Capitales españolas… del crimen

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texto JORDI MARTÍNEZ  foto ASÍS AYERBE

Entrevistamos a Ernesto Mallo, editor de sendas antologías negras sobre Barcelona y Madrid (Siruela).

¿Qué hace un autor argentino como tú editando dos antologías de crímenes hispanos como estas?

Pues lo que debe. Hace ya casi un año que estoy residiendo en Barcelona y esta antología es parte de mi proceso de integración a la ciudad y a su gente. Todos mis cambios vitales van acompañados por la literatura, ya que ella no es para mí ni un arte ni un oficio, sino una forma de vida, una manera de estar en el mundo.

Madrid y Barcelona, Barcelona y Madrid, en su acepción negra ambas… ¿se complementan, crean un juego de espejos, difieren en realidad la una de la otra?

Hay algo negro universal, hay algo urbano universal, y también está el lado oscuro de las personas. Son todas relaciones de parentesco, de familiaridad. Pero, aunque los hermanos no se parezcan en nada, tanto en lo físico como en lo psíquico, siguen siendo hermanos. Creo que la parte negra, tanto de las ciudades como de las personas, nos hermana más que nuestra parte angélica, si es que la hay.

¿Hay algún tipo de crimen que merezca el gentilicio de “hispano”, bien por haber nacido aquí, bien porque lo hemos llevado a su máxima expresión?

No lo creo. Aplicar un gentilicio a un tipo de crimen es como aplicar un adjetivo a alguna etnia, me suena como algo discriminatorio, racista. Creo sí que pueden agruparse los criminales por la especialidad que practican y eso, como los oficios, va más allá de la nacionalidad o de la etnia, se trataría de gremios criminales no formales, como no podía ser de otra manera. Eso por un lado; por otra parte, el término “hispano” es una de las típicas generalizaciones que los funcionarios norteamericanos (y la gente en alguna medida) usan para no entender de qué se trata el mundo y creer que sí lo entienden, porque piensan que clasificar es comprender. Pero clasificar a los seres humanos es discriminatorio. No cabemos todos en la misma bolsa.

Tras leer los relatos, ¿te llamó algo la atención, descubriste algún aspecto barcelonés o madrileño que hasta ahora te hubiera pasado desapercibido?

Nunca leí los cuentos desde esa perspectiva, lo que sí encontré fueron muchas maneras sorprendentes de abordar lo negro, lo perturbador, lo inquietante que, en cada caso fue típicamente barcelonés o típicamente madrileño.

En el volumen de la Ciudad Condal te has reservado un cuento, el ambientado en el barrio del Born. ¿Vendría a ser tu debilidad barcelonesa?

No he averiguado aún la razón, y quizás nunca lo haga, pero El Born ejerce sobre mí una especie de fascinación que no puedo resistir, esa combinación de lo frívolo con lo eminentemente cultural, del turismo con la mala hostia local que provoca. Las ruinas del Mercat que recuerdan la derrota de 1714, en el mismo sitio donde se celebran las expresiones artísticas más sofisticadas, produce una visión triple donde dialogan pasado, presente y futuro.

Finalmente, como antólogo, como autor, como ciudadano… ¿qué crimen te quita el sueño?

Son varios, en primer lugar la violencia y el abuso contra la infancia me resulta especialmente repugnante; los crímenes contra la mujer y las diferentes formas de esclavitud modernas.