“En cada verso tiene que haber un asesino”

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texto SANTIAGO GARCÍA TIRADO  foto MARTA CALVO

Todas las miradas llevan a Carlos Zanón, autor de novela negra y poeta, o viceversa.

Acaba de dar a luz un poemario, Banco de sangre (Espasa); ya tiene fecha para Taxi, su inminente novela, y en el mundo del género negro nadie ha quedado indiferente ante el anuncio de su próximo reto: la nueva entrega de la serie Carvalho.

La literatura en España es un ecosistema populoso, que ha visto cómo en los últimos años se han ido multiplicando protagonistas, y consecuentemente el relumbrón, la gresca, el barullo a la caza del micro. Da igual el ruido, la furia, sus dimensiones: en casi cualquier ámbito de la literatura uno siempre puede escuchar el nombre de Carlos Zanón. Ha escrito letras de canciones, teatro, guiones cinematográficos, poesía, relato y novela. Ha crecido literariamente y se ha consagrado. Lo aman —y persiguen— por igual lectores y críticos: nadie puede enfrentarlo sin pasión. Nosotros, los que menos, que para eso hemos sacado la grabadora, dispuestos a hacerlo hablar de todos y cada uno de sus proyectos. Porque este 2017 va a dejar huella en el universo Zanón.

Si Carlos Zanón hubiera aprendido a tocar el piano a los 7 años, entonces ¿Banco de sangre habría sido un disco?

Seguramente. Intenté lo de ser músico y la verdad es que soy un negado. Tengo muy poca capacidad de aprendizaje. Lo que se me daba especialmente bien lo hacía bien siempre, pero no tengo capacidad de mejorar.

Desde luego, a cada libro le diseñas una BSO.

Lo que yo he intentado es hacer música escribiendo. Es una forma de tratar la música de manera orgánica: la melodía, los arreglos… todo lo que hace que una canción o una ópera te guste hay que intentar meterlo en una novela.

No eres el poeta que desgrana su tortura, o su miedo, o su euforia, sino que en tus poemas hablas de otros, en un formato que siempre parece una canción.

Sí, eso está bien visto. Incluso en mis novelas cada capítulo es independiente de los otros. Yo creo que lo que hago a nivel de escritura es muy parecido, en el sentido de que todo es todo. Es así: te indagas a ti mismo pero indagando al otro.

Sí, pero quedas en segundo plano. Nunca dices: “Soy Zanón, y este es mi drama, este es mi momento”.

Sí, hay una parte en la que piensas “¿a quién le va a importar?”. Hay un cierto exhibicionismo lírico que no me gusta; y luego está la máxima de Eliot: “Un poeta no tiene que explicar qué le pasa, sino qué pasa”. Sí que escarbas en tu autobiografía, y en tus fantasmas, pero tienes que hacerlo como en una canción, que tú la hagas tuya, que se note que está hablando de ti.  

En Banco de Sangre se solidifica tu estética rockera. Insisto, ¿te tiran más tus referentes musicales que tus referentes literarios?

Probablemente. La música la percibo de una manera más orgánica, y la literatura me llega de una manera más intelectual. Yo empecé a escribir poesía escuchando música en la radio. El locutor las traducía y yo me inventaba qué era lo que había querido decir la canción.

Encuentro un aire muy anglosajón en tu forma de componer versos.

En cada verso tiene que haber un asesino. En cada verso tiene que haber un golpe, te tiene que sorprender, y eso está en un tipo de literatura muy anglosajona, de mucha musicalidad. Y el Rock and Roll juega con esto, con esconder al asesino dentro de las canciones. Carver fue una influencia en mí por esa mirada poética, pero utilizando, a la hora de escribir, las manos de un narrador. Eso me parece fascinante. Me siento muy cómodo ahí.

Ahora recuerdo que un día te metiste en un lío a cuenta de un poema de Bukovski.

Lo que no busqué fue la ubicación, frente a una comisaría.

Entonces, ¿el poema lo seleccionaste tú, pero lo de la ubicación fue fortuito?

Totalmente. Eran poemas que tenían como referencia la calle, el entorno urbano, y busqué poetas que a mí me gustaban, entonces encontré ese poema del personaje de Chinaski entrando en un bar —en la época de Vietnam, cuando había un gobernador en California que se dedicaba a coger a los mendigos y meterlos en la cárcel…—. En ningún momento busqué la polémica, y menos con la ubicación, pero luego todo se li0, y fue muy divertido. Estoy seguro de que eso a Bukovski le habría encantado.

