La Guerra Civil Española sigue abierta

 

texto JOSÉ ÁNGEL LÓPEZ 

 

De José Antonio al Gernika, los libros siguen dando la batalla por arrojar luz a nuestro periodo más oscuro

 

El Asalto al Poder, Eduardo González Calleja (ed. S. XXI) es un ámbito de investigación muy relevante en las Ciencias Sociales, de alcance bastante transversal-Historia, Ciencia Política, Sociología, Filosofía). El autor es un auténtico especialista en la materia, amén del periodo de la Segunda República y del contexto de violencia política durante esos años. En el brillante trabajo de investigación actual realiza una clasificación del conjunto de la violencia política subversiva desde la perspectiva de los diversos actores, recursos y objetivos. Una vez identificados los mismos y trazado un itinerario de la violencia como argumento ideológico desde el ámbito de la Filosofía Política se abordan cinco grandes bloques en la práctica de la violencia con el objetivo final de consecución del poder político. En el primero de ellos se concentran cuatro siglos de reflexión política sobre el golpe de Estado como mecanismo de adquisición del poder subvirtiendo el orden establecido; un ensayo de interpretación y de conceptualización del fenómeno terrorista es objeto del segundo capítulo mientras que la insurgencia y la guerrilla como herramienta imprescindible de la misma se abordan en el tercer bloque. Los dos últimos modelos estudiados son, precisamente, la problemática de la Guerra Civil en el contexto de las Ciencias Sociales y la represión estatal como proceso de violencia política. El aparato bibliográfico de la investigación es descomunal, casi tanto como la capacidad de síntesis y de organización del autor para trabajar un tema tan amplio y complejo con la destreza exhibida en el libro.

No es la primera-ni probablemente la última- biografía que se publica sobre la controvertida, mitificada hasta la exaltación y, en buena medida, desconocida figura de José Antonio Primo de Rivera. El historiador Joan Maria Thomàs, especialista en el análisis histórico del falangismo y del franquismo, acaba de publicar José Antonio. Realidad y mito (ed. Debate) coincidiendo con el 80 aniversario de su ejecución. Partiendo de la misma, en el sentido contrario de la lógica biográfica, se empieza la construcción del Mito. Las razones por las cuales Franco, su corte golpista y un buen número de jerarcas de la propia Falange tardan dos años en hacer oficial su muerte constituye el núcleo final de la investigación y del libro. Ni siquiera la carta dirigida por María Santos Kant a Franco-presentándose como novia de José Antonio- tres días después de divulgarse la noticia de su fusilamiento en la zona republicana le permitió confirmar, en la respuesta del mismo, el fallecimiento. Tan solo los comentarios de Hedilla-el famoso ¡Presente! como grito de los caídos, de Raimundo Fernández Cuesta y de Dionisio Ridruejo, siempre en círculos muy reducidos permitieron construir la imagen del Ausente-atribuida a Agustín de Foxá- y “de esta manera comenzó a construirse una imagen idealizada de José Antonio, extensión del culto a la personalidad que ya se le había tributado en el seno de Falange Española desde su llegada a la jefatura nacional. Era el prolegómeno del Mito (con mayúscula) en que se le erigiría a partir de julio de 1938, cuando la noticia se hizo pública y oficial. Más allá de esta cuestión, el trabajo profundiza en la construcción desde el fascismo de un deseo de trascendencia de la figura paterna y de toda una saga familiar de militares intervencionistas. Especial interés presenta el capítulo dedicado a la forja del personaje desde la reivindicación de la figura paterna del dictador al surgimiento de un segundo salvador de España, encarnado por él mismo. La configuración de Falange Española y la asunción de su liderazgo fue proporcional a la soledad en la que se encontraba en el momento del golpe contra la República. La conclusión de Thomàs es que Falange se convirtió en la herramienta franquista para consolidar el régimen al finalizar la guerra civil, es decir, en una Falange de Franco y no en una Falange de José Antonio. La inserción de los principales jerarcas del partido en el aparato estatal acabó con cualquier atisbo revolucionario que pudiera quedar del mensaje fascista del falangismo, defraudando los ideales de aquellos que-cada vez menos numerosos- compartieron el mensaje joseantoniano.

El 26 de abril de 1937 se produjo el bombardeo y destrucción de Gernika en el marco de una operación de bombardeo sistemático por parte de la Legión Cóndor. Ensayo generalizado de otro tipo de operaciones sistemáticas realizadas posteriormente en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, como la que forzó la rendición de Polonia tras arrasar Varsovia, ha alcanzado el carácter simbólico-especialmente con la inmediata obra pictórica de Picasso y su exposición internacional en París en los meses siguientes a la acción- de uso de la población civil como objetivo militar. Una reproducción de la obra se encuentra en la sala que da acceso al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas-pagada por el recientemente fallecido Rockefeller- representa la trascendencia de un hecho histórico convertido en referencia de algo que se repite con demasiada frecuencia en los conflictos civiles e internacionales. En la historiografía de la Guerra Civil ha constituido un tema recurrente y notoriamente falseado por los supuestos investigadores al servicio del régimen franquista: desde la negación de los hechos, estableciendo la autoría de la propia población local (tan surrealista como se lee) hasta la adjudicación a los mandos militares alemanes al margen de Franco y sin su autorización. Como señala Ángel Viñas en el prólogo del libro de Xabier Irujo, Gernika (ed. Crítica) hasta 1977 no comenzaron a aparecer estudios rigurosos-como el que reunió a diferentes especialistas en el estudio de la Guerra Civil en la propia localidad en el primer acto celebrado 40 años después del bombardeo- sobre este hecho histórico. El presente libro responde a las cuestiones básicas objeto de las diversas controversias acaecidas durante estas décadas: la razón o razones de la destrucción de esta localidad, la manera de la ejecución de la misma, las consecuencias y la atribución final de las responsabilidades. La retirada de cualquier honor o símbolo franquista de la localidad a la muerte del dictador fue fulminante; como la imputación de responsabilidades a los gobiernos español, italiano y alemán del momento. Consuelo moral tardío, pero imprescindible.

En el libro 1936 Fraude y Violencia en las elecciones del Frente Popular de los autores Manuel Álvarez y Roberto Villa (ed. Espasa) asistimos-de nuevo- a la apertura –si es que en algún momento se ha cerrado- del sempiterno e interesado debate sobre las elecciones que se celebraron durante el mes de febrero de 1936 y que otorgaron la victoria a la coalición de fuerzas de izquierdas que, finalmente, se articularon en torno al denominado Frente Popular. Pese a que los autores manifiestan que no pretenden agitar ningún debate en torno a la legitimidad del Gobierno del Frente Popular, ni de la República como régimen, lo hacen desde el mismo título del libro-excusatio non petita, acusatio manifiesta-. Por cierto, una cuestión es la legitimidad y otra muy diferente es la legalidad cuestionada. Es más, creo que los autores son plenamente conscientes de la polémica que suscita su trabajo entre los profesionales del gremio-Santos Juliá no ha tardado en realizar una crítica completa y feroz del mismo- En cualquier caso el menosprecio hacia el trabajo de una buena parte de la historiografía anterior a la publicación de este libro, adornado con toda una serie de afirmaciones bastante discutibles, constituyen una buena promoción del libro entre cierta clientela/ consumidor muy identificable: “un lector atento habrá percibido que nuestro estudio supone un vuelco respecto de lo que hasta ahora sabíamos sobre el transcurso de las elecciones, las alianzas, la violencia política, la movilización callejera que dio al traste con el Gobierno de Portela, el escrutinio o el fraude electoral” (pág. 518) Que las elecciones se celebraran en ese momento –inoportuno a los intereses de las derechas- fue decisión personal de Alcalá Zamora-como reconocen los autores- no precisamente un “rojo peligroso”. Lo de la justicia inversa respecto a los acontecimientos de 1934 y la petición de responsabilidades al Gobierno de centro-derecha del momento- es una valoración puramente ideológica-impropio de la objetividad y del rigor histórico. Las elecciones fueron muy limpias-según los autores- pero las falsificaciones del escrutinio y el fraude, producto del clima de violencia, anticiparían la inminente Guerra Civil-no demostrado por su investigación- Sin embargo se reconoce que la estrategia de coalición del Frente Popular fue un éxito frente a la división de la CEDA y las fuerzas conservadoras a la hora de plantear una alternativa electoral. En resumen, trabajo discutible y discutido. Aunque no era lo que querían los autores…

 

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Comentarios (2)

  • Invitado - miguel

    Lee un poquito más Gustavo.

  • Invitado - Gustavo

    Creo que valoraciones políticas aparte, el libro de Manuel Álvarez y Roberto Villa demuestra, prueba, sin margen de duda o error, que el tiunfo de las izquierdas en las elecciones de 1936 sólo fue posible por una serie de fraudes electorales antidemocráticos.

    El gobierno resultante de aquellas elecciones, el del Frente Popular, que amparó cuando no promovió la violencia sistemática contra las gentes de derechas o simplemente cristianas,fue por tanto ilegítimo y eso debe tenerse en cuenta, a la hora de valorar el levantamiento contra aquel gobierno sucedido 5 meses después, y que debido a su fracaso en Barcelona, Madrid, Bilbao, etc, degeneró en la guerra civil que tanto deseaban Largo Caballero y otros de su cuerda contando cn ganarla fácilmente.