“Tal y como hay mil maneras de ser alcohólico, hay mil maneras de ser pedófilo”

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texto y foto MILO J. KRMPOTIC

La holandesa Inge Schilperoord cuenta la lucha de un pederasta contra su naturaleza en la sugerente y dolorosa ‘No volverá a pasar’ (Catedral).

Es posible que no haya tema más espinoso que el que tratas en No volverá a pasar. Así que supongo que es justo comenzar preguntando por qué: ¿por qué contar el abuso sexual infantil desde el punto de vista del pederasta?

Trabajo como psicóloga forense, pero he escrito desde siempre y estudié escritura creativa. Esta novela comenzó siendo un relato. Conocí a alguien a través de mi trabajo, un paciente por quien comencé a sentir pena. Había trabajado antes con gente que había abusado de niños, y por supuesto que es una de las cosas más aterradoras sobre las que podemos leer. Cuando lo comentas con alguien, no es algo que genere precisamente empatía. Trabajo con cada persona durante unas seis semanas, no soy terapeuta pero sí realizo diagnósticos. Así que estuve hablando con él durante seis semanas y lentamente comencé a sentir pena por él, porque llevaba un tiempo en prisión y también había pasado por un centro de tratamiento y la verdad es que se esforzaba mucho por cambiar. Todo lo que aprendía en terapia lo utilizaba consigo mismo a fin de reprogramarse. Pero lo hacía de manera tan compulsiva que resultaba contraproducente. Así que el relato original era más o menos sobre él, porque me fascinó. Si para la gente normal a menudo es difícil convertirse en la persona que quieren ser, y no caer en ciertos impulsos o aflicciones, pensé en lo terrible que debía de ser vivir con algo así si uno no quiere ser de ese modo. Pero la historia fue cambiando, le añadí cada vez más elementos de ficción... y eso fue hace diez años. Escribí otras cosas entre medio, pero no hacía más que volver a ese relato, que fue creciendo hasta convertirse en una novela.


Es interesante que menciones que el libro comenzó siendo un relato porque es algo que se puede percibir, no en el sentido de que la historia parezca alargada artificialmente, sino porque hay una especie de centro de gravedad que lo vuelve compacto, como una esfera, sin puntos de fuga.

Pero lo realmente difícil es que fuera una historia corta. Cuando la terminé la mandé a una revista literaria, era el primer texto con el que hacía algo así y estaba de los nervios, claro, y me contestaron muy amablemente diciendo que les parecía bien pero que era demasiado larga para un relato, y que si podría acortarla un poco. Y lo intenté, pero me di cuenta de que en realidad quería hacerla más larga, porque para alguien como el protagonista, que no es un psicópata, sino que tiene conciencia, el camino entre el deseo de cambio y la incapacidad para hacerlo es probablemente bastante largo, en el sentido de que se compone de muchos pequeños pasos, y eso es lo que me interesaba. Quise ponerme en su piel y la historia no hizo más que crecer.


Tras el fenómeno del #MeToo, incluso la Lolita de Nabokov se ha convertido en carne de polémica. Algunas feministas han caído bajo el embrujo narrador de Humbert Humbert sin acabar de entender lo poco que nos debemos fiar de él y han acusado a libro y autor de glorificar la horrible pasión que cuentan. Dos preguntas al respecto. Primero, ¿eras consciente del riesgo que conlleva buscar la empatía respecto a un pederasta?

Sí, lo pensé, desde luego. Me pregunté muchas veces a mí misma por qué escribía una primera novela como esa, y si alguien querría publicarla o leerla. Pero a la vez deseaba realmente hacerlo. Y no es que tuviera un mensaje. No diré que la escribiera solo para mí, cuando te esfuerzas tanto en algo quieres que disponga de una plataforma para llegar a más gente, pero sí que fue una investigación personal acerca de la empatía. La gente que la ha leído me dice que es muy realista, y en el fondo me pregunto cómo puede uno enfadarse con la realidad. Sí, claro que puedes enfadarte, pero no hay algo específico a lo que le puedas echar la culpa. Yo no quise tomar partido. No quise decirle a nadie: "Leed mi libro porque muestra lo buena gente que puede ser un pederasta". Es simplemente un ser humano, con muchas aristas, y esta es una de ellas. Tiene un conflicto interno, pero no hay juicio moral ni moraleja. Y la verdad es que no he encontrado demasiados lectores que se hayan enfadado...