Tus poemas los pueblan siempre los secundarios: Álex Chilton, Johnny Thunders… Parece que recelas de quienes triunfan y, desde luego, lo tuyo no es la política.

No. Soy muy individualista. La misma muchedumbre que va a quemar a las brujas es la que en determinado momento puede defender una buena causa. Como individualista sospecho de la curva de la muchedumbre, no me interesa la política en ese sentido. Y me gusta mucho la segunda línea de las cosas —la segunda línea del rock, de la literatura…—. El éxito y el fracaso brutal distorsionan mucho la capacidad de un creador, la desenfocan. Sacas una novela buena con 25 años, es un éxito y, en realidad, te ha jodido la vida. A Hemingway una vez le preguntaron: “¿Qué es lo que destruye a un escritor?”, y dijo: “Las mujeres, el dinero, el alcohol, la falta de mujeres, la falta de dinero, la falta de alcohol”. Puedes cambiar el alcohol por drogas, y todo lo que quieras, pero en el fondo es eso: el exceso y la carencia destrozan la posible carrera de un escritor.

 

Sigamos con tu obra narrativa: sinceramente, no acabo de entender ese empeño de encerrarte en el género negro.

Mi mirada es negra en el sentido de que es una mirada social, en realidad es una crítica al capitalismo, no solo como sistema económico, sino como sistema personal, social, vinculado. Mis personajes se encuentran en una situación en la que no tienen lo que quieren y lo único que les queda es la violencia, ese el ecosistema de todas mis novelas. Soy novela negra en el sentido de El cartero siempre llama dos veces, o de Patricia Highsmith: me interesa la ambigüedad moral de los personajes, que todos seamos buenos o malos dependiendo de las circunstancias en que nos movamos.

Últimamente no hay ciudad ni pueblo que no se precie de tener un premio de novela negra. Algo tendrás que decir acerca de ese boom.

Creo que la novela negra ya lleva mucho tiempo como para ser considerada un boom puro y duro. En Francia hay lectores que llevan cuarenta años leyendo novela negra. Es un género más, como tendría que ser también aquí. Yo creo que ha venido a suplir argumentos, la voluntad de conectar con un lector, la necesidad de explicar una historia, una cierta humildad —ya no valía eso de “soy un autor en su torre de marfil, y lo que me pasa a mí y a mis amigos es superfantástico” —. Creo que la novela negra actual es costumbrista, con violencia, que ha chupado mucho de la tele, de Patricia Highsmith, de Hitchcock… todo eso ha gestionado una serie de autores que están dando lo mejor de sí.            

De lo que no cabe duda es de que este nuevo trending topic de los festivales está sirviendo de publicidad, no sé si más a las ciudades o a las editoriales.

A las editoriales, no, porque en los festivales no se venden libros, los festivales no están dirigidos a eso —cosa que no veo bien—. En Francia, los festivales están dirigidos a que el escritor esté en contacto con el lector, y a que compre libros. Por eso se llama “festival”. Para que una editorial traiga a un autor como Dennis Lehane le tiene que ser rentable, si no, no lo va a traer. Yo me he encontrado en un festival con Philip Kerr, que enamoró a la gente de tal manera que está quería su libro. Pero allí no estaba el libro.  

¿Empieza a haber saturación? ¿Hacia dónde debe ir la novela negra en España?

Tiene que cambiar la percepción. Uno que va a comprar novela negra tiene que encontrar variedad de productos: David Peace, un autor inglés, hace un tipo muy distinto de lo que hace John Connolly, y no pasa nada. Aquí tenemos la suerte de tener a gente veterana —Andreu Martín, Juan Madrid, Lorenzo Silva, Giménez Bartlett…— y, además, las nuevas generaciones. Cada uno tiene su manera de hacer las cosas. Sí que hay saturación en el sentido de que la industria, en cuanto algo funciona, empieza a meter productos clónicos, y probablemente hay autores cuyo nivel de calidad no tiene relación con las ventas que están teniendo.

Ayúdanos a desbrozar el terreno: de los españoles, ¿con cuáles te quedas?

Me interesan Marcelo Luján, Toni Hill, Julián Ibáñez —un veterano, y creo que de lo mejor que hay en hard boiled—, Lluis Llort… y me olvidaré de alguien, seguro.

Hubo una temporada que os presentaban a ti y a Willy Uribe como el dúo que iba a desequilibrar la novela negra en este país.

Es muy bueno. Y Rosa Ribas y Víctor del Árbol… pero ¿por qué considerarlos novela negra?