ciudad donde uno no se siente del todo a gusto. Pero eso le pasa a la mitad de los sevillanos. Esta es una ciudad maravillosa, pero también dual y contradictoria: muchos sevillanos no participamos de las fiestas autóctonas y las ferias. Cuando lees ciertos libros –alguno de ellos acaba de ser convertido en serie de televisión- te das cuenta que es la mirada de la ciudad de un inglés o de alguien de fuera, no la tuya.

Gallardo ha escrito unos pocos cuentos, pero dice que “ganar un concurso de relatos no te convierte en escritor”. ¿Qué te convierte en escritor?

Amar el oficio. Preocuparte de querer hacerlo bien. Hay gente con mucha prisa por publicar y se quedan en la cáscara: las redes sociales, salir en la tele… Escribir es otra cosa.

¿Se sufre o se goza la escritura?

Ni se disfruta ni se padece. No es tan romántico como piensa alguna gente, no vienen los pajarillos piando por la ventana a traerte la inspiración. Es un trabajo, pero que hay que tomarse muy en serio. Esto es vocacional, nadie te obliga a escribir.

Los dioses cansados muestra un montón de personajes atosigados por la crisis. Ferreira, agobiado con sus hipotecas dice: “Demasiados problemas y muy pocas soluciones”…

Ferreira representa a gente a la que la crisis ha llevado a comportarse de una forma en que no tendrían que haberlo hecho. Pero está con el agua al cuello, le vencen los pagos y no puede afrontarlos. Y lo que plantea la novela es: “Y tú, ¿qué habrías hecho?”.

En mi opinión, la peor crisis que padece Ferreira no es la económica, sino la de valores. No delinque para dar de comer a su familia, sino para salvar las siete hipotecas de las casa en construcción y mandar a la niña a estudiar a Estados Unidos…

Bueno, él se preocupa porque a sus hijos no les falte de nada.

Igual lo que les falta a sus hijos es un mejor ejemplo moral y serían igual de felices en una casa más pequeña tirando con el sueldo de maestra de su mujer…

Es la radiografía de un mundo que se ha arruinado porque no ha sabido cortar cuando tenía que cortar. La ley de los que saben en la Bolsa es que “el último duro que lo gane otro”. Hay que saberse quitar a tiempo. Pero sí, se dice en un momento de la novela: “Al final, todo tiene que ver con el dinero”.

Uno de los capítulos se titula “El principio de incertidumbre”. Es algo de lo que saben mucho los que se dedican al oficio de ser escritor…

La incertidumbre siempre acompaña al escritor. Primero, porque nunca estás del todo satisfecho con el resultado entre lo que pensabas y lo que has acabado logrando. Una vez le escuché decir a Spielberg que hacer cine es frustrante porque nunca salen las películas como uno hubiera querido. ¡Si le pasa a Spielberg, imagínate a un escritor! Pero incertidumbre también porque cuando has acabado el libro tú puedes sonreír, viajar… pero no puedes obligar a los lectores a comprarlo. Nunca sabes qué va a pasar.

Dice en una pequeña introducción al libro que “la principal razón para leer ficción es disfrutar”. ¿Solo disfrutar?

Esto algún crítico lo ha interpretado mal, como si yo solo estuviera a favor del entretenimiento, y no es así. Yo no conozco a nadie que vaya a un restaurante y pida algo que no le guste. A mí, si un libro no me gusta, lo dejo. Cuando hablo de disfrutar hablo de despertar la emoción. En la narración han de pasar cosas, te ha de provocar sensaciones, te ha de hacer reflexionar… pero, sobre todo, te ha de emocionar.