Oh, no cantes victoria.

¿Lo dices por los lectores españoles?

 

No, pero es que hay mucha gente cabreada ahí fuera.

Estoy segura, pero esos no querrán leer mi libro.


El problema es que no hace falta que lo lean. Mucha gente que critica Lolita no la ha leído.

Es cierto. He dado con gente, sobre todo en clubs de lectura, que se declaraba enfadada antes de leer mi libro pero que, al acabarlo, dijo sentirse más bien triste.


¿Te parece que el libro puede aportar algo, en ese sentido, al diálogo que se ha generado en torno al #MeToo?

Eso no lo acabo de ver. No es una discusión muy bien definida. Como te he dicho, no intenté tomar partido ni presentar ningún mensaje.


Pero, a la vez, sembrar la duda sobre algo tan evidente como la "maldad" de un pederasta, aunque sea solo añadiéndole aristas, sí te sitúa en un diálogo al menos paralelo.

Bueno, no fue mi intención, pero si el libro tiene ese efecto, si hace que la gente vea a ciertos pedófilos de una manera más humana, eso estará bien. Hay muchos matices. Los pedófilos son personas, y los habrá de todo tipo. Los habrá simpáticos, los habrá que sienten ese impulso pero jamás actúan al respecto, y en el extremo opuesto del espectro hay psicópatas terribles que usan a los niños para satisfacer sus tendencias sádicas. Así que no puedo generalizar de ningún modo. Lo único que quiero promover es que la aproximación jurídica a este problema debería centrarse en la persona y no en el grupo, porque hay cosas que funcionan para unos y cosas que funcionan para otros, y los hay con los que nada funciona y lo único que se puede hacer es encerrarlos y tirar la llave. Eso me molesta a veces, el hecho de que todos los delincuentes sexuales sean llamados "depredadores". Algunos lo son, y otros no. Hay quien me ha preguntado "¿Es así como funciona la mente de un pedófilo?". Y no, tal y como hay mil de maneras de ser alcohólico, hay mil de maneras de ser pedófilo.


Es la manera en que funciona la mente de ESTE pedófilo.

Sí. Además, para mí el libro es una historia más universal.


Es una tragedia. Si él no estaba condenado de antemano, el destino viene y lo machaca.

Sí, se podría entender así.


Bueno, la segunda pregunta relacionada con Lolita: ¿es ese el motivo por el que elegiste un narrador en tercera persona y un estilo tan neutro, para mostrar que no había trucos, que el libro no se guardaba cartas en la manga? En comparación con la exuberancia bajo la que Humbert Humbert intenta camuflar el carácter criminal de sus actos, quiero decir.

Sí, es posible. Fue algo más bien intuitivo, pero en retrospectiva lo veo así. Además, por un lado quería acercarme todo lo posible a él, meterme en su piel, pero a vez quería mantener las distancias, no quería "convertirme" en él. Quería describir sin repartir culpas de la forma más precisa posible.

 

Más allá de tu propia experiencia profesional, ¿te fijaste en otros libros de ficción que hubieran tratado este tema? Por dejar de citar Lolita, pienso ahora en El fin de Alice de A.M. Homes, por ejemplo.

No, leí El fin de Alice, pero fue hace mucho tiempo. De hecho, tomé la decisión consciente de no releer, porque no quería tener esos títulos en mi cabeza, y que me pudieran influir demasiado, por similitud o por querer alejarme de ellos. Tampoco quise leer textos científicos. Los tengo que leer para mi trabajo, claro, pero quería que el libro tratara sobre el protagonista y que no hubiera distracciones.


Hablando de tu trabajo, entiendo que colaboras con la policía...

Bueno, no con la policía, sino con la judicatura. Trabajo en un centro de observación psicológica. Nos traen a gente que está en prisión pero que aún no ha sido condenada definitivamente y durante seis semanas trabajamos con todo un equipo de psicólogos, psiquiatras y asistentes sociales para intentar conocer a esa persona, descubrir qué es lo que la motiva, averiguar si tiene algún trastorno... Entregamos nuestros consejos al juez y solo cuando entendemos que la persona no es del todo responsable por lo que ha hecho recomendamos un tratamiento. Pero el juez es quien decide la severidad del castigo.


