Euskadi muy caliente

 

texto SABINA FRIELDJÜDSSEN foto ARCHIVO

Ricardo Alía nos sumerge en un San Sebastián de lo más oscuro en ‘El vuelo de la serpiente’ (Maeva), segunda parte de su ‘Trilogía del zodíaco’.

Erika prefiere que, cuando se da un aviso, al final no haya de verdad un cadáver. Sus policías son gente sensible. ¿Los policías no son esos seres rocosos que nos han mostrado el cine y la novela policiaca durante décadas?

Esos seres pertenecen al pasado, a la época dorada de la novela negra, que comprende el período de entreguerras, son personajes de las novelas de Chandler y Hammett, a los cuales admiro mucho. Pero los policías son personas como nosotros, de carne y hueso, a los que al final de la jornada laboral les aguarda una familia en casa.

Eso sí, el inspector Medina se pasea por la ciudad con un Ford Mustang. Policía sensibles, ¿pero sin perder la mítica?

Voy a desvelar un secreto. El coche que conduce Max es un Ford Mustang modelo Cobra y no es una elección casual, es una referencia tácita a los signos del zodíaco que aparecen en la trilogía: Cobra en alusión a El vuelo de la serpiente y Mustang por El salto del caballo. En mis novelas siempre hay guiños y mensajes ocultos hacia el lector. Por ejemplo, los malos de cada novela cumplen una premisa… y ahí lo dejo.

Las referencias a ETA son constantes y usted las maneja con soltura. ¿Se ha derribado el muro del silencio?

Creo que sí, antes era difícil expresarse con libertad, por miedo a las represalias. Hay que recordar que solo han pasado cinco años desde el anuncio por parte de ETA del cese de su actividad armada. Hubo un tiempo no tan lejano en que la policía patrullaba en grupo, con pasamontañas; las paredes de los pueblos estaban llenas de pintadas a favor de la banda, las manifestaciones y los altercados eran continuos… Quizá ha llegado el momento de poder hablar más abiertamente de todo. En el País Vasco siempre ha sido difícil, pero ha habido un cambio evidente, cuando voy allí de vacaciones noto que se habla con más libertad. Aunque también creo que seguramente tienen que pasar un par de generaciones todavía para que este tema se normalice del todo.

¿También había otra barrera de silencio por el otro lado, con las siniestras derivaciones de la Brigada Político Social, como se relata en la novela? ¿Esa barrera aún existe?

Pienso que los vascos vivimos una especie de segunda guerra civil y que ninguno de los dos bandos puede tirar la primera piedra. Y en toda guerra hay lagunas de silencio que es muy difícil que vean la luz.

Un personaje –aunque no muy fiable– dice que “las impurezas son las que favorecen las reacciones químicas”. ¿Sin impureza no hay vida?

El personaje cita a Primo Levi, escritor y químico. Y suscribo al ciento por ciento la cita. Los nazis buscaban la pureza de la raza aria y mira hasta dónde llegaron y la cantidad de horrores que consumaron.

Oiga, ¿usted era seguidor de la mítica serie La frontera azul? Lo digo por lo de la serpiente que no tiene cuernos pero puede convertirse en dragón…

[Risas] Me han hablado de la serie pero no la conozco, me queda un poco lejos, yo era seguidor de Expediente X, Twin Peaks

Algunos personajes no quieren que les hablen en euskera, muchos otros entremezclan junto al castellano términos en euskera. ¿Es así de natural la cotidianidad lingüística del País Vasco?

Sí, en casa de mis padres no se habla el euskera, yo no fui a una ikastola, pero el bai, kaixo, agur, barkatu… se emplean casi sin quererlo.

Su pasión por el ajedrez, ¿cree que ha influido en su manera de plantear la trama y la resolución?

Totalmente. Planteo las novelas como si fuesen una partida de ajedrez entre el lector y yo, una partida donde intento esconder las jugadas, la estrategia, y trazar un plan que concluya al final con un jaque mate que sorprenda al lector. Otro tema que me ha influido en el ajedrez es que, cuando competía, había muchos tiempos muertos que yo aprovechaba para leer.

¿Y cómo alguien apasionado por el ajedrez y la literatura termina estudiando química?

Me atraen los laboratorios, las reacciones químicas, las propiedades de los productos… todo en la vida es química. Pero he de reconocer que no tenía vocación de químico. En mi época universitaria estaba abducido por el ajedrez, me dedicaba casi por entero a él, y la licenciatura era algo que debía conseguir para labrarme un futuro. Fue precisamente en la biblioteca de Químicas dónde se me ocurrió la idea original de El signo del dragón. El edificio es muy laberíntico, desde fuera no lo parece porque es cuadrado, pero desde dentro es fácil desorientarse, más si eres químico, porque somos bastante despistados. Cuando estudiaba allí de noche siempre pensaba en qué podía ocurrir allí si un día te quedabas encerrado.

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