"La ficción es, en cierto modo, un disfraz”

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Laura Ferrero publica su primera novela, Qué vas a hacer con el resto de tu vida (Alfaguara)

 

 

 

 

Por: Paula M. Gonzálvez

 

Ha conseguido alzar con fuerza y en tiempo récord una voz personal e intimista a través de la palabra. Laura Ferrero (Barcelona, 1984) asegura en Qué vas a hacer con el resto de tu vida (Alfaguara) que sabemos tanto de nuestras propias profundidades como de los océanos. Sin embargo, la autora desgrana nuestro fondo con una progresión emocional que va in crescendo, al tiempo que desmenuza las relaciones humanas. Con todo ello, Ferrero consigue atraparnos en su libro que, al contrario que las islas co-protagonistas, no pone límites a las emociones, a las que nos enfrenta página a página. Y nos retiene porque, como escribe en su primera y esperada novela -tras el éxito de sus relatos de Piscinas vacías-, “cuando lees, siempre encuentras la frase que encierra exactamente lo que quieres decir”.

-Es un título directo el de tu primera novela (Qué vas a hacer con el resto de tu vida). ¿Conoces ya la respuesta?

Me gustaría decir que sí, que después de terminar esta novela ya la tengo, pero mucho me temo que tendré que seguir buscando.

- ¿Este libro tiene más de ti que Piscinas vacías?

Los temas que abordé en los relatos de Piscinas vacías eran más autobiográficos. Había historias que me habían ocurrido a mí directamente. Sin embargo, empecé esta novela con la intención de que estuviera alejada de mi vida, al menos temáticamente, pero al llegar al final me di cuenta de que había seguido escribiendo sobre todo lo que me ocurría a mí. De manera que ficción y realidad terminaron fundiéndose.

-Cuando terminas la novela y ves que el personaje tiene parte de ti... ¿Sientes algún tipo de pudor al mostrarte así ante tanto lector, abiertamente?

La verdad es que nunca terminas de desnudarte del todo. La ficción también es, en cierto modo, un disfraz. Pero no me importa hablar de mí, creo que muchas veces las experiencias de los demás, convertidas en literatura, nos hacen ver que no estamos solos.

-Y de Laura (la del libro) a Laura... ¿Cuál es el principal punto de conexión entre ambas?

Hay muchas conexiones, sobre todo a nivel de profesión y gustos. Supongo que las dos nos planteamos a menudo esto de qué vamos a hacer con el resto de la vida. Fuera bromas, como ya he dicho, a veces ambas Lauras se confunden.

-Dices que tardaste en escribir la novela porque estabas esperando algo mágico. ¿Llegó?

No, no llegó. Decía Joan Didion que no quería terminar de escribir ‘El año del pensamiento mágico’ porque no quería desprenderse definitivamente de su marido, que había muerto recientemente. La escritura de ‘El año del pensamiento mágico’ suponía seguir manteniendo un vínculo con él. A mí me ocurría algo parecido, pero los que se han marchado no vuelven por mucho que sigas empeñada en no soltar eso último que te queda, que son las palabras.

-El personaje huye a Nueva York. ¿Es una decisión cobarde, o todo lo contrario?

No sé si es cobarde, yo creo que es lo único que puede hacer. Muchas veces para solucionar lo que tenemos más cerca nos vamos lejos y eso es un error, pero uno tiene que darse cuenta por sí mismo.

-Ibiza, Barcelona, Nueva York están presentes en la novela. ¿Por qué las ciudades con más gente son las que más potencian el sentimiento de soledad?

Porque no hay peor soledad que la que se siente cuando estamos rodeados de gente que además está aislada.

-Exploras la melancolía, la tristeza, los miedos... ¿Qué es lo que hace que las personas como Laura vivan continuamente con un sentimiento de frustración, o de que les falta algo?

Somos producto de lo que nos ha ocurrido en la infancia, en la juventud, y vamos acumulando pesos. Si no sabemos desprendernos de aquello que no nos sirve –aunque sea duro- llega un momento en que emocionalmente nos quedamos a la intemperie: con cada vez menos cosas que ofrecer. Por otra parte, también está la fuerza de las expectativas que muchas veces nos convierte en infelices, porque no somos capaces de llevar esa vida a la que aspirábamos, aunque esa vida sea más bien un ideal.