¿Has visto la serie Mindhunter?

Sí, sí.


¿Te sentiste identificada?

Bueno, los casos de la serie son mucho más extremos, pero me gustó mucho, está muy bien hecha. No soy muy fan de CSI y ese tipo de programas. Me gustó el modo en que muestra cómo tú mismo te puedes involucrar demasiado en este trabajo.


¿Alguna vez has sentido miedo de un paciente?

Sí, a veces. No tan a menudo como cabría esperar, porque es difícil hacer un trabajo en el que te pasas todo el tiempo asustada, pero un par de veces sí he sentido miedo. La mayoría de gente con la que trato intenta mostrar su mejor cara y no están drogados, bebidos... pero eres consciente de que han pasado cosas. Tengo una colega a la que le pegaron una paliza. Pero tienes que encontrar un equilibrio: quieres sentirte segura, pero a la vez intentas mantener una conversación confidencial con la persona, así que si en la habitación hay cinco guardias eso no facilitará que se abra ante ti. Quieres sentirte segura pero provocar en la otra persona la sensación de que se encuentra en un entorno natural. Y ellos también te tienen miedo, porque saben que lo que escribas tendrá un efecto muy importante en su futuro. Es por eso que algunos se niegan por completo a hablar con nosotros.

 

El libro será neutro en cuanto a estilo, pero también tiene distintos simbolismos. ¿Por qué escogiste los peces como metáfora?

Fue una evolución. Al principio tenía una imagen de él como alguien que hablaba bajito, tímido, atento pero que a la vez necesitaba apoderarse de las cosas, abrazarlas incluso aunque las sofocara a la vez. Al no ser alguien sociable, pensé que la mejor manera de mostrar todo eso era a través de los animales. Y pensé que los peces serían una buena combinación, porque son silenciosos y podían tener un efecto calmante sobre él. En una primera versión tenía unos peces tropicales en un gran acuario, pero pensé que sería mejor si era él quien atrapaba al pez, tal y como desea atrapar a la chica. Y se va a preocupar por ambos, pero no lo hará demasiado bien. Al pez lo mete en un acuario demasiado pequeño, por ejemplo.


El contraste es muy potente, porque se preocupa por el pez pero, además, trabaja con peces muertos, en una factoría de pescado.

Sí, los peces están por todas partes, vivos o muertos.


¿Has leído a David Vann?

Sí, me encanta. Es uno de mis escritores favoritos.


También hay muchos peces en sus libros.

Sí [se ríe].

 

Bueno, finalmente, creo que una de las claves de este libro radica en el modo en que Jonathan negocia con su vicio, lucha porque las cosas no se tuerzan pero también se engaña a sí mismo. Su voluntad es buena, su naturaleza no tanto. Así que podrías haber descrito mi relación con el chocolate. El hecho de que podamos no ser muy diferentes a un pederasta en la manera en que abordamos nuestras obsesiones, ¿qué nos dice de la naturaleza humana y del modo en que funciona nuestra mente?

Es interesante que digas eso, porque hay gente que ha leído el libro y que me ha dicho que se reconocían en el personaje, lo cual me parece el mayor de los cumplidos, ya que esas personas no eran... no eran pedófilos.

 

Eso espero.

[Se ríe]. No, pero se habían peleado con la comida, o con la bebida, o con un adulterio, con todas esas compulsiones. Algunos impulsos son más fuertes que otros, pero también algunas voluntades son más fuertes que otras, así que las batallas no son tan diferentes. Es por eso también que me interesó tanto escribir este libro. Imagínate tener esos impulsos y saber que la única manera en que puedes satisfacerlos es haciendo daño a otras personas, a niños además. Y, si tienes conciencia y no quieres hacerlo, debe de ser terrible. Cualquier batalla con uno mismo puede abocarte a la soledad, sobre todo cuando es a raíz de algo que te avergüenza. Lo del chocolate puedes hablarlo con casi cualquiera...


Intento no hacerlo.

Claro, me lo has contado a mí porque soy psicóloga [se ríe]. Con la bebida y con el alcohol ya se trata de algo más vergonzoso. Y con algo de este estilo, debe uno de sentirse tan solo… Sí... [Se queda pensativa] Sí.