“El mundo de la ilustración ha sido siempre masculino”

 Sarah Andersen publica Un bollito feliz, la continuación de Crecer es un mito.

 

 

 

Texto: ANNA MARÍA IGLESIA

Nacida en Brooklyn, Sarah Andersen es una ilustradora que se dio a conocer entre nuestros lectores con Crecer es un mito (publicado también en catalán Créixer és un mite, ed. Bridge). Ahora La Catedral publica la segunda parte, Un bollito feliz (en catalán, Una magdalena feliç), donde volvemos a encontrarnos con la misma protagonista, esta vez adulta. Si en el primer libro, Andersen nos ilustraba las contradicciones y las dificultades de ser niña, cuyas expectativas estaban puestas en una edad adulta que parecía no llegar, en Un bollito feliz la ilustradora nos muestra las constricciones, las obligaciones y los estereotipos que envuelven la vida de una mujer adulta. Con su humor característico, ese que te dibuja una sonrisa a la vez que te da una sacudida, Andersen cuestiona los estereotipos de género, el rol que se espera de la mujer, las exigencias y las autoexigencias impuestas; en definitiva, Andersen disecciona con ironía la sociedad de hoy y el papel todavía contradictorio y, en muchos casos, constreñido que se impone a la mujer. En Un bollito feliz no solo se hace evidente que crecer era un mito, sino que crecer es despertar en un mundo donde todavía hay mucho que batallar.

¿Cuándo comenzó Sarah Andersen a dibujar?

Todo comenzó cuando estaba en secundaria; dibujaba para mí misma, para divertirme, pero no pensaba en absoluto que fuera una carrera y, de hecho, no fue hasta el primer año de universidad que comenzó a colgar los artículos online.

Y ¿cómo nació esa protagonista femenina crítica con el contexto y muy crítica con los estereotipos en torno a la mujer?

La protagonista es un personaje femenino por la sencilla razón de que ella soy yo. Además, su humor es un reflejo de cómo yo veo el mundo y, evidentemente, es una mirada crítica. Creo que es muy importante cuestionar estas ideas preconcebidas de lo que supuestamente es una mujer, de cómo debe comportarse una mujer, de cómo debe ser una relación de pareja… y, sobre todo, es importante cuestionar las ideas preconcebidas que tenemos en torno al género, en torno a lo que significa ser mujer y en torno a las expectativas que la sociedad pone en nosotras. Me parece imprescindible cuestionar los estereotipos, porque reflejan unas determinadas normas o unos parámetros de conductas que han sido impuestos y que, en cierta manera, nosotras hemos aceptado en cuanto la sociedad nos los ha impuesto. Escribir es una forma de plantar cara a todos estos estereotipos.

En Crecer es un mito, ser grande es el deseo de la niña protagonista, pero ser grande es también entrar a formar parte de un esquema social rígido, donde la libertad de la infancia se pierde.

De pequeños, a todos nos han vendido esta idea de que cuando eres adulto ya lo sabes automáticamente todo y puedes hacerlo prácticamente todo, pero casi nadie habla de las dificultades que tiene el hecho de ser adulto. Nadie habla de las zonas grises de la edad adulta, en la que no encuentras esa sensación de libertad y de seguridad que te habían prometido. Para mí, era muy fuerte que todo aquello que me habían dicho sobre lo que significaba ser adulto eran puras mentiras y de esta sensación nació el título del libro.

¿Crees que los esquemas, al menos mentales, a los que se enfrenta la mujer una vez adulta son mayores respecto a los que hacen frente los hombres?

Sí, es así, seguro, aunque también es cierto que los hombres tienen sus propios problemas, lo que sucede es que yo los puedo percibir, pero no entender del todo. Sin embargo, creo que las consecuencias del concepto de masculinidad y de los problemas que los hombres se han hecho al respecto los asumimos las mujeres, para las cuales la edad adulta es enfrentarse a un gran universo de estereotipos de género. En parte los estereotipos de género a los que nos enfrentamos las mujeres se deben al concepto de masculinidad y a la idea de patriarcado que todavía persisten. A lo largo de mi vida, he tenido que escapar varias veces de los estereotipos que se me imponían y esto porque a las mujeres, no sólo se nos imponen muchas normas, sino también hay unas expectativas desmesuradas puestas en qué debemos ser: se espera de nosotras que tengamos una determinada imagen y una determinada conducta social, que formemos una familia, que seamos madre… tenemos muchas más imposiciones, que pueden hacer sentir mal a muchas mujeres. Por esto, creo que es importante que haya muchas posibilidades para que las mujeres puedan vivir como ellas quieran. Es perfectamente lícito que algunas mujeres quieran responder a estos roles más tradicionales o estereotipados, pero las mujeres tienen que tener la posibilidad de vivir libremente una vida distinta.  

El cuerpo de la mujer está muy presente en tus libros. ¿Tener el cuerpo o la apariencia “perfecta” es la primera imposición a la que nos enfrentamos?

Para hablar del por qué a las mujeres se nos impone una determinada imagen deberíamos ir muy atrás en la historia y sacar a la luz la cuestión del patriarcado, pero, para no alargarnos mucho, diré que está asumida la idea de que una mujer, para ser válida, tiene que tener una determinada apariencia. Y esto no debería ser admisible, sobre todo cuando ves lo que se les permite a los hombres. Solo en cuanto al físico, el nivel de exigencia de los hombres es mucho más bajo. ¿Qué podríamos hacer al respecto? Trabajar en la aceptación, ver las imperfecciones como algo que forma parte de nosotras mismas y priorizar otras cuestiones antes que el aspecto físico, sobre todo hay que priorizar el bienestar. Si tú estás bien, lo estético no importa.

¿Te defines como una autora e ilustradora feminista?

Claro, soy cien por cien feminista. Sé que hay otras artistas que no lo afirman con tanta contundencia, solo lo insinúan un poco, pero yo no, yo me declaro feminista. Puede que mi trabajo gire exclusivamente en torno al feminismo, pero sí que busca plantear ciertas cuestiones relacionadas. Si con mis cómics consigo cuestionar los roles de género e, incluso, ayudar a algunas mujeres a cambiar y a modificar la percepción que tienen de su cuerpo, me sentiría muy orgullosa.

En España vivimos un boom de ilustradoras, cuyos trabajos son abiertamente feministas y tienen a la mejor como protagonista. ¿Pasa algo similar en Estados Unidos?

En estos últimos años, ha habido más mujeres que se han tirado a la piscina en cuestiones de ilustración, seguramente porque tanto el webcómic como Internet ofrecen muchas posibilidades. Aunque tiene muchas cosas negativas, Internet es una plataforma ideal para dar voz a estas mujeres ilustradoras y para que los lectores tengas acceso a su trabajo. Es cierto que el webcómic sigue estando dominado por hombres, pero cada vez hay más mujeres y se vislumbra que va a haber un cambio en la concepción y en las temáticas del webcómic, aunque no sin conflicto, como sucede siempre que hay cambios.

En España así ha sido, pero ¿también en Estados Unidos el mundo de la ilustración ha estado dominado por los hombres?

Sí, en Estados Unidos es así, el mundo de la ilustración ha sido siempre masculino. Cuando estudiaba en la universidad ilustración, era muy frustrante ver que en la carrera había matriculadas más mujeres que hombres y, sin embargo, había la extraña percepción, fomentada por la propia universidad, de que, por muy buenas que fuésemos las mujeres, los genios siempre eran ellos. En efecto, en la universidad, me di cuenta cómo, incluso, había profesores que difundían la idea de que los genios eran ellos Y esto es algo curioso porque no es fenómeno que no solo sucede en el mundo de la ilustración, sino también en otros sectores: la cocina, por ejemplo, es un sector históricamente dominado por las mujeres, pero los genios, los chefs, son siempre hombres y es a ellos a quien se les reconoce el mérito.  Afortunadamente ahora estamos en un punto de cambio y, actualmente, mis ilustradores preferidos son mujeres, que tienen cada vez más posibilidades para ser reconocidas.

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