- ¿Y escribir es curativo? ¿O lo es leer?

No me parece que escribir cure de nada. Escribir ordena y muestra lo que hay, pero al menos en mi opinión, escribir no resulta catártico. Leer, sin embargo, sí. La lectura nos conecta a los unos con los otros, es como el hilo de Ariadna. Leer es un antídoto contra la soledad y, en ese sentido sí que me parece curativo.

-Las relaciones humanas son exploradas continuamente en los libros, como en el tuyo. ¿Por qué, a pesar de no ser algo 'extraordinario', sigue conectando tanto con el lector?

Porque las relaciones humanas son universales. No podemos pasar por la vida sin ellas y por eso conectan con la mayoría de nosotros. Al final, a todos nos ocurren las mismas cosas.

- ¿Qué hace al drama tan atractivo para que un escritor lo viva siempre con esa intensidad y como algo propio?

Es difícil escribir sobre la felicidad, y un gran reto para un escritor. No siento el drama como algo propio, pero personalmente me es más fácil vivir la felicidad y escribir sobre todos aquellos aspectos que me cuestan más o que me resultan más difíciles.

- ¿Y las familias? ¿Qué tienen para dar grandes novelas aun cuando el drama por el que atraviesan no es exclusivo?

Lo mismo que en el caso de las relaciones humanas: la universalidad. Casi todos tenemos una familia y nos podemos ver reflejados en la mayoría de conflictos que puedan surgir en ella.

-Tengo la sensación de que cada vez buscamos más reflexiones en novelas como la tuya, intimista. ¿Crees que es así?

A mí siempre me han interesado las novelas intimistas y reflexivas, de manera que me siento cómoda escribiendo sobre estos temas porque además son acerca de los que más he leído.

- ¿Qué hace de un libro un refugio?

Un libro se convierte en refugio cuando lo primero que haces al llegar a casa es ir a por él porque significa que te evade y a la vez te cobija.

- ¿Cuál es tu clave para transmitir tantas emociones en una novela?

Vivir las cosas antes de contarlas, tratar de ponerme en la piel de los personajes.

-El libro va de fronteras. ¿Las trazamos nosotros?

Las fronteras son siempre algo artificial, tanto en los mapas como en la vida. Las trazamos nosotros, ponemos límites para diferenciarnos, para protegernos porque tenemos miedo del otro, de los otros. 

- ¿Estamos desarrollando ese sentimiento de orfandad del que hablas en el libro, de no pertenecer a ningún lugar?

No sé si ese sentimiento puede generalizarse, pero el nomadismo al que muchas veces las circunstancias nos obligan –incertidumbre económica, de la vida en general- generan cierto desarraigo.

- ¿Reivindica el personaje de Laura el 'empoderamiento' femenino?

No se trata del empoderamiento femenino, sino del hecho de tomar las riendas de su propia vida, de dejar de sufrir tanto por las vidas de los demás. De decidir quedarse con su historia y no la que los demás han construido para ella.

- ¿Cómo salir de la comodidad del conflicto en el que se mueve el personaje, cada vez más común en las relaciones humanas?

Diciendo: “Basta, esta no es la vida que quiero vivir”. Todo cambio pasa por un momento de ruptura radical, de saltar al vacío para quedarse sin nada y entonces, solo entonces, preguntarse ‘qué es lo que voy a hacer con el resto de mi vida’.

-Dices que el dolor no se puede compartir, que cada vez estamos más solos. ¿Ni escribiendo?

En los momentos más íntimos, el nacimiento, la muerte, estamos solos. Ocurre lo mismo con el dolor, que es intransferible. La escritura ayuda a entenderse mejor a uno mismo, a verse desde la distancia que ofrece el papel, pero no creo que se esté menos solo por el hecho de escribir.

- ¿Una escritora es más autoexigente cuando es editora, como en tu caso?

Sí, aunque es muy difícil, diría que imposible, juzgar el trabajo de una misma siendo tan objetiva como se es con el de los demás.

- ¿Cuál es tu fuente de inspiración?

La vida diaria, las conversaciones que escucho a mi alrededor, lo que me cuenta la gente. Pero también me inspira mucho viajar y conocer cosas que están alejadas de mi realidad, del día a día.