“Los cubanos comen todo lo que pueden cuando pueden y después, ya veremos”

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Leonardo Padura publica La transparencia del tiempo

 

 

 

 

Texto: BEGOÑA PIÑA

Leonardo Padura, el escritor, y Mario Conde, el nostálgico, el personaje, nacieron el mismo año, 1955, y desde que se encontraron solo han vivido algunas separaciones temporales. Ahora, con los sesenta encima, el primero confunde la vida de su personaje con la propia y atribuye al detective momentos y pensamientos que son suyos. Ningún lío, sin embargo. Conde, aunque no sea el alter ego en la ficción del escritor, comparte con Padura ¡tantas cosas de los cubanos de su generación! El escritor carga un poco las tintas cuando habla de los sentimientos y reacciones de su personaje, “lo potencio”, y así deja muy a la vista el desencanto, la tristeza y la melancolía (que es crónica en Conde) que comparten los cubanos que vivieron la ilusión de la revolución en sus primeros años de vida.

En La transparencia del tiempo, la nueva novela –novena- de la serie protagonizada por Conde, autor y personaje recorren las calles de La Habana, se adentran en asentamientos de miseria que han brotado a las afueras de la ciudad, alternan con ‘mercaderes’ de obras de arte, con buscavidas y rateros, buscando una virgen negra que parece la famosa Virgen de Regla pero que no lo es. Y así, Padura sigue escribiendo la crónica de Cuba.

En esta nueva novela de la serie de Mario Conde, describe usted un paisaje de asentamientos de miseria en La Habana desconocidos hasta ahora.

En Cuba no es que no se conozcan, es que es un mundo prácticamente invisible del que no se habla en los medios de comunicación. Se habla de una casa que se reconstruye o se construye, pero no se dice nada de la forma en que vive la gente en estos asentamientos. Son conglomerados muy precarios que no existían en Cuba hace treinta años y que son resultado de la dilatadísima crisis económica y de la desesperación de la gente por encontrar una vida un poco mejor.

¿El deterioro de la situación en la isla empuja a un novelista como usted a ser más político en sus obras?

Lo que creo que es esta novela es muy social y es por la vía de lo social por donde se llega a las preguntas de carácter político. Pero yo no pretendo de ninguna manera hacer una novelística abiertamente política. No me interesa. Existen recursos literarios para hacer las preguntas más complicadas, incluso para dar respuestas, sin tener que entrar directamente en el territorio inestable y peligroso de la política.

¿Cuál es el estado de ánimo hoy de la sociedad cubana?

La clave para entender a la sociedad cubana es que cada vez se parece más a otras sociedades, pero sus claves internas son muy singulares. Cuando la leche en polvo se convierte en producto de contrabando…

Ahora que habla de leche, Mario Conde en este libro come todo lo que puede siempre que puede, ¿tal es la desesperación de los cubanos?

La mayoría de los cubanos han desarrollado la filosofía ‘camélida’ (de camello), comen todo lo que pueden cuando pueden y después, ya veremos. Si el presidente de la República dice públicamente que los salarios del estado no alcanzan para vivir… la gente vive el día a día. El sentido del ahorro, de la planificación, desaparece. Esto se aplica en muchos aspectos de la vida. Hay un viejo chiste cubano en el que un tipo ve una cola de gente muy larga y pregunta qué se vende. En Cuba lo que sea que haya, hay que comprarlo.

Este deterioro generalizado llega a los sesenta años de Mario Conde, ¿sufrirá ya una melancolía crónica?

Conde siempre ha arrastrado nostalgia, melancolía, desencanto… Pero ahora va creciendo, sí, es un proceso natural y universal, las cosas no se ven igual a los 20 que a los 60.

Y ¿ha perdido toda esperanza?

Bueno, yo estoy escribiendo una novela y potencio los puntos conflictivos para visibilizarlos mejor. Conde sufre todo de forma bastante más dramática que yo, aunque no es desproporcionada. Pertenece a una generación que creyó en el sacrificio, se sacrificó y tuvo algunos momentos de gloria, pero ahora, al llegar a los sesenta, ve pocas recompensas.

El anuncio de la salida de Cuba de uno de sus amigos le da la puntilla…

Ahora la gente se mueve de un sitio a otro con los desgarramientos normales, pero en Cuba esos desgarramientos pueden ser más profundos. En los 60, los que se iban lo hacían para siempre, existía la forma ‘salida definitiva’, hoy eso tiende a normalizarse. Pero Mario Conde reacciona muy mal y sus amigos le critican el egoísmo, en mi opinión, más sano y más humano, el que surge del temor a la soledad y a la pérdida de los puntos de agarre de tu mundo. Para Conde, si el mundo que él ha tratado de preservar se deshace es casi como si se deshiciera él mismo.

Y después de tantos años ¿su convivencia con su personaje sigue siendo buena o están hartos uno del otro?

La verdad es que a veces confundo momentos y pensamientos de la vida de Mario Conde con la mía y paso otros de mi vida a la de Mario Conde. Siento una enorme gratitud por él, porque me ha servido para hacer este recorrido por la vida cubana. Hay una clave en esta novela que no voy a desvelar, pero necesitaba encontrarle un alivio a toda la frustración y tristeza, porque el personaje se lo merece. Le he dado la posibilidad de hacer algo con lo que siempre había soñado.

El ‘halcón maltés’ de su novela es la talla de una virgen negra…

Es una virgen negra porque eso me iba a permitir, primero, una confusión y luego, un tramo de recorrido histórico de casi diez siglos. La confusión, lógica en Cuba, es la de la Virgen de la Regla, una virgen negra, sincretizada con un Orisha de Yoruba, Yemaya. Ambos tienen muchos fieles. La figura me permitía que la acción se moviera dramáticamente y jugar con que lo que creíamos que era, no lo es. La historia material de este objeto y la mística está llena de sentidos y de significados. Una de las necesidades que tenía yo con esta novela era la de establecer la relación del hombre con la Historia, el hombre como objeto de la Historia. Un acontecimiento te puede cambiar la vida de un día para otro.